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10.5.15

No hay idea, concepto, juicio u opinión
 que no resulte siempre inevitablemente falso.
Lo que se aplica por la misma lógica irreductible
 al axioma que acabo de enunciar.
Catástrofe del mamífero humano:
 la ominosa capacidad -¿delirio?- de pensar.

22/4/2011

3.2.14

Para Alejandro Daniel Delucía


Desde el hecho (o acaso el no-hecho) de haber nacido, todo (pero absolutamente TODO) se reducirá a validar, a legitimar ese infundio primigenio.

Todos les esfuerzos, todos los gestas y todos los gestos, todas las teorías, todas las labores, todos los pensamientos y opiniones, todas las filosofías y religiones, intentarán justificar lo injustificable y dar significado a lo insignificable. Y estaremos irremediablemente condenados al único y verdadero padecimiento, que es pretender sostener lo insostenible.

Por eso, amigo,
le digo de todo corazón: 
suéltelo, déjelo ir.
No se aferre más
y cese de sufrir.
Ríndase y Entréguese.
Suéltelo, suéltelo todo.
No se trata de salir a la calle
a repartir lo que tiene.
Es una actitud interior.

Abandónelo todo.
Delo por Perdido.
Para nunca y para siempre.

Luego, si le queda algo de tiempo, lea a John Zerzan, y quién sabe, a lo mejor usted también comienza a dudar como él de las ventajas de haber salido de la caverna.
Y si áun le queda un ratito del cual disponer, préndale una velita aTheodore Kaczynski (quizás un mártir incomprendido).

Me dirá usted: " Pero si todo esto es en realidad insignificante, nada tiene valor y todo vale"
Y le responderé: No vaya usted a creer. Porque si uno acepta y comprende la esencial fugacidad, la nimiedad tremenda de todo lo que existe, lo instantáneo se torna sagrado, y su propia existencia se convierte en un tributo permanente a la fugacidad de todo lo existente.
Adviene una amabilidad desconocida, que sólo puede surgir cuando se ha abandonado toda esperanza...y toda expectativa.

Pruébelo, pero eso sí, no pretenda que le asegure nada, y no se exceda. Porque según la Tradición el hombre que pierde todo vestigio del yo no puede durar más de veintiún días...

Suyo, en Perfecta Paz Profunda,
M

23.3.13

Toda existencia es un Infundio.
La única diferencia
entre una y otra
es que algunas quedan
al descubierto como tales,
y otras logran disimular
hasta el final la Impostura
Original que define a lo humano.

PD: Te peleé, Jean Paul, juro que luché con toda mi fuerza y mi esperanza... Ya no quedan testigos antiguos del combate que libré contra tu pensamiento, o a favor de otro pensamiento, mejor dicho, desde los 17 años.
Admito y confieso mi derrota, me has vencido.
Tú tenías razón y yo estaba equivocado:
"El hombre es una pasión inútil"
 

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