26.8.07

Tus manos, amor,
tus manos tan queridas
que un día creí mías,
son manos de la vida.


Tus ojos, amor,
a los que quise alguna vez
poner cerrojo, volaron, amor,
en alas de un viento delicioso.

Tus senos adoradas,
tus labios primorosos,
el sauce feroz de tus cabellos
y tu vientre generoso,
tus pies como palomas
y el dulce palpitar, en fin,
de toda tu persona
yo quise atesorar
con celo de extraviado
y quise fabricar mi sueño
personal y ensortijado.

Te fuiste como parten
las hojas en otoño,
espontáneo y natural.
Te fuiste a soñar
tu propio sueño,
tu propio espacio temporal.


Ahora, solo,
más que solo acompañado
de fantasmas dolorosos,
comprendo el milagro acontecido
y estoy en paz conmigo,
estoy en paz contigo.
Los cuerpos solamente,
los cuerpos doloridos,
los cuerpos tristes
con su viejo son enloquecido,
los cuerpos solamente
los cuerpos han partido.


Las almas están juntas,
unidas en cántico
celeste y bendecido.
Yo contigo,
tú conmigo.
Finalmente,

Amor.


De mi novela "Y Juramos con Gloria Morir"
 

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