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28.4.20

De madrugada, deshojando el ruido interminable

¿Qué es un hombre?
Una recopilación de datos,
un amasijo de bits de información
cubiertos de sangre, mucha sangre,
un poco de linfa y otras mucosidades.
Diarios íntimos enmohecidos
por lluvias interminables,
diarios de ancestros desconocidos, incognoscibles
pero presentes en su insondable identidad
que nos ha formado, con una argamasa de temores,
de terrores, de sueños, de temblores, de impulsos
incontrolables, deseos incontrolados, traiciones,
fugaces violaciones en pasillos execrables,
incestos inenarrables, mayormente silenciosos,
algunos terribles, pero todos ociosos, producto
del aburrimiento de un mono delirante que construye puentes,
compone sinfonías, garrapatea en cuadernos infinitos
ecuaciones, locuras, religiones, teorías:
Un mono con interminables pretensiones.


Un mono que comienza en los árboles,
como todos los monos, y luego encuentra
la cueva y se da de bruces contra el fuego.
La penumbra de la caverna, recientemente descubierta,
y el calor de unas brasas que nunca alcanza para mitigar
el frío sideral que lo rodea inexpugnable.
Y la cópula sin término para continuar apaciguando
la angustia de esa precariedad inmarcesible,
la cópula que no alcanza, nunca alcanza
para calmar el terror primigenio que lo lleva
a seguir copulando, a seguir construyendo,
a continuar elaborando teorías racionales,
todas contradictorias y a un tiempo lógicas
o acaso mentiras de orfebrería, mentiras maravillosas
que pasan por verdades porque en realidad
nadie, nadie en absoluto puede distinguir la sofistería.
Porque sólo hay otros monos, tan soberbios y pretenciosos
unos como otros, rebosantes de ideas, más teorías
y mucho ruido que luego se convierte en melodía,
o acaso lo pretende, porque ese ruido ahora tiene leyes,
y surgen canciones, sonatas, gavotas, minués, baladas,
conciertos, preludios, nocturnos, mazurcas y sinfonías.
El mono en su delirio piensa que su ruido insoportable
tiene belleza y una cierta armonía, una armonía cierta.
Sólo él y los otros monos se lo creen, el resto de los animales
lo soportan, sin entender de dónde les puede haber caído
encima una calamidad semejante.
Como pueden, se someten, mueven la cola
al ritmo de la melodía ruidosa de esos monos
que no entienden, pero han aprendido que al mover
la cola y levantar la pata reciben un premio
en forma de hueso en lugar de una patada.
Después de habértelo preguntado tanto
ahora conoces la razón del movimiento,
es sólo para recibir una caricia en lugar de la paliza,
no es alegría, sino esclavitud programada.


Siempre es peligroso minimizar los riesgos
de cualquier aventura semejante,
porque todo comienza como si nada,
apenas una célula nerviosa, solitaria,
debatiéndose en una sopa inconcebible
de posibilidades, la mayoría letales,
pero nadie entiende cómo, sobrevive,
y en su soledad y frío inmarcesibles,
se divide, para seguir medrando,
y aprende a convivir con ese espejo,
otra célula tan inerme y temblorosa
impulsada por deseos inalcanzables,
impulsos incontrolables en medio
de una jungla infinita de posibilidades,
una más mortal que la otra y sin embargo,
medra y sobrevive, derribando cualquier estadística.
Y en medio de ese paraíso infernal de opciones
maravillosas, horribles, interminables,
surge una gota desconocida, única
y todavía menos concebible que las otras imposibilidades
que a pesar de todo y contra todo han acontecido.


El Amor.
Algo también inmensurable
pero de una manera completamente diferente.


Recién está comenzando.
Quién sabe dónde, cómo y cuándo
volverá a comenzar la historia.

La historia interminable.


M, en Jardines de Prometeo, a las 5.29 del 28 de abril de 2020,
a dos días de haber cumplido, según le dicen, sesenta y cuatro años.

14.1.16

Como le cuesta a los hombres admitir que nuestra capacidad para percibir la Realidad es simplemente más sofisticada, pero no más eficiente que la de un chimpancé.

A diferencia del consanguíneo primate nosotros alentamos muchas más suposiciones, y no pocas pretensiones intelectuales.

Inútilmente.

Si no supiera quienes están detrás del "constructo humano" diría que el hombre es la prueba irrefutable de cuánto se odia Dios a Sí Mismo.

Mientras tanto, alentamos creencias, muchas creencias,una más alambicada que las otras.

No hay posibilidad alguna de que podamos ni siquiera comenzar a imaginar de qué se trata todo esto.

Y darse cuenta de esto no es humildad, sino elemental inteligencia.

Pero la Inteligencia es elusiva para aquellos que alientan ideas y creencias.

Yo no tengo ya nada más que ver con todo eso.

Lo que me convierte en el más solitario de los hombres.




8.10.15

La Situación Actual
Tenemos la obligación ineludible de Ejercer Consciencia.
Esa es la finalidad biológica esencial de "lo Humano".
En lugar de ese "oficio de Hombre", tenemos lo que la sociedad capitalista avanzada necesita para su proyecto de "hombre-mercancía.
Las universidades forman" especialistas, gente que, parafraseando a Konrad Lorenz, saben cada vez más acerca de cada vez menos, terminando sabiéndolo casi todo de prácticamente casi nada.
El hecho de que muchas de las revoluciones del Siglo XX hayan "fracasado", no implica que los valores que las motivaban estén obsoletos.
Muy por el contrario, esos valores de un Humanismo tanto Inmanente como Trascendente, resultan indispensables si es que aspiramos a un futuro posible.
Así como la función crea al órgano, en el ser humano se crea aquello en lo que se pone la Atención.
Los valores, como las semillas, han de plantarse y atenderse de acuerdo con las necesidades inherentes a su crecimiento. Hay que abonarlos con las ideas adecuadas, cuidarlos de las pestes que los degradan, protegerlos de las intemperies del alma que se ciernen hoy, más que nunca, sobre los ateridos cuerpos y almas de una humanidad éticamente desvalida que ha perdido su Sentido, arrastrada por el impulso rapaz de falsos líderes, que como el ciego del cuento arrean a los que han decidido ser convertidos en manada, hacia el próximo abismo que, no hay que ser visionario, está cada día más presente, no ya como algo que "va a venir" sino como algo que YA SE HA INSTALADO produciendo la devastación creciente de la interioridad de los hombres.
Todo lo que se haga tiene que salir de la impronta de la Consciencia, porque eso es lo único que tiene el poder Transformativo.
Y sin transformación, hay mera repetición.
Y si hay sólo repetición, sólo podremos ahondar aún más en el barro.
Y no estamos aqui para Eso.
De nosotros depende ELEGIR la actitud a seguir.
Nosotros creamos el mundo.
Manuel Gerardo Monasterio

4.10.15



Publicado en Foro Planetario el 13 de Marzo de 2006






Sólo quienes sean capaces de encarnar la utopía serán aptos para el combate decisivo, el de recuperar cuanto de humanidad hayamos perdido.

Ernesto Sábato


“Es mejor ser violentos, si hay indolencia en nuestro corazón, que ponernos el manto de la no-violencia para cubrir nuestra impotencia”


Gandhi





Estoy escuchando a Malcom X, con su estentórea y poderosa voz resonando a pesar de haber sido brutalmente llamada a silencio hace ya muchos años. Pero la voz de Malcom X no puede ser silenciada mientras haya vida humana sobre este planeta. Es una voz que parte del centro mismo de la condición esencial del hombre. Una condición que no puede ser silenciada a pesar de todos los esfuerzos organizados en ese sentido a lo largo de los siglos.
Africa, cuna del hombre, ha sufrido y sufre penurias indecibles bajo la mirada “benevolente” de cuanta organización mundial existe desde las Naciones Unidas para abajo. Allí van todos a purgar su conciencia. Es un excelente campo de deportes para los necesitados de hacer penitencia. Mientras otros colegas de religión y de raza inventaron y diseminaron el Sida por todo el continente negro al tiempo que Africa misma es un enorme campo de experimentación para los laboratorios multinacionales.
Es difícil vivir y ser Hombre. Es difícil. Duele y averguenza.


“¿Qué diferencia representa para los muertos, los huérfanos y los indigentes, que la salvaje destrucción se realice en nombre del totalitarismo o del sagrado nombre de la libertad o la democracia?”


Gandhi




Mientras tanto Papá Bush habla del eje del bien y del mal. Y los líderes musulmanes quieren armarse con la bomba atómica...Y entonces, el hombre medio se encuentra ante la terrible disyuntiva de tener que estar en esta ocasión del lado de Papá Bush y su comparsa mundial de asociados. Ya es suficiente tragedia que algunos países tengan la bomba atómica, lo único que nos falta para la catástrofe final es que más países la adquieran....En particular naciones que viven bajo el signo de un fundamentalismo absoluto. Y estamos aplastados entre el fundamentalismo del dinero y el fundamentalismo de la religión dogmática. Y el odio. Un odio que, parafraseando a mi hermano José Alberto Alfonsi, aún no termina de encontrar su cauce (“El odio es un amor que aún no ha encontrado su cauce” J.A.Alfonsi)

No hace falta ser muy lúcido para darse cuenta de que, como tantas veces en la historia, no se trata de una guerra entre “buenos y malos”. Es difícil encontrar a los “buenos” en esta contienda. Poca bondad se observa en cualquiera de los bandos.

Antes este panorama desolador, la mayor parte de la gente, abatida, se dedica a pensar sólo en sí misma y en su familia, autocentrados y abstraidos de la totalidad, bajo la ilusión de que no hay nada que puedan hacer para modificar la situación global. Pero, ¿qué pasaría si la enorme mayoría de la gente “de a pie” se levantara una mañana con la monolítica aspiración de no seguir más adelante con esta sangrienta farsa? Si se dedicaran sólo a decir NO, todos a la vez...
Los que llevan la nave mundial hacia el desastre no tienen el poder que la gente les atribuye. Su poder no es en realidad más que el resultado de la inercia, de la ignorancia y la abulia colectiva.
El mayor de los males es mirar, pasivamente, como hacen el mal los que gobiernan


“La indolencia es un estado delicioso pero pertubador. Debemos hacer algo para ser felices”


Gandhi



Salir de la inercia exige una “Metanoia”, es decir, un cambio radical de mente. Que es en realidad la palabra que en el evangelio se traduce algunas veces erróneamente como “arrepentimiento”. No es arrepentirse, es no volver jamás a repetir lo mismo porque se ha producido un cambio radical en la conciencia. La verdadera revolución de la conciencia. Esa, y no otra, es la madre de todas las utopías. Que una vez alcanzada, nos abre las puertas a todas las otras, que a partir de allí dejan de ser utopías para convertirse en realidades posibles. Si la mayoría de la humanidad decidiese “parar el mundo” hasta lograr un cambio radical hacia un bien mayor, el mundo se transformaría a imagen y semejanza de ese pensamiento inamovible. Pero para eso hay que salir del narcisimo colectivo para el que se nos educa en la sociedad del consumo y del despilfarro. Hay que tomar conciencia de la Unidad, autorregular la codicia, y tomar conciencia que ningún bien genuino y duradero puede devenir de fundar el supuesto crecimiento de la propia existencia en el sufrimiento del prójimo, bajo cualquier forma que esto se emboce.
Y este mensaje es bastante más antiguo que la “nueva era”.
Es, precisamente, lo que enseñaba alguien al que citan y nombran la mayoría de los gobernantes de esa sociedad occidental que lidera el camino de la humanidad hacia su catástrofe final. Ese mensaje original, claro, inconfundible, fue convertido en esa suerte de trasvestismo letal que se fue dando a conocer como cristianismo organizado.
Aquel Hombre también dijo: “No se puede servir a Dios y a mamón”. Para los que no tienen claro lo que “mamón” significa, un sacerdote muy culto en las escrituras, que se llamó Leonardo Castellani, lo puso en lenguaje vernáculo para que de una vez por todas nadie vuelva a confundirse: “No se puede servir a Dios y al patacón inmundo” ("patacón" es la moneda, el billete)

Que cada cual siga haciendo con su prójimo lo que su conciencia le dicte, y que se haga cargo luego de las consecuencias de sus actos. Pero por favor, aunque más no sea por una vez, abandone la hipocresía de llamarse “cristiano” quien no se empeñe en poner en práctica en su vida cotidiana la palabra viviente de Jesucristo.


18.8.15


Broken man



Estudiar al hombre “normal” jamás ha aportado nada relevante. Es como intentar sacar información dialogando con una piedra. La prueba la tenemos en que todos los que han logrado sacarle alguna información al homínido “sospechoso”, lo han conseguido observando e investigando al llamado “espécimen patológico”: enfermos mentales, desviados, monstruos, esperpentos y ejemplares fallados.
En mis "Cuadernos de Antroposíntesis", hace muchos años, describí este proceso de investigación como “La alegoría del muñeco o juguete roto”.



Supongamos que tenemos un muñequito mecánico, un hermoso y sofisticado juguete que hace un montón de cositas irrelevantes pero entretenidas. Y no sabemos como diablos funciona. La curiosidad nos supera. ¿Y qué hacemos entonces? Lo abrimos, y un poco, lo rompemos, para lograr tal objetivo. Es lo que suelen hacer las criaturas inquietas con sus juguetes interesantes.



Y ya tenemos lo que llamo el muñeco roto.

Sigmund Freud, Carl Gustav Jung, Wilhelm Reich, Alfred Korzybski, Gregory Bateson, Ronald Laing, e incluso Foucault, tienen algo en común al respecto: sus hallazgos más fecundos fueron realizados observando a personas llamadas “patológicas. El espécimen de excepción para este tipo de investigaciones es, sin duda, el esquizofrénico. Lo que podríamos llamar un “juguete bien roto”, es decir, no un juguete “un poquito abierto” como el neurótico, sino un juguete cuyo mecanismo está todo a la vista. El individuo llamado “normal” es un artilugio compacto, una unidad sellada. Su mecanicidad se manifiesta imperturbable a todos los fines de una investigación fecunda en datos que sean relevantes para averiguar qué es exactamente lo que bulle debajo de toda esa aparente nanidad automatizada.

El individuo llamado “normal” no es una amenaza ni un peligro para el estado...ni para los dioses.

Pero un Hölderlin, un Lautremont, un Artaud, con los tendones y las arterias mentales a la vista, son algo completamente diferente. O incluso un asesino aberrante como Pierre Riviere, en cuya investigación se ufana mi calvo amigo Foucault, que fue algo más que un brillante expositor filosófico, y que, como he dicho más de una vez , rozó de manera inquietante diversos bordes del círculo donde los hombres nos encontramos, y no casualmente, atrapados.

El “loco”, el “anormal” el “monstruo”, está mostrando impúdicamente las desnudeces del abismo que se oculta en todos nosotros. Quizás nuestro abismo original y originario.

Pero el problema investigativo que se plantea, es que un individuo más o menos “normal” no puede sacar gran cosa de la observación de esas “impudicias” que quiebran salvajemente el flujo mecánico de la normalidad. Para lograr que el panorama a la vista no sea más que una piezas desparramadas aquí y allá, interesantes y llamativas quizás, pero vistas como incomprensibles o inútiles; para que el escenario adquiera un significado orgánico y conducente, el investigador a su vez tiene que “abrirse” un poco él mismo, es decir, romperse él mismo como juguete. Porque los elementos que le darán la capacidad de comprender lo que está pasando en el interior del “juguete roto” están disponibles para él, únicamente en la medida en que él también los observe desde la perspectiva de “juguete abierto o roto”. Los riesgos que esto implica son la explicación de que haya tan poca información. ¿Cuántos investigadores están dispuestos a emprender semejante proceso de - en cierta manera- auto-destrucción?

Alan Watts emprenderá esa tarea a través del LSD o la mescalina. Terence McKenna lo hará utilizando el “abrelatas” de la psilocibina, útil herramienta que encontrará escondida en la Stropharia, los honguitos a los que era tan afecto.

¿Producen las mescalina, el LSD, el DMT o la psilocibina alucinaciones realmente? ¿O acaso gatillan receptores peptídicos que sacan a luz información que se encuentra en realidad en el propio cerebro, en el propio sistema nervioso, en el propio cuerpo que esconde misterios tremendos y anonadantes?

En la glosolalia de la psicosis o en las visiones producidas por efecto de los psicotrópicos “enteógenos”, puede haber más fecundidad de datos explicativos que en las meras descripciones topológicas a las que inevitablemente se ve reducida la “ciencia normal”.

Y también en las aberraciones de los asesinos seriales, de los sadomasoquistas extremos, y por qué no, incluso asimismo en las experiencias tenidas como místicas de muchos de los “santos” que gozaban sufriendo porque SENTIAN que eso era lo que Dios quería –¿y necesitaba?-de ellos, podemos encontrar vislumbres inquietantes acerca de nuestro verdadero origen.

Compartimos el 97% del ADN con los gorilas. El otro 3% no llama la atención de los “científicos” como para comenzar a especular uniendo todos la ENORME cantidad de evidencia repartida a través de la historia, los textos religiosos, las alegorías, mitologías y experiencias cotidianas. Siguen hablando todavía del eslabón perdido, cuando lo que han perdido –en realidad no lo han tenido nunca- es el hilo de Ariadna que conduciría rápidamente a algunas realidades que, seguramente, acabarían rápidamente con la “normalidad” de la mayoría de la gente.

Finalmente, lo que comienza a salir a la luz, ya de manera inevitable, es que nosotros somos el Golem.



Der Golem, Escultura de
Eskorte fragile

y

Poster de la antigua película alemana
"Der Golem"





Manuel Gerardo Monasterio
Ciudad de Buenos Aires,
Jardines de Pometeo,
1 de Septiembre de 2007






10.5.15

No hay idea, concepto, juicio u opinión
 que no resulte siempre inevitablemente falso.
Lo que se aplica por la misma lógica irreductible
 al axioma que acabo de enunciar.
Catástrofe del mamífero humano:
 la ominosa capacidad -¿delirio?- de pensar.

22/4/2011

1.2.14

Para Alejandro Daniel Delucía


Cuando hayas caído por todo abismo imaginable y te hayas abrazado a todo infierno posible.
Y cada una de tus angustias, una por una hayas bebido, íntimamente hasta el fin, una y otra vez.
Sin dar la espalda al cáliz, apurándolo con rabia infinita, con infinita ternura.
Sin detenerte, con temor y temblor pero con firme, decidida e inevitable autofagia ritual...
Y devorándote a ti mismo, pedazo por pedazo, con ansia famélica y celeste de consumirte hasta consumarte, de calcinarte, de perderte hasta Encontrarte.
Hasta el ultérrimo anonadamiento, cuantas veces sea posible y necesario.
Y reintegrándote una y otra vez.
Aún cuando todas las chances jueguen en tu contra.
Precisamente cuando el universo entero y la matemática toda pareciesen estar en contra.

Cuando todas las potestades infernales o celestes pareciesen arrojarse sobre ti a un tiempo todas, disputándose el botín de tus despojos, dispuestas a quién sabe qué ritual interminable, a qué absurdo laberinto o juego calcinante.
Y una y otra vez te les enfrentes, con espanto, con delirio, con dolor y con congoja. Con los dientes apretados y la carne hecha jirones, con muñones o guiñapos en las manos.
Pero siempre en pie, aunque cayendo permanente, en vigilia pertinaz e indispensable.

Cuando todos los dioses hayan sido amados y odiados por ti, reinventados y muertos cuantas veces lo hayas dispuesto.
Cuando tus ojos de tanto mirar estén ya ciegos de luz y de sombra, y con desnudas pupilas contemples en paz los templos y las ruinas.
Tan amorosamente Vivo como amorosamente Muerto.
Imposible de definir.
Absolutamente incalificable.
Sin deseo ya de definir o clasificar.
Desnudo.
Un punto atravesado por todas las rectas imaginables.
Dinámicamente inmóvil.
Entonces, yo te llamaré mi Hermano!

31.1.14

Como la estela.

Como una sombra
bajo la luz vertical
del mediodía.

Tan fugaz
que en realidad
casi nada ha ocurrido.

Un incidente
tan pequeño
que hasta una mota de polvo
resulta más relevante.

Y eso es todo.

Evanescente
como la ínfima
lágrima solitaria
en medio de una lluvia torrencial

14.12.13

"El hombres se aburre,busca esa multitud de ocupaciones. Tiene la idea de la felicidad que ha conquistado, la que aunque está en su interior, la busca en las cosas exteriores. Está satisfecho. El infortunio no está en nosotros, ni en las criaturas. Esta en Elohim..

Conde de Lautremont

23.3.13

Toda existencia es un Infundio.
La única diferencia
entre una y otra
es que algunas quedan
al descubierto como tales,
y otras logran disimular
hasta el final la Impostura
Original que define a lo humano.

PD: Te peleé, Jean Paul, juro que luché con toda mi fuerza y mi esperanza... Ya no quedan testigos antiguos del combate que libré contra tu pensamiento, o a favor de otro pensamiento, mejor dicho, desde los 17 años.
Admito y confieso mi derrota, me has vencido.
Tú tenías razón y yo estaba equivocado:
"El hombre es una pasión inútil"
 

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