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22.6.17

Usted llegó al poder en momentos muy graves para los destinos de nuestra desventurada nación. Veníamos de un gobierno que había hecho de la venalidad, el nepotismo y el latrocinio institucionalizado, una liturgia cotidiana de proporciones épicas e inéditas, en un país con una extensa tradición en este perverso ejercicio del gobierno.

 Las expectativas con respecto a su gestión eran, sin duda, mucho más altas que lo que su capacidad, su visión y su estatura moral podían ofrecer.
Pero a pesar de todo ello, era difícil imaginar que sus exiguos talentos pudieran llegar a medrar tan bajo.

No ha traído usted nada nuevo a su gestión presidencial, lo cual, en estos momentos cruciales de la nación en particular y del mundo en general, representa prácticamente una tragedia.

El nepotismo continúa. El latrocinio descarado y expuesto del anterior gobierno, está adquiriendo durante su gestión un giro mucho más artero y perverso, ya que los anteriores robaban cuanto menos para sí, pero usted lo hace para la banca internacional y las multinacionales, que varios de sus ministros abiertamente representan.

Nadie podía en rigor de justicia esperar cambios rápidos, que estaban más allá de la capacidad de cualquier presidente electo en una situación semejante, pero la superficialidad, la malversación ideológica, la pobreza de ideas innovadoras e indispensables para un nuevo y urgentemente necesario modelo de nación, unidos a su discurso tan trivial y pueril que en un individuo de su edad lo tornan en literalmente indecente, ha superado sin duda la imaginación de miles de argentinos.

Usted desconoce los problemas reales de las clases oprimidas de nuestro país, y su condición socioeconómica familiar y temprana, no sólo no lo exime, sino que, por el contrario, lo obliga a formarse en valores, virtudes y conocimientos indispensables para el ejercicio del más alto puesto gubernamental si esas eran sus aspiraciones. Nobleza Obliga (o debería Obligar)

Usted desconoce las privaciones que la población de ciudadanos mayores de nuestro país está sufriendo, y no sólo eso, sino que además se prepara para intensificarlas mediante modificaciones previsionales que harán aún más penosa la ya precaria existencia de nuestros ancianos.

Usted no ha demostrado al día de hoy, luego de 18 meses de gestión, nada que nos permita dudar de lo que ya conocíamos: sus mediocres condiciones. Pero poco a poco, y de manera inexorable hasta que –Dios así lo quisiera- se demuestre lo contrario, está usted manifestando oscuras características que muchos no sospechaban.

Estos no son tiempos para continuar repitiendo la misma historia de siempre.
Y si usted cree que puede continuar con el curso que se ha propuesto, esta vez la población se va a encargar de hacerle conocer la magnitud de su error de una manera históricamente ejemplar.

En pos de servir de manera vil y genuflexa  las pretensiones de las  castas económicamente dominantes, viene usted cercenando sistemáticamente los aportes, no sólo a los desposeídos de siempre, sino también a la cultura, a la ciencia, y a una educación que ya hace agua desde mucho tiempo atrás por todos los costados de su mediocridad y obsolescencia.

 No aparecen, ni siquiera en el horizonte de su discurso y su gestión, propuestas que apunten a poner en marcha el enorme potencial de crecimiento social y económico que nuestro país sobradamente posee.
Sr. Presidente, comience a hacer algo que lo honre, antes de que sea demasiado tarde y termine usted de socavar las últimas esperanzas de una nación que espera, desde el principio de su historia, el “levántate y Anda” que la riqueza de su territorio y de sus habitantes se merecen.

Manuel Gerardo Monasterio


21.10.14

En otra oportunidad ya he alertado en cuanto al cuidado que hay que tener en tomar como fidedigna la información de Wikipedia, especialmente en todo cuanto se refiere a las medicinas que no están encuadradas dentro del sistema oficial -y mundial- de la medicina basada en los medicamentos de síntesis química. En el artículo correspondiente al Dr. Ryke Geerd Hamer, hay información errónea y, hasta que se demuestre lo contrario, malintencionada. Entre muchas mentiras y medias verdades aparece esta perla:

"En 1996 Hamer saltó a los titulares por la muerte de una niña de 7 años, Olivia Pilhar. Los padres de la niña fueron encarcelados por haber retirado a la niña de la medicina basada en evidencia para que fuera tratada por Hamer."

Adjunto abajo una foto en que se verá -la segunda de la derecha- a la señorita Olivia Pilhar, a quien se la vé muy saludable.



El Dr.Hamer se encuentra a la derecha de la joven.
Con qué nivel de confianza podemos leer lo demás que se dice del Dr. Hamer frente a un error tan burdo como el que estamos mencionando?

La nueva religión del Siglo XXI, se llama "Ciencia". El problema es que la medicina, no es una ciencia a la manera que lo son la física o las matemáticas, sino que es una disciplina que se basa en el método científico, que no es lo mismo. Ya hace muchos años el gran maestro español Dr.López Ibor decía: "Toda prescripción médica es un acto experimental". Algo que cualquier profesional de la salud con algo de conocimiento y experiencia y un par de dedos de frente debe saber perfectamente. Muchos de los que atacan al Dr. Hamer, cuando se les demuestra las barbaridades que se cometen con los falsos diagnósticos y con tratamientos equivocados dentro de la medicina oficial, se defienden diciendo:"Es que la medicina no es una ciencia exacta" Entonces no es ciencia, señores. Imagínense ustedes si un Ingeniero alegara este argumento frente a un edificio que se derrumba por un mal cálculo realizado por él? ¿Por qué no se aplica la misma vara para todos? Si un paciente de cáncer fallece bajo la atención de una medicina no amparada por el sistema oficial, el comentario es: "ha sido asesinado". Si un paciente de cáncer muere atendido por el método de la medicina oficial, la noticia es "Hicimos todo lo que pudimos y agotamos todos los recursos".

En Internet hoy, hay una extensa cantidad de palurdos pseudocientíficos que a la manera de los fanáticos de la edad media que iban a vocear en las ejecuciones de la Inquisición, defienden el sistema oficial de medicina a veces sin saber distinguir la ubicación del hígado con la del páncreas. Son los esclavos del lavado de cerebro y del condicionamiento de los poderes de turno, llámese antes Religión, o ahora "ciencia".
La Ciencia es una eficiente interpretación del mundo, sin lugar a dudas, pero no es sinónimo de "verdad" absoluta.

Del otro lado tenemos a los charlatanes que en sus seminarios, libros y conferencias, hablan de "medicina cuántica" o intentan transpolar algunos conceptos filosóficos aislados de esta disciplina de la física de una manera tan chapucera que da náuseas. Para hablar con propiedad y criterio de Cuántica hace falta tener una cantidad -y una calidad-de conocimientos matemáticos y físicos, que hacen que la mayoría de los individuos con un mínimo de sentido común nos cuidemos "muy mucho" de meternos en esas honduras para no confundir o manipular al prójimo, quedando objetivamente además como completos idiotas frente a alguien que verdaderamente conozca el tema el tema en profundidad (lo que significa estadísitcamente, poquísima gente en el mundo)

Estamos en una época muy particular.
El sentido común no sólo es el menos común de los sentidos, el criterio se ha perdido de una manera vergonzosa y la gente anda sin rumbo y a los tumbos, como tábanos sin cabeza.

Todos los días recibe uno información absurda -de un lado u otro del espectro ideológico- hay que desarrollar el Criterio para hablar con propiedad y no hacerle el caldo gordo ni a los unos ni a los otros.

Lo que funciona, funciona, llámese "medicina oficial" o "chamanismo", y lo que no funciona no funciona, aunque este avalado por todos los poderes de turno y amparado por la ingente maquinaria económica que se mueve detrás de casi todo en este mundo. 

Dr.Manuel Gerardo Monasterio




8.6.14

Todas las notas de Wikipedia vinculadas con medicinas que no sean aprobadas por las multinacionales farmacéuticas que controlan todos los programas oficiales y académicos de medicina son tenidas por supercherías sin fundamento.Por lo tanto, es evidente que Wikipedia NO ES UNA FUENTE en absoluto confiable para informarse acerca de estos temas.El cientificismo -no la Ciencia- es un fanatismo más que termina enturbiando la razón como cualquier otro fanatismo. Y en cuanto a ti, "anónimo" te adelanto que NO PUBLICO comentarios difamatorios con argumentos falaces como tu propio ataque "ad hominem" -a ver si te desaznas y estudias un poquito de epistemología, burrito- porque además el Sr. Sam Harris no es confiable e inatacable en sus argumentos sólo porque sea "una persona reconocida internacionalmente" (Stalin y Charles Manson tambien lo fueron) no significa que sea veraz sólo por el hecho de ser "reconocido". Firma tu comentario y pon el rostro (y compórtate con argumentos más sólidos) y publicaré tus comentarios.

26.11.13

La noticia que sigue no la verán usualmente en los grandes diarios ni en los noticieros masivos. Las corporaciones siguen protegiendo sus infames negocios, mientras miles de hombres, mujeres y niños de nuestro pueblo continúan padeciendo intoxicaciones terribles que muchas veces llevan a enfermedades irreversibles como las que aquejó a Daniel Ortiz... 

Gracias Compañero Rulli por enviarme esta triste y necesaria nota!!!!!
(Hay muchos que conocemos, respetamos y admiramos su infatigable militancia)
Manuel Gerardo Monasterio

Daniel Ortiz falleció por intoxicación con agrotóxicos

por Jorge Eduardo Rulli






Luego de un prolongado padecimiento, este viernes por la noche, falleció Daniel Ortiz, un ex fumigador de San José con serias dolencias de salud quien sufrió intoxicación con agrotóxicos, se informó a AIM en un parte de prensa.



Ortiz murió por intoxicación con agrotóxicos “aplicados en forestaciones ubicadas en predios propiedad de la empresa Iberpapel Argentina S.A.”

Luego de un prolongado padecimiento, “sin que Salud Pública de San José, Colón y Concepción del Uruguay pudiera dar respuesta al cuadro clínico presentado, falleció en su humilde vivienda ubicada en el barrio El Brillante”.

“Misionero de origen, es una víctima anónima más de la explotación irresponsable por el uso desmedido de químicos utilizados en las producciones agropecuarias, en este caso en particular, en la forestación”, se manifestó en un comunicado al que AIM tuvo acceso.





Actualmente, “la Legislatura provincial se encuentra tratando la modificación a la ley de aplicación de agroquímicos, donde se discuten tecnicismos desconociendo la realidad socioambiental que padecemos los habitantes de esta tierra”.
Asamblea Ciudadana Ambiental Colon

En una nota, AIM expresó la situación de Ortiz, tras conocerse que la Unidad Fiscal para la Investigación de los Delitos contra el Medio Ambiente, (UFIMA) tomará intervención en el caso: “este caso es la punta de un iceberg, hay muchos en su situación que están siendo reenviados a Misiones”, aseguró la integrante de la Asociación Civil Vida, Liliana Quinodoz. También remarcó que el hombre seguía postrado (hasta su muerte) “porque el agroquímico atravesó la barrera de la piel”.


Triste país tanguero, tilingo y "baratieri", donde los perros salvajes que ocupan el poder y las bancas de los parlamentos miserables que nos venden como "democracia" por estas latitudes nos entregan a las multinacionales químicas atados de pies y manos.

Sepan cuál es el verdadero Genocidio que está ocurriendo en nuestro país.

El profesor de embriología Andrés Carrasco lo expuso en el 2009.

Usted escuchó hablar de Carrasco?
Lo más seguro es que no sepa nada al respecto, y si lo escucho al pasar, es probable que lo haya olvidado.
Así estamos.

Aqui está la nota de Página 12 del 3 de Mayo de 2009



“Lo que sucede en Argentina es casi un experimento masivo” 



por Darío Aranda


Amenazas anónimas, campaña de desprestigio mediáticas y presiones políticas fueron algunas de las consecuencias de un doble pecado, investigar los efectos sanitarios del modelo agropecuario y, más grave aún, animarse a difundirlos. En el segundo piso de la Facultad de Medicina de la UBA trabaja Andrés Carrasco, profesor de embriología, investigador principal del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) y director del Laboratorio de Embriología Molecular. Con treinta años de trabajo científico y académico, confirmó hace veinte días el efecto letal del glifosato en embriones, cuya marca comercial más famosa es Roundup, de la multinacional Monsanto. Sabía que vendría una réplica del sector, pero no esperaba que fuera de un calibre tan alto. “No descubrí nada nuevo. Sólo confirmé lo que otros científicos descubrieron”, explica, en su oficina pequeña y luminosa. Pasaron dos semanas complejas, con una campaña de desprestigio que aún no termina. Prefirió el silencio y avanzar en nuevas pruebas. Hasta que pusieron en duda la existencia de su investigación. “Creen que pueden ensuciar fácilmente treinta años de carrera. Son hipócritas, cipayos de las corporaciones, pero tienen miedo. Saben que no pueden tapar el sol con la mano. Hay pruebas científicas y, sobre todo, hay centenares de pueblos que son la prueba viva de la emergencia sanitaria.”
Veinte días atrás, cuando este diario difundió su investigación, ninguna empresa ni medio del sector retomó el tema. Pero tres días después se conoció otro hecho, inesperado: la Asociación de Abogados Ambientalistas presentó un amparo ante la Corte Suprema de Justicia, por el cual solicitó la prohibición de uso y venta hasta tanto no se investiguen sus efectos en la salud y el ambiente. Las empresas encendieron luces amarillas y comenzaron con comunicados, alarmadas por la posible baja de rentabilidad. Cinco días después, el lunes 20, el Ministerio de Defensa prohibió la siembra de soja en sus campos, haciéndose eco del efecto nocivo del agrotóxico. Fue un hecho político inédito, una cartera nacional alertó sobre los males de los agroquímicos. En ese momento, empresas, cámaras del sector, medios de comunicación y operadores políticos declararon el alerta máxima. Nunca antes las multinacionales del agro y sus voceros habían reaccionado tan violentamente. Durante toda la semana montaron una campaña en defensa de los agrotóxicos y, al mismo tiempo, de desprestigio hacia las voces críticas. El temor de los sostenedores de los agronegocios es la prohibición de su agrotóxico más famoso, uno de los químicos emblema del modelo agropecuario actual.
Glifosato, toxicidad
y reacciones
–¿Esperaba una reacción como la que se dio?
–No. Fue una reacción violenta, desmedida y sucia. Sobre todo porque no descubrí nada nuevo, sólo confirmé algo a lo que otros habían llegado por otros caminos. Por eso no entiendo por qué tanto revuelo de las empresas. Hay que recordar que el origen del trabajo se remonta a contactos con comunidades víctimas del uso de agroquímicos. Ellas son la prueba más irrefutable de lo que yo investigué con un sistema y modelo experimental con el trabajo de hace 30 años, y con el cual confirmé que el glifosato es devastador en embriones anfibios; aun en dosis muy por debajo de las usadas en agricultura, ocasiona diversas y numerosas deformaciones.
–¿Los resultados son extrapolables a la salud humana?
–Los modelos animales de vertebrados que hoy se usan en la investigación embriológica tienen una mecánica del desarrollo embrionario temprano y una regulación genética común. Los resultados deben ser considerados extrapolables cuando un impacto externo los altera. El mundo científico lo sabe, y funcionarios de los ministerios también. Por eso, cuando encontré esas evidencias surgieron dos cuestiones a resolver, cómo seguir la investigación para saber cuál es la mecanística de un efecto que altera la forma normal del embrión, lo cual está en marcha. Y la otra decisión era cómo darla a conocer.
–¿Por qué la difusión se transforma en un problema?
–Porque no hay canales institucionales confiables que puedan receptar investigaciones de este tipo, con poderosos intereses en contra. Entonces la decisión personal fue hacerla pública, ya que no existe razón de Estado ni intereses económicos de las corporaciones que justifiquen el silencio cuando se trata de la salud pública. Hay que dejarlo claro, cuando se tiene un dato que sólo le interesa a un círculo pequeño, se lo pueden guardar hasta tener ajustado hasta el más mínimo detalle y lo canaliza por medios para ese pequeño círculo. Pero cuando uno demuestra hechos que pueden tener impacto en la salud pública, es obligación darle una difusión urgente y masiva.
–¿Es una práctica común dar difusión a un avance científico antes de estar publicado en una revista científica?
–Es algo totalmente común. En el país hay instituciones que todos los días difunden sus progresos científicos, que hasta poseen agentes de prensa que difunden los avances; nadie los cuestiona y los medios de comunicación los replican sin preguntar. Difunden progresos, sin papers, sin publicaciones y está muy bien. Pero claro, esas difusiones no afectan intereses de grupos poderosos.
–Pero existe una tensión en el ámbito científico sobre cuándo dar a conocer un avance.
–La tensión es si la divulgación debería esperar a ser “aprobado” (remarco las comillas porque es todo un tema aparte, que lleva años). Ahora, si la investigación tiene implicancias más allá de lo académico, afecta a la sociedad, el dilema moral es si me lo guardo hasta que termine el más mínimo detalle y mi narcisismo esté satisfecho, o prendo el alerta. Yo decidí dar la alerta, e insisto en que no es nada nuevo, hay antecedentes claros como Robert Belle y Gilles-Eric Seralini, que han hecho estudios con otros modelos, publicados, y con resultados más importantes que los míos. Lo que tendrían que hacer las instituciones, en vez de atacarme, como está sucediendo desde algunos funcionarios y las empresas, es informarse y comenzar a trabajar para remediar lo sucedido.
–Las empresas, y los medios, de los agronegocios sostienen que no hay estudios serios.
–Hay investigaciones en diversas partes del mundo y son muy serias, como las que acabo de mencionar. Las empresas y sus periodistas empleados descalifican una investigación, pero al mismo tiempo no escuchan la catarata de cuadros médicos palpables en las zonas sojeras; las provincias están plagadas de víctimas de agrotóxicos, pero ahí los diarios no quieren llegar, y mucho menos las empresas responsables. No entiendo por qué mi relato tiene más importancia que el de las Madres de Ituzaingó (barrio de las afueras de Córdoba, emblema de la contaminación con agroquímicos). Los médicos de las provincias están desde hace años denunciando, los campesinos y las barriadas urbanas también. Y queda todo silenciado. Es una evidencia de la realidad y es incontrastable. Yo me inspiré en esa realidad y los resultados son los conocidos. Las empresas del agro, los medios de comunicación, el mundo científico y la dirigencia política son básicamente hipócritas respecto de las consecuencias de los agrotóxicos, protestan y descalifican una simple investigación pero no son capaces de observar las innumerables evidencias médicas y reclamos en Santiago del Estero, Chaco, Entre Ríos, Córdoba y Santa Fe.
–¿Qué otros trabajos existen?
–Belle y Seralini en Francia. También hay trabajos de la Universidad Nacional del Litoral y de investigadores como Alejandro Oliva, de Rosario, que contó con la colaboración del INTA y Federación Agraria. Hay relevamientos de los doctores Rodolfo Páramo (Santa Fe) y Darío Gianfelici (Entre Ríos). No son muchos estudios, pero existen, son serios y están disponibles.
–¿Por qué el sector científico no estudia?
–Porque no en todo el mundo hay tan enorme cantidad de hectáreas con soja como se da en la Argentina. Hay casi 18 millones de hectáreas. Desde el punto de vista ecotoxicológico, lo que sucede en Argentina es casi un experimento masivo.
Las corporaciones y la ciencia
–Se intentó deslegitimar su investigación diciendo que la UBA y el Conicet no sabían de su trabajo.
–La UBA y el Conicet son organismos de gestión, no tienen por qué conocer todo lo que hago yo o lo que hacen todos sus investigadores. Está dentro de nuestras facultades definir las líneas de trabajo, investigar y dar a conocer resultados. Es la lógica de la investigación. Por eso yo no tengo que pedir autorización para iniciar una idea o un tema nuevo y ellos no tienen por qué conocerlo, porque la ciencia no funciona con organismos fiscalizadores de los temas que elegimos. Forma parte de la libertad académica, nos movemos por hipótesis, preguntas y desarrollamos investigaciones. También se dijo que el Conicet, como institución, no suscribió a mi investigación. Y es verdad, porque no se lo pedí y no tiene por qué suscribir en el marco de una idea nueva dentro de la amplitud de un proyecto. Es lo que sucede en centenares de investigaciones que se realizan. Que quede claro, el Conicet no tiene responsabilidad sobre mis decisiones. Es una decisión personal, como corresponde, no institucional. Y está dentro de mis facultades. Tampoco se requiere autorización institucional para desarrollar investigaciones, aunque sabemos que algunas son más resistidas que otras.
–Son públicos los convenios entre Conicet y la minera Barrick Gold, y también con Monsanto, con la cual hasta contaban con un premio de investigación conjunto (“Animarse a Emprender”). ¿Las investigaciones que pudieran ser críticas con esos sectores son menos bienvenidas que otras?
–(Sonríe.) Prefiero no responder.
–¿Usted podría investigar para Monsanto?
–Desde ya. El Conicet y la UBA lo permiten. Es más, muchos científicos trabajan desde hace años para empresas de biotecnología bajo la figura de asesor-consultor, por la cual el Conicet permite hasta doce horas semanales que sus investigadores provean servicios al sector público o privado.
–Se acusa a su investigación de no estar validada en una publicación científica.
–Es una chicana barata, de cuarta, que sólo muestra el temor de las empresas. En el mundo científico es sabido que la validación de un trabajo no se da por su publicación en una revista del sector. Es más, los científicos somos testigos de errores e incluso fraudes que se publican en revistas especializadas. Muchas veces se publica algo y luego se demuestra que es erróneo. Y, por otro lado, muchas veces hay investigaciones que no se publican no porque sean malas, sino porque a la revista no le interesa, sea por línea editorial o intereses en juego. Un ejemplo personal: en 1984 descubrimos genes muy importantes para el desarrollo embrionario, genes Hox. Publiqué dos papers en Cell, una de las mejores revistas del mundo, y había quienes creían y quienes no. Tuvieron que pasar años para que la comunidad científica lo validara.
–El Laboratorio de Embriología es dependiente del Conicet. ¿Su trabajo tiene que ser validado por el Conicet?
–Que por favor quede claro, ni el Conicet ni un comité editorial validan investigaciones, lo que hacen es evaluar la evidencia que uno presenta y juzgan la solidez desde la presentación. No tienen forma de verificar los resultados en forma práctica. La única certeza de una validación se da en que otros investigadores puedan repetir de forma sistemática, y hasta perfeccionada, los resultados de la investigación realizada.
–¿Cuándo va a compartir su trabajo para ponerlo a discusión de la comunidad científica?
–En breve. Debo terminar algunos ensayos y estará listo. Lo que más quiero es pasárselo a colegas, investigadores que repliquen el trabajo. De hecho ya lo he compartido con pares del país y del exterior. Desde ya que debieran ser estudios independientes, no los provistos por las corporaciones o espacios del Estado a su servicio.
–¿Monsanto podría replicarlos?
–Si contrata investigadores idóneos, sí. No tengo dudas de que lo hará y todos sabemos a qué resultados llegarán.
–¿Cómo continuará la investigación?
–Ya confirmamos las malformaciones. Ahora estamos avanzando en conocer cuál es el mecanismo de acción, es un paso más. Como es un trabajo científico, continuaré con el grado de libertad académica de que dispongo, tratando de ver cuáles son las causas mecanísticas y moleculares de las observaciones hechas para publicar los resultados. Aparte del anfibio, que nos sirve de modelo, extenderemos los experimentos a otros modelos de desarrollo embriológico, como aves.
–¿Puede suceder que, con estas nuevas pruebas, los resultados difundidos –de malformaciones– no se repitan?
–No hay forma. Porque fueron experimentos controlados, en los que fuimos rigurosos. Y, además, porque ya hay evidencia científica que va en ese sentido. Por eso, insisto, no descubrimos nada nuevo. Yo llegué a un resultado y creo en él. Si la comunidad científica llega a otra conclusión, bienvenido sea. El centro del problema no debiera ser esta investigación. Sería querer tapar el sol con la mano. Yo sólo aporté un punto más a la discusión. Pero hay sectores que quieren cerrarla, ni siquiera por convencimiento ideológico, sólo por conveniencia económica.
–Se acusa a su trabajo de usar un método erróneo con el glifosato, y que por eso los resultados son devastadores: que las concentraciones de la experimentación nunca son las que eventualmente podría recibir un humano al ser aplicado en el campo. Hubo quien mencionó que “si ponemos gasoil en el vaso de leche, claro que ocasionará intoxicaciones, y no por eso se prohibirá el combustible”.
–Ese tipo de afirmación tienen varias facetas. Por un lado, muestra desconocimiento biológico, lo cual es entendible para quien no se dedica a esta rama de la ciencia. Pero, en boca de los voceros de las corporaciones, también muestra una intencionalidad lejana a la inocencia, con intenciones de desprestigiar una estrategia de análisis mundialmente aceptada. Entonces sí me parece una comparación poco seria, maliciosa e hipócrita. Es sabido, tanto en la comunidad científica como en el sector agropecuario, que la aspersión del herbicida afecta ecosistemas, operando directa o indirectamente sobre insectos y otras especies animales cuando se ponen en contacto con el herbicida. O sea que además de células vegetales, también afectan organismos compuestos por células animales. Nuestros experimentos alertan que tanto el cóctel comercial como la droga pura en células animales generan alteraciones del desarrollo embrionario. Por lo tanto el glifosato dentro de la célula embrionaria altera el funcionamiento celular, tal como sucede en las células vegetales de las malezas. Por otra parte, ya está probado que los herbicidas se trasladan por la acción del viento. Es una prueba de la realidad, incontrastable, el padecimiento de familias de campos linderos y de barrios cercanos a las fumigaciones. Por lo tanto, el glifosato puede atravesar barreras respiratorias y/o placentarias y entrar a las células embrionarias, incluso existen avances científicos en esa dirección, como también existen registros de glifosato y de sus posibles metabolitos presentes en mujeres embarazadas. Esto podría correlacionarse con potenciales efectos malformativos. Por lo tanto, desentrañar si el glifosato puro inyectado tiene efectos sobre el comportamiento de células embrionarias animales durante el desarrollo era ineludible en una estrategia experimental correcta, e insisto que utilicé una estrategia de análisis clásica de la investigación científica.
–¿Cree que hay que prohibir el glifosato?
–En mi trabajo yo no planteo eso. Y no es de mi competencia proponer una medida de ese tipo. Lo único que afirmo, respaldado en 30 años de estudio en la regulación genética embrionaria, es que este producto genera alteraciones en el desarrollo, estoy seguro de eso.
–Sus resultados no se corresponden con la clasificación del Senasa o las recomendaciones de la Secretaría de Agricultura.
–Es un claro problema de ellos, que lo clasifican como de baja toxicidad. Todo lo contrario de lo que afirman estudios diversos, que confirman la alteración de mecanismos celulares y, sobre todo, contrario a lo que padecen familias de una decena de provincias. Es de locos pensar que no pasa nada.



 

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