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18.8.15


Broken man



Estudiar al hombre “normal” jamás ha aportado nada relevante. Es como intentar sacar información dialogando con una piedra. La prueba la tenemos en que todos los que han logrado sacarle alguna información al homínido “sospechoso”, lo han conseguido observando e investigando al llamado “espécimen patológico”: enfermos mentales, desviados, monstruos, esperpentos y ejemplares fallados.
En mis "Cuadernos de Antroposíntesis", hace muchos años, describí este proceso de investigación como “La alegoría del muñeco o juguete roto”.



Supongamos que tenemos un muñequito mecánico, un hermoso y sofisticado juguete que hace un montón de cositas irrelevantes pero entretenidas. Y no sabemos como diablos funciona. La curiosidad nos supera. ¿Y qué hacemos entonces? Lo abrimos, y un poco, lo rompemos, para lograr tal objetivo. Es lo que suelen hacer las criaturas inquietas con sus juguetes interesantes.



Y ya tenemos lo que llamo el muñeco roto.

Sigmund Freud, Carl Gustav Jung, Wilhelm Reich, Alfred Korzybski, Gregory Bateson, Ronald Laing, e incluso Foucault, tienen algo en común al respecto: sus hallazgos más fecundos fueron realizados observando a personas llamadas “patológicas. El espécimen de excepción para este tipo de investigaciones es, sin duda, el esquizofrénico. Lo que podríamos llamar un “juguete bien roto”, es decir, no un juguete “un poquito abierto” como el neurótico, sino un juguete cuyo mecanismo está todo a la vista. El individuo llamado “normal” es un artilugio compacto, una unidad sellada. Su mecanicidad se manifiesta imperturbable a todos los fines de una investigación fecunda en datos que sean relevantes para averiguar qué es exactamente lo que bulle debajo de toda esa aparente nanidad automatizada.

El individuo llamado “normal” no es una amenaza ni un peligro para el estado...ni para los dioses.

Pero un Hölderlin, un Lautremont, un Artaud, con los tendones y las arterias mentales a la vista, son algo completamente diferente. O incluso un asesino aberrante como Pierre Riviere, en cuya investigación se ufana mi calvo amigo Foucault, que fue algo más que un brillante expositor filosófico, y que, como he dicho más de una vez , rozó de manera inquietante diversos bordes del círculo donde los hombres nos encontramos, y no casualmente, atrapados.

El “loco”, el “anormal” el “monstruo”, está mostrando impúdicamente las desnudeces del abismo que se oculta en todos nosotros. Quizás nuestro abismo original y originario.

Pero el problema investigativo que se plantea, es que un individuo más o menos “normal” no puede sacar gran cosa de la observación de esas “impudicias” que quiebran salvajemente el flujo mecánico de la normalidad. Para lograr que el panorama a la vista no sea más que una piezas desparramadas aquí y allá, interesantes y llamativas quizás, pero vistas como incomprensibles o inútiles; para que el escenario adquiera un significado orgánico y conducente, el investigador a su vez tiene que “abrirse” un poco él mismo, es decir, romperse él mismo como juguete. Porque los elementos que le darán la capacidad de comprender lo que está pasando en el interior del “juguete roto” están disponibles para él, únicamente en la medida en que él también los observe desde la perspectiva de “juguete abierto o roto”. Los riesgos que esto implica son la explicación de que haya tan poca información. ¿Cuántos investigadores están dispuestos a emprender semejante proceso de - en cierta manera- auto-destrucción?

Alan Watts emprenderá esa tarea a través del LSD o la mescalina. Terence McKenna lo hará utilizando el “abrelatas” de la psilocibina, útil herramienta que encontrará escondida en la Stropharia, los honguitos a los que era tan afecto.

¿Producen las mescalina, el LSD, el DMT o la psilocibina alucinaciones realmente? ¿O acaso gatillan receptores peptídicos que sacan a luz información que se encuentra en realidad en el propio cerebro, en el propio sistema nervioso, en el propio cuerpo que esconde misterios tremendos y anonadantes?

En la glosolalia de la psicosis o en las visiones producidas por efecto de los psicotrópicos “enteógenos”, puede haber más fecundidad de datos explicativos que en las meras descripciones topológicas a las que inevitablemente se ve reducida la “ciencia normal”.

Y también en las aberraciones de los asesinos seriales, de los sadomasoquistas extremos, y por qué no, incluso asimismo en las experiencias tenidas como místicas de muchos de los “santos” que gozaban sufriendo porque SENTIAN que eso era lo que Dios quería –¿y necesitaba?-de ellos, podemos encontrar vislumbres inquietantes acerca de nuestro verdadero origen.

Compartimos el 97% del ADN con los gorilas. El otro 3% no llama la atención de los “científicos” como para comenzar a especular uniendo todos la ENORME cantidad de evidencia repartida a través de la historia, los textos religiosos, las alegorías, mitologías y experiencias cotidianas. Siguen hablando todavía del eslabón perdido, cuando lo que han perdido –en realidad no lo han tenido nunca- es el hilo de Ariadna que conduciría rápidamente a algunas realidades que, seguramente, acabarían rápidamente con la “normalidad” de la mayoría de la gente.

Finalmente, lo que comienza a salir a la luz, ya de manera inevitable, es que nosotros somos el Golem.



Der Golem, Escultura de
Eskorte fragile

y

Poster de la antigua película alemana
"Der Golem"





Manuel Gerardo Monasterio
Ciudad de Buenos Aires,
Jardines de Pometeo,
1 de Septiembre de 2007






8.3.13

Desde el principio de los tiempos la humanidad ha tenido dependencias con algún tipo de intoxicación.

Desde la adrenalina y las endorfinas de la guerra, pasando por el alcohol, las plantas psicotrópicas o el estímulo del poder o las riquezas.

Las antiguas culturas del territorio Sudamericano -tenidas hoy día como motivo de babeo por tantos amantes de las etnias nativas- vivían en constante contacto con cuanta planta o sustancia psicotrópica les cayera en mano (and just for the record: en su mayoría los varones eran supermachistas que vivían intoxicados o drogados, explotaban a sus mujeres y las golpeaban cada vez que podían-lamento estropearles el bucólico escenario de las sociedades primitivas maravillosas...En una palabra, que civilizado o salvaje el ser humano ha sido siempre más o menos the same shit..las excepciones, como siempre, confirman la regla general)

En India, país de sabiduría por antonomasia, los Shivaitas fuman Ganja todo el día, y en toda fiesta india nunca faltan las tortitas y dulces con Ganja- es decir, con cannabis, de la más fuerte, la Indica-.

Se especula incluso con que el Soma fue una suerte de hongo, quizás, que les permitió a los antiguos Rishis traspasar por primera las fronteras de la mente.

Hay por lo menos un erudito (John Allegro, aunque cada día aparecen seguidores) que asegura que el culto de Jesús surgió a partir de un hongo psicodélico y que todo gira en realidad alrededor de ese hongo.

Ni que hablar de los artistas de todas las épocas, el alcohol y el opio, y más modernamente la heroina y las drogas de síntesis, han estado entre ellos a la orden del día.

Desde el Johnny Walker de las clases altas hasta el vino en caja de los suburbios, todos se intoxican a troche y moche.

El gran Aldous Huxley, le pidió en su lecho de muerte  a Laura, su mujer-una dosis de LSD, al que lo introdujo,junto con la mescalina-su gran amigo el psiquiatra Humphry Osmond.

El maravilloso Alan Watts vivia a base de una combinación de alcohol y distintos psicodélicos-Mescalina, LSD, Cannabis y lo que viniera-.

Los grandes maestros de la India, sea a traves de una auto-inducida ataraxia -que termina anulando la respuesta normal del sistema nervioso autónomo-o de prácticas de indagación y contemplación de diverso tipo, niegan y/o modifican la realidad, de una u otra forma, y no aceptan como válidos los antecedentes de lo sentidos. A través de sus prácticas modifican el sistema nervioso para percibir otra realidad, ya que esta o es falsa, o desechable, o una porquería, según se quiera ver.

Sea por medio de la intoxicación religiosa o la infatuación científica, el hombre remodela la realidad a la medida de sus sueños, necesidades o expectativas.
La epistemología puede ser una droga tan poderosa como el fanatismo religioso o la psilocibina. Aunque sus adalides no sospechen el tipo de manipulación artificial que están ejerciendo sobre su estructura natural dada.

De una u otra manera, toda la humanidad necesita para vivir de alguna suerte de manipulación neuroquímica, que va desde el vino u otros múltiples fermentos pasando por el paco o el éxtasis a la mera interpretación científica del universo o a las descargas catárticas de los evangelistas pentescostales.

Quizás haya que aceptar, finalmente, que esta existencia resulta insoportable para los humanos, sin los barbitúricos, las benzodiazepinas, el alcohol o la cannabis, o cualquier actividad o frenesí que lo ayude a salir de la aparentemente insoportable pesadez del ser.

Como alguna vez descubrió el gran-y vilipendiado-Alexis Carrel, bajo determinadas circunstancias ideales la célula puede vivir indefinidamente. Nosotros-aún conociendo la aplicación de esas "circunstancias ideales", igualmente terminamos rechazándolas, por lo que  muy pocos -si acaso alguno- sabe lo que  yo ya sé, a saber:

Que de alguna u otra manera todos -o al menos la gran mayoría- terminamos siendo suicidas, aunque las partidas de defunción declaren causas que conforman a los médicos y al resto de los imbéciles -entre los que la mayoria de los médicos van a la vanguardia, por ser de los imbéciles más estólidos que conforman a esta estólida humanidad- pero que no logran engañar a idiotas sólo un poquito más lúcidos como el que esto escribe.

PD: No hace falta agregar que este autor está, desde siempre, a favor de la LIBERTAD COGNITIVA que significa acceso libre y no penalizado a todo tipo de experimentación co cualquier tipo de sustancia.Lo contrario, que es lo que tenemos, lo único que cambia...es la cuenta bancaria de los jueces,banqueros (lava-dineros y demás alimañas) policías, legisladores, gorbernadores y presidentes, más narcotraficantes (quizá los menos culpables, ya que por lo menos ellos no se disfrazan de gente "decente y honorable". Mientras tanto, las que ganan aún más dinero, son las multinacionales farmacéuticas que fabrican drogas mucho más tóxicas que las naturales, que muchos de los psicodélicos sínteticos, y de paso sintetizan los 50 alcaloides de la maravillosa Papaver Somniferum (de la que se extraen los opioides). Ellos sí tienen derecho -el que les da el poder del dinero pero más que nada la IGNORANCIA,LA INDIFERENCIA y la ESTUPIDEZ irreversible de los ciudadanos/as de a pie- de hacer y ganar lo que les dé la gana, si te te pillan a ti con algún derivado de la amapola te dan 25 años si te salvas de la pena de muerte de muchos de los países -que oh casualidad!  muchas veces son los mayores cultivadores de amapola-
 

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