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6.7.17

Para José Alberto Alfonsi 
Hoy la nostalgia golpeó
la puerta de mi corazón,
trayéndome aromas de ausencias
de nunca y para siempre.

El amigo, tan amigo, que creímos
que su amistad estaba hecha
a prueba de todos nuestros desdenes y omisiones.

La madre saforizada y aguantadora,
que nos preparaba una comida tan rica como imposible,
-Igual que los sueños tras la bruma
de nuestra juvenil ingenuidad-
a la que destratamos,
olvidando que hoy ya no estaría….

La palabra que se nos quedó atascada
en ruta trunca hacia los labios,
y la que imprudente salió de ellos
para lastimar de manera irremediable
un amor que deberíamos haber cuidado.

El beso que jamás llegó,
y nos dejó una nostalgia
que nunca termina.
Aquél que sí llegó,
y nos dejó una amargura
que duró para siempre.

La 9 de Julio angosta
–pero quizá más digna que la de ahora,
por lo menos en nuestra imaginación-.

Los conventillos temibles y generosos.
El baldío en medio de la ciudad pujante
donde pateábamos con los pibes
una pelota de sueños que ingenuos
pensamos que Iba a rodar para siempre.

Las aspiraciones que perdimos,
bajo militares que deshonraron uniformes
y asesinos agazapados detrás de ideales
que terminaron convertidos,
-como casi todo lo que se nos murió
en esta patria grande y ausente-
en cuentas suizas secretas e inexpugnables.

El purrete tonto que fuimos
y eternamente somos,
que aún sigue mirando
cuatro películas por un peso
en el Cecil de la calle Defensa
o en el Select San Juan o el National Palace
de la Avenida San Juan…
En cines desaparecidos,
llenos de olores impredecibles
y pulgas y sueños tan amados como inalcanzables,
donde entrábamos con un poco de miedo
pero al final nunca pasaba nada…

Los rostros de las mujeres perdidas,
robadas, despedidas, olvidadas.
El niño que siempre fuimos,
Que nunca dejaremos de ser,
a pesar de todos los desengaños
que nos dieron y que dimos.

A pesar de todo lo perdido,
de todo lo olvidado,
de lo nunca venido
pero siempre añorado.

Hoy la nostalgia golpeó fuerte
las puertas de mi corazón ardiente
de sueños todavía,
a pesar de todo,
de todos y de todas,
a pesar de mí.
Manuel Gerardo Monasterio,en los Jardines de Prometeo,
a las 14.01 del 6 de Julio de 2017 (del Falso Calendario)

19.4.13


"El lobo es un animalito de hábitos peculiares,
y se dice que mantiene un vínculo estable con

su  pareja. Cuando por alguna razón su compañero

o compañera desaparece, el lobo comienza una letanía

de tristes aullidos nocturnos que suelen partir el alma

de quien lo escucha. Los expertos en conducta animal

nos dirán que se trata de un hábito instintivo,

completamente mecánico. Pese el respeto que me merecen

estos eruditos, yo preferiría preguntarle al lobo."

De mi novela "Y Juramos con Gloria Morir" (puede bajarse completa en www.scribd.com)

Maestro soy del Arte,

y es por ello que renuncio

a mi Poder para llorarte

como te lloraría un hombre

común de carne y hueso.

Tú sabías desde tiempo
que Yo ya no era eso,

y sin embargo,

acepto mi humanidad

y mi cruz, y desciendo,

porque no quiero renunciar

al sacrificio que me trajo

aquí en primer lugar

y acepto mi humanidad

aunque sé perfectamente

que Yo Soy Aquello.


Y sin embargo te lloro,

más que con la sobriedad del viudo

con el desconsuelo visceral

de la inerme viuda que se 
cubre la cabeza con ceniza
y se rasga la vestidura.


Te lloro y aullo desconsolado

como aulla el pobre lobo

cuando pierde a su hembra

en la trampa del cazador.



Thakur se fue a los cincuenta

y a los treinta y nueve partió Naren,

 no son tan pocos por lo tanto tus cincuenta y tres,

y sin embargo, más viejo y más ominoso

yo que vosotros os lloro, os lloro a los tres.



Podría no llorarte nada

y alzarme tan impávido

como un orgulloso ciprés,

y sin embargo renuncio a mi estatura,

abandono mi decoro

y me arrastro como un ciempiés.



Voy a llorarte hasta que el océano

se avergüence de sus aguas

y los montes se pongan del revés.

Voy a llorarte hasta secar  los mares,

voy a llorarte por todos los hombres

y todos las mujeres que han llorado

sobre este mundo mediocre de cuarenta y ocho leyes

del que se jactan científicos y reyes
tan ignorantes unos como otros,
mientras que yo me río de este mundo y de los otros
mientras te lloro desconsolado como
han llorado todos alguna vez.

He bajado, he descendido y no renuncio
al sacrificio que me ha traido hasta aqui.
He venido para llorarte a ti y a todos,
he venido para que en la sangre del corazón
se hundan mis lastimados pies.

Te lloro, amada mía,
te lloro amargamente
como llora el triste lobo
y no me averguenzo 
de mi canina condición,
por el contrario, me paro
sobre mis patas traseras
y desafiando a la luna que ríe
te lloro, te lloro desconsolado
como llora el lobo viril!













 

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