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29.4.16




"No me gusta la gente ni los animales, y Dios ya me está cansando"
Pierre, el agnostico


“Me preguntas por qué soy agnóstico, y por qué no incluyo a Dios en mis expectativas?

Y no lo incluyo por dos motivos que te comentaré a continuación:


Todo lo que he amado y todo lo que amo, si ya no ha desaparecido va en camino de hacerlo de manera inexorable.

¿Puede Dios evitar este fenómeno aparentemente natural?

Si Dios no puede concederme que lo que amo –empezando por mi mismo-no desaparezca
¿Para qué necesito incluir a Dios en mi vida?
Este es el primer motivo, vamos ahora al segundo.



Si todo lo que amo, comenzando por mí mismo, no estuviese desaparecido o en vias de desaparecer, finalmente el hastío, un hastío más intolerable aún que la sensación de pérdida inminente, lo invadiría todo de una manera insoportable. 
De tal manera que, si todo lo que amo viviese eternamente –empezando por este "yo" que tantas veces me resulta aborrecible- buscaría en algún hipotético momento 
la manera  de matarlo o hacerlo desaparecer.

¿Podría Dios hacer, primero, que lo que amo esté conmigo para siempre y, segundo, que no me hastiase yo nunca de lo que amo en una eventual –e inconcebible para mí- eternidad?


Esas dos cosas serían para lo único que necesitaría incluir a Dios en mi vida, 
pues para todo lo demás, me las arreglo solo.

Si Dios no puede hacer eso, entonces Dios está tan jodido como yo, y me resta tan solo darle un abrazo, recibirlo como a un hermano e invitarlo a tomar una copa conmigo!"



De la novela de Manuel Gerardo Monasterio, "El Sìndrome de Estocolmo"(1998) cuando Pierre le confiesa a Julio César Rojas las razones de su agnosticismo

3.3.16

Ya no escribo acerca de de "Dios",
 pero si lo hiciera, se referiría
a lo Absolutamente Desconocido
 e Incognoscible,
Lo Innominable
Aquello sobre lo que nada puede
 ser pensado o dicho

Lo Inimaginable

Cada presunción que manifiestan 
los teólogos acerca de "Dios"
sería una Blasfemia,
 si es que antes
y primeramente no fuese lo que es:

Un gesto de la más soberbia
 y descomunal estupidez.

10.5.15

Me dicen que tengo dos hijas. Y digo, me dicen porque muchas veces me asalta el feliz pensamiento de no haber tenido nada que ver, cosa que podría hoy confirmarse o desecharse con un estudio de ADN. Pero claro, queda muy mal pedirlo, aunque se me ocurre que quedaré peor diciendo lo que sigue, cosa que haré de cualquier modo en honor a la poca vergüenza que me queda.

Mis hijas son ya hoy dos jóvenes mujeres. Por lo poco o nada que valga dejo aquí asentado que las libero de toda responsabilidad o reproche o culpa, si vinieran las dos y me asesinaran. Si pudiera las libraría incluso de cualquier penalidad legal, pero eso, por desgracia, no está en mis manos ofrecerlo.
Si yo fuese el padre, tal como está escrito en el registro civil, no tengo derecho alguno a piedad o disculpa de ningún tipo. El no-conocimiento ya lo saben todos los leguleyos-no le exime a uno de las penalidades por violar la ley. No puedo pues, alegar inconsciencia. Aunque un buen abogado, entiendo, alegaría locura temporaria para eximirme de culpa y cargo.

Pero de cualquier modo, si yo fuese el padre, no existe crimen más horrendo que el que he cometido.

Vamos, no se excite usted que me está leyendo, si lo que estoy diciendo no es nada!
¿Es usted cristiano?
Pues mire usted bien lo que dicen sus escrituras de la vida de los hombres.
“Valle de lágrimas, polvo que vuelve al polvo, un soplo, una nada, una nimiedad insignificante, dolor y más dolor y más penurias...” desde que lo paren a usted hasta que revienta.
Tan mala pero tan mala es esta vida -corta y llena de pesares como dice Salomón-, que hay que compensárselo a usted de alguna manera con una vida verdadera y eterna!

¿Se da usted cuenta que yo no estoy diciendo nada, en realidad?
Digo lo que piensan sus teólogos, si usted cristiano. O judío, da igual

¿Le atrae a usted el budismo?
Pues fíjese, el Buda compara esta existencia con un incendio, del que invita a salir lo más rápido posible. Vea usted la primera de sus “nobles verdades”: Toda existencia es sufrimiento.
¿Puede un verdadero simpatizante de Buda sorprenderse pues, por lo que estoy diciendo?
Toda la doctrina se basa en liberarse de todo apego a esto a los que nos aferramos tanto.

¿La Vedanta, esencia del Hinduismo?
Decía el gran Ramakrishna, epítome de la mencionada doctrina: “El mundo es un pozo negro...” Y entérese usted de todo lo demás leyendo su –por otra parte-bellísimo “evangelio” (colección de sus dichos más conocidos)
Y además, le agregan la “Maya”!
Se lo sintetizo rápidamente: no sólo esta existencia es una mierda (vamos, hombre, no nos ruboricemos, si es la palabra que todos los religiosos y filósofos utilizarían si no se anduviesen con tantas vueltas) sino que además, vea usted, es una ilusión!
En el cristianismo por lo menos usted sufre por algo, en el hinduismo sufre usted...por nada!

¿Los filósofos griegos? Lea usted a gusto y verá lo que digo.
¿Los gnósticos-de los que tan cerca me siento-? Le dirán que este mundo y todo lo que él contiene son producto del Demiurgo, un dios malvado enemigo del Dios bueno que jamás ha tenido nada que ver con toda esta porquería...(Los cátaros veían como un gesto de sabiduría el dejarse morir de hambre para salir de aquí lo antes posible, aunque hay quienes dicen que tal práctica es un mito...Pues peor entonces para los cátaros!)

¿Los ateos, agnósticos y cientificistas?
Pues le dirán: en el contexto de la inmensidad esto no alcanza a ser prácticamente nada...

¿Puede alguien de buena fe sorprenderse por lo que he dicho al principio?
Si esta existencia es lo que todos los que han pensado han pensado, ¿qué crimen mayor puede haber que sortearle la entrada a alguien en ella?

Si trata usted de vivir naturalmente, se apegará a todo lo que habrá de perder irremisiblemente (esposa, hijos, amigos, y todo lo demás) y sufrirá como si le arrancasen la piel, y anticipadamente, pues esto lo sabemos todos.
Si por el contrario, sigue usted las doctrinas de la buena filosofía, intentará liberarse en vida de todos esos apegos para no sufrir al perderlos. (de una u otra forma, esta existencia es tan desgraciada que hay que olvidar todo lo vinculado con ella para alcanzar la sabiduría!)

Llega usted babeándose y lleno de mierda, entre los dolores del parto de su pobre e ignorante madre que sólo podrá salvarse de eso a través de la cesárea con su anestesia
(en una palabra, que la única forma de no sufrir con “eso tan hermoso” es mediante el sueño inducido por las drogas!)
Si no tiene usted la suerte de una muerte súbita (un infarto masivo, que lo atropelle un autobús a velocidad y de frente –para no quedar tullido-o que le pegue un buen tiro un ladrón compasivo) se irá usted de este mundo más o menos como llegó: sin saber ni ostia de lo que está pasando y otra vez lleno de mierda.
Si tiene suerte –mucha suerte tendrá que tener para ello-en su casa rodeado de todos los infelices queridos que continuarán padeciendo en este mundo- de lo contrario rodeado de otros pobres infelices pero extraños a usted, en el hospital y lleno de tubos y por supuesto, con muchas drogas encima (coño, parecería como si la única forma de tolerar esto es estando dormido o drogado!)

Pero digo yo, quien puede haber inventado algo semejante? Como habría dicho mi abuela:
¡Ni el que asó la manteca!

Esta existencia es el producto más sobrevaluado de todos.
Las iniquidades y angustias sin término vinculadas con ella, son pasadas por alto a toda hora sólo por una excelentísima cobertura de prensa. (He aquí otro tema para meditar acerca de él: si esto nos hace tanto daño a nosotros, ¿a quién está beneficiando en realidad que no conocemos? Y esta pregunta no va de broma.)

¿Puede alguien sorprenderse, en buena fe, de lo que comencé diciendo en este escrito?

¿Entiende ahora mi aparente barbarie al comenzar este escrito de la forma en que lo hice?

Si fuera el causante –aunque sea inconsciente-de la llegada de esas dos pobres criaturas, merecería el peor de los castigos. Que por supuesto, no es una rápida muerte.
Como de alguna manera, mis hijas saben todo esto que estoy diciendo, ejecutaran sin piedad el castigo que merezco.

Manuel Gerardo Monasterio
23 de Septiembre de 2007 a las 3:03 PM
Los cientificistas, agnósticos o ateos, pretender saber lo que hay -o no hay-después de la muerte. Para ellos: nada.

Los religiosos son mucho más elocuentes y descriptivos,cada uno según su fe particular.

¿Por qué la mayoría de la gente pretenderá saber acerca de lo que hay "después"?
¿Acaso saben qué es lo que había antes de "llegar" aqui?

Todo el mundo parece tener horror -no sólo en este tema, sino en todos los temas en general- por pronunciar esas dos certeras, elementales, inevitables y fidedignas palabras que definen en realidad, la casi totalidad de que lo somos. Como si la pronunciación de esas dos escuetas sílabas significase el final de un respeto y una credibilidad que nadie posee en la medida que cree.
Dos pequeñas sílabas trascendentales y maravillosamente fecundas, ya que ellas y sólo ellas nos abren la puerta hacia aquello desconocido que nos librará de la ominosa mecanicidad, la abominable automaticidad de la estulta repetición que representa nuestro "ser en el mundo":

"No sé"


De mi libro "El Nudo Desnudo"

22.3.13

Durante todo este Via Crucis en ningún momento me surgió la clásica pregunta "¿Por qué a mí?"

Mi pregunta fue y es mucho más disruptiva, y apunta más profundo, y penetra disolviendo las creencias más estúpidamente arraigadas en nuestra increíblemente estúpida humanicidad:

¿Por que a cualquiera, por qué a TODOS?

Si incluso yo, infame microbio irrelevante, soy capaz de apiadarme, y no le daría esto ni siquiera a mi supuesto peor enemigo y ni aún podría ofrecérselo siquiera al  hombre más perverso de la tierra...

Quién podría crear a consciencia algo semejante?

Hay momentos en que creer en un dios personal resulta mucho más inquietante que el ateismo.


24.9.12




"No me gusta la gente ni los animales, y Dios ya me está cansando"
Pierre, el agnostico


“Me preguntas por qué soy agnóstico, y por qué no incluyo a Dios en mis expectativas?

Y no lo incluyo por dos motivos que te comentaré a continuación:


Todo lo que he amado y todo lo que amo, si ya no ha desaparecido va en camino de hacerlo de manera inexorable.

¿Puede Dios evitar este fenómeno aparentemente natural?

Si Dios no puede concederme que lo que amo –empezando por mi mismo-no desaparezca
¿Para qué necesito incluir a Dios en mi vida?
Este es el primer motivo, vamos ahora al segundo.



Si todo lo que amo, comenzando por mí mismo, no estuviese desaparecido o en vias de desaparecer, finalmente el hastío, un hastío más intolerable aún que la sensación de pérdida inminente, lo invadiría todo de una manera insoportable. 
De tal manera que, si todo lo que amo viviese eternamente –empezando por este "yo" que tantas veces me resulta aborrecible- buscaría en algún hipotético momento 
la manera de de matarlo o hacerlo desaparecer.

¿Podría Dios hacer, primero, que lo que amo esté conmigo para siempre y, segundo, que no me hastiase yo nunca de lo que amo en una eventual –e inconcebible para mí- eternidad?


Esas dos cosas serían para lo único que necesitaría incluir a Dios en mi vida, 
pues para todo lo demás, me las arreglo solo.

Si Dios no puede hacer eso, entonces Dios está tan jodido como yo, y me resta tan solo darle un abrazo, recibirlo como a un hermano e invitarlo a tomar una copa conmigo!"



De la novela de Manuel Gerardo Monasterio, "El Sìndrome de Estocolmo", cuando Pierre, le confiesa a Julio César Rojas las razones de su agnosticismo
 

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