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21.10.16

Hablar convincentemente de Advaita es tan fácil como hablar de cualquier otro tema si existe una cierta facilidad de palabra.

Han surgido "maestros de la no-dualidad" como hongos luego de un día de lluvia.
Es tan fácil imitar. Se sientan durante años a los pies de un maestro y terminan mimetizados.
Cuando el maestro muere, ellos ocupan su lugar. Se sienten muy a gusto en su nuevo papel.
 Durante años envidiaron profundamente al Gurú. Ahora les ha llegado su turno.
 A estos los vemos por la India, dando vueltas por ahi y atrayendo como siempre y más que nada, a occidentales atormentados.

Luego están los "maestros de la no-dualidad" made in USA.
Estos -varones o mujeres- se nutren de costosos seminarios, hablan pausadamente y con voz profunda, sonríen a menudo con sonrisas hieráticas o distantes-como si tuvieran conectados los músculos del rostro a una remota fuente de felicidad universal- y repiten -a veces bien y a veces no tan bien- frases tomadas de aqui y allá, o incluso "canalizadas" directamente, lo que no los hace maestros de nada, sino simples mediums. Claro, que no es lo mismo ir a una sesión de espiritismo en un barrio pobre con olores non-sanctos que sentarse en la sala de conferencias de un rimbombante hotel de cinco estrellas.
En ese ambiente, cualquier discurso es mucho más espiritual y profundo.

Y eso es todo.

¿a ninguno de los que va por allí se le ocurre preguntarse, por qué alguien que es presentado prácticamente como un "iluminado" pudiera necesitar audiencias y los beneficios que de ellas se derivan?

Si está tan completo en sí mismo, tan satisfecho, tan realizado, ¿para qué todo ese despliegue?

Ah, me olvidaba, Sí, claro! Por amor a la humanidad...! 


29 de Agosto de 2007
La palabra "espiritualidad" es un fetiche. No significa nada. Por eso sirve para tantas cosas. Sobre todo, y en particular, para que unos charlatanes de feria disfrazados de sabios monten su tenderete para lucrar con los incautos...y los fraudulentos que pretenden acceder a vaya a saber qué pretendida "iluminación" subidos sobre los hombros de algún "papá" sustituto que asuma todos los riesgos.

El lucro no es sólo de dinero, es también y fundamentalmente, de poder.

El negocio de la "espiritualidad" junto con el de las armas, los medicamentos y las drogas, es uno de los más lucrativos y poderosos de la actualidad. Los "ricos y famosos" pagan bien y son una excelente propaganda para atraer a la "humanidad de a pie". Y están ansiosos por aprender de estos "grandes maestros espirituales" cualquier técnica o "truco" que les permita "comerse toda la torta y seguir conservándola a un tiempo". Los "maestros les dirán que todo es un gran juego cósmico". La "Lila", "el juego de Dios". Por lo tanto, todo es una gran ilusión. Dentro de esa gran ilusión a ellos -los ricos, famosos y poderosos- les ha tocado jugar su parte de esa manera, precisamente. "Es vuestro karma", les dirán, os lo habéis ganado en otra vida. Y el karma de los infelices cuyo vientre se infla por la inanición y serán comidos en vida por los gusanos, es ese también, precisamente. Algo terrible habrán hecho en otras vidas. No es vuestro problema.

"Maestro" preguntará un ejecutivo canoso y de aspecto atlético pero mirada preocupada, ¿qué hay del sexo?". Y el gran Gurú mirará a la audiencia con un brillo pícaro en sus ojillos vidriosos, "todo es un juego". No te apegues, distiéndete y disfruta. Está todo bien"
Palabras que cualquier proxeneta de segunda categoría en algún burdel de mala muerte le hubiera dicho a un parroquiano entrado en copas que comienza a sentir remordimientos por tener a su esposa durmiendo en casa.
El ejecutivo, ya más distendido y hasta algo envalentonado por la tácita aprobación, continuará. "¿Hay alguna técnica, algún ejercicio respiratorio, lo que fuere, que me permita disfrutar mejor?"
En realidad el cincuentón exitoso está algo angustiado porque días atrás no pudo satisfacer adecuadamente a su fogosa amiguita treintañera que deseaba una sesión más prolongada que la que su agotado amante le podía ofrecer.

"Respira así y así, y fíjate en este mudra" continuará el sublime gurú, sin abandonar la miradita ligeramente astuta, mirando de reojillo al resto de la audiencia que aguarda anhelante el consejo para mejorar la perfomance sexual, sobre todo ahora que el Maestro ha dado su "bendición" para aquello que ellos consideraban actividades no muy "elevadas".
Como previniendo las dudas de algún visitante algo más avezado, terminará :"Todo es un juego...Sólo no apegarse es necesario"
No se entiende bien cómo, "sin apego", va a tener uno apetitos de tal naturaleza, cuando exactamente dependen de las imágenes que deben alimentarse para poder seguir teniendo interés en ello. "Sin apego", ningún animal -bipedestado o cuadrúpedo- tendrá apetito como para enredarse en una actividad que resulta tremendamente extenuante para el cuerpo y completamente improductiva en el orden elemental de la supervivencia, que es en definitiva, lo que esencialmente mueve a cualquier criatura en este mundo, desde el humilde pero expansivo microbio hasta el nada humilde pero asimismo expansivo homo pretendidamente sapiens.

Y eso es todo.
Como brillantemente decía no hace mucho, el gran cineasta y autor Indio Javed Akhtar, "Gautama (Buda) salió de un palacio para irse a la jungla a encontrar la verdad. Pero hoy en día vemos que, los gurúes de la era moderna, salen de la jungla para terminar en palacios. Se están moviendo en dirección opuesta. No podemos ponerlos en la misma línea."
Y hagamos la salvedad de que Javed Akhtar es un ateo y racionalista famoso. Es decir, hemos llegado al punto en que los agnósticos, los no-religiosos, son los que dan verdadera enseñanza Espiritual.

Sabes, Nuria, no tengo nada en absoluto contra el hecho de que haya quienes quieran - y puedan- ganar fortunas y vivir como reyes; ni contra la lujuria, la ambición y todo lo que se les ocurra. Todo corre por cuenta de quien lo siente y lo vive, o lo padece. Lo único que sí me molesta es que aparezcan unos fantoches de cartón o terracota pretendiendo embozar esos vulgares apetitos de forma tal que aparezcan como pretensiones que deben ser tenidas como tan naturales como el deseo de comer, dormir o evacuar el intestino. Y que lo hagan además con la pretensión de "espiritualidad" o de "guía interior". Y que encima cobren -y muy requetebién. por vender este producto adulterado, más bien podrido, que en esta época de "Kali Yuga", es decir de negrura y obnuvilación mental, pasa por "enseñanza espiritual".


Manuel Gerardo Monasterio en Entrevista con Nuria Climent Vilardebó, 15 de Enero de 2007

21.5.16

Para Alejandro Daniel Delucía


Desde el hecho (o acaso el no-hecho) de haber nacido, todo (pero absolutamente TODO) se reducirá a validar, a legitimar ese infundio primigenio.

Todos los esfuerzos, todos los gestas y todos los gestos, todas las teorías, todas las labores, todos los pensamientos y opiniones, todas las filosofías y religiones, intentarán justificar lo injustificable y dar significado a lo insignificable. Y estaremos irremediablemente condenados al único y verdadero padecimiento, que es vivir pretendiendo sostener lo insostenible.

Por eso, amigo, le digo de todo corazón: 
suéltelo, déjelo ir.
No se aferre más y cese de sufrir.
Ríndase y Entréguese.
Suéltelo, suéltelo todo.
No se trata de salir a la calle a repartir lo que tiene.
Es una actitud interior.

Abandónelo todo.
Delo por Perdido.
Para nunca y para siempre.

Luego, si le queda algo de tiempo, lea a John Zerzan, y quién sabe, a lo mejor usted también comienza a dudar como él de las ventajas de haber salido de la caverna.
Y si áun le queda un ratito del cual disponer, préndale una velita a Theodore Kaczynski (quizás un mártir incomprendido).

Me dirá usted: " Pero si todo esto es en realidad insignificante, nada tiene valor y todo vale"
Y le responderé: No vaya usted a creer. Porque si uno acepta y comprende la esencial fugacidad, la nimiedad tremenda de todo lo que existe, lo instantáneo se torna sagrado, y su propia existencia se convierte en un tributo permanente a la fugacidad de todo lo existente.
Adviene una amabilidad desconocida, que sólo puede surgir cuando se ha abandonado toda esperanza...y toda expectativa.

Pruébelo, pero eso sí, no pretenda que le asegure nada, y no se exceda. Porque según la Tradición el hombre que pierde todo vestigio del yo no puede durar más de veintiún días...

Suyo, en Perfecta Paz Profunda,
M

9/8/2009

22.11.13

Abandona toda esperanza de alcanzar lo que muchos llaman la "iluminación".
No existe tal cosa desde una perspectiva personal.
La Iluminación es el estado natural de todo lo que existe,sin que haya nada que hacer al respecto, más que dejar de ejercer resistencia mediante el análisis, la interpretación o la conceptualización de lo que ocurre.

Muchos piensan que la "iluminación" es el resultado de ingentes esfuerzos y tremendas ascesis continuadas a lo largo de años de arduas labores internas...Y en realidad,cualquier cosa que llamemos "iluminación" no es más que exactamente lo contrario, el descubrimiento y la percepción directa de que todos nuestros esfuerzos son absolutamente inútiles y que no hay nada que podamos hacer para alcanzar Aquello que siempre estuvo allí desde un principio y siempre.

Lo que Es está siempre allí, y cuando el fantasma verbalizado -el constructo psicolinguístico- que llamamos nuestro yo (con toda su historia-historieta) sale de escena y pasa a las bambalinas de donde no debería salir nunca, la Iluminación se manifiesta sin que haya nadie que pueda asumirla como propia, porque es el estado natural de la totalidad que está aconteciendo aqui y ahora y desde siempre y para siempre.

Sin la resistencia del pensamiento y sus interpretaciones, la Vida se manifiesta en toda su plenitud aún allí en medio de lo que un observador incauto podría considerar un infierno.

No hay nada que hacer para lograr que lo que ya Es sea más de lo que Es.

Abandona toda esperanza de intentar con tu volición alcanzar aquello que nada tiene que ver contigo en el sentido personal en que tu -ilusoriamente-te has considerado desde que tus padres te pusieron nombre y te arrojaron encima la mentira en la que ellos y sus antepasados han vivido confundidos desde tiempo inmemorial.



 

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