Disgresiones en tono menor por Sivainvi (Manuel Gerardo Monasterio)
24/04/2005
Publicado originalmente en mi Foro Planetario
La sociedad occidental apesta, hiede desde cualquier ángulo que se
la encare. Y se encuentra ahora mucho más nauseabunda que nunca, cuando sus
adalides pretenden hacernos creer que se encuentra en la cima de su gloria; que
sus méritos la convierten en la dadora del mejor de los mundos posibles: que no
es posible ni siquiera pensar seriamente en una estructura diferente. La
sociedad occidental judeo-cristiana se basa esencialmente en el doble, triple o
cuádruple discurso. Es el monumento universal a la más desfachatada hipocresía.
Para sostenerse ha invertido la actividad incesante de toneladas de neuronas de
sesudos intelectuales, economistas, científicos, y por supuesto, sacerdotes y
pastores, que nos demuestran con millones de sofismas y datos imposibles que lo
mejor que podemos y debemos hacer es continuar besando amorosamente los
grilletes y cadenas que representan la clave fundamental para que el sistema
siga funcionando. Y son –o fueron- las religiones organizadas las principales
encargadas de someter el alma de los hombres para que sus cuerpos se entreguen
dócilmente a la robotización colectiva. Y dije “fueron”, porque su nefasta labor
ya está prácticamente concluida. Ahora hemos pasado casi por completo al estadio
siguiente. Salimos de la trituradora de los confesionarios para caer en la
retorta de los científicos. Poco importa que algunos lúcidos como Bergson hayan
visto que “la ciencia es ciencia-ficción”, es inútil vocear esas verdades de a
puño, porque como certeramente proclamó Marcuse, “la ciencia es el Mito del
siglo XX”.
Salimos de la mirada de los sacerdotes para caer bajo la mirada de
los científicos. Las astucias de la Iglesia, tan sofisticadas en su tiempo, se
han convertido hoy en un pasatiempo inocente comparadas con la inefable sutileza
con que la ciencia, siempre en nombre de alguna inefable benevolencia, se asoma
impúdicamente sobre los cuerpos y las almas. La Iglesia, dejando tantas cosas a
cargo de los Misterios, otorgaba todavía espacio para el libre deambular interno
de sus víctimas. Ahora, sin embargo, todo ha sido salvaje, universal y
ultérrimamente manoseado, desde afuera y desde adentro, desde todos los costados
accesibles de la carne inerme y de la mente, inundadas de química y mensajes.
Nos someten a una continua endoscopia generalizada. Analizan hasta el último
detalle de nuestra desgraciada anatomía y de nuestra mente atiborrada de
palabras. Todo en pos de nuestro bienestar, sí señor, porque el bienestar –“el
bienestar personal”- es el bien absoluto.
No lo dude usted, no lo dude ni un
segundo. Avéngase a las pruebas, entréguese a la encuesta. Venga, venga, que
vamos a enseñarle cómo debe comer. No importa si mañana le decimos que ayer nos
equivocamos, porque en realidad los huevos no eran malos, es el pollo que le
recomendamos el que produce una enfermedad irreversible. Discúlpenos, nosotros
se lo dimos, es verdad, pero entonces no sabíamos, después nos enteramos. El
avance de la ciencia exige sacrificios. No llore, venga, tómese este Prozac que
otro santo de la ciencia fabricó, precisamente para usted y este momento que
está usted viviendo. Su hijo está muriendo, eso es inalterable, pero mire, mire
qué maravilla! No se amargue, venga y mire, ¿cuántos hijos quiere? Aproveche,
los tenemos de oferta esta semana. ¡Ni comparación con el de antes! Estos son a
medida y tenga en cuenta que no tendrá necesidad de molestarse: podemos evitarle
el riesgo de la cópula con su mujer que, debe usted saberlo, es un acto
potencialmente peligroso, como el M.I.T. ha demostrado de manera irrefutable.
Venga, venga y mire, ¿no son acaso bonitos? Estos los acabamos de preparar
recién, in vitro, limpitos, sin necesidad de esa inmundicia del acople carnal y
sus infames secreciones. Lo estamos liberando, querido amigo, de ese acto
repugnante y aburrido. Porque, vea usted, ¿que es en definitiva, el sexo? Un
subproducto del sistema límbico y de la excitación del tálamo con escasa o casi
nula producción de actividad cortical. Vea, mire nuestros datos, estudie usted
un poco nuestras tablas, hemos medido todas las funciones posibles durante el
acto sexual de 100000000 de parejas. Lo tenemos aquí, todo clasificado, y
nosotros, como no somos sacerdotes, sino los nuevos santos, no le ocultamos nada
y todo lo ponemos a su disposición. Aquí no hay más secretos como antes. Venga,
amigo, no sea tímido. Esto es suyo, sí señor, los registros poligráficos
completos de cuando pilló desprevenida a su mujer en la cocina. Mire, vea estas
frecuencias, lea estos informes miográficos, no se excite con los números, por
favor, déjenos eso a nosotros, usted no está calificado, confórmese con saber lo
que nosotros le informamos.... Su mujer...a ver a ver, sí, aquí está, hembra
caucásica, 34 años, blablablabla...Pero, amigo, esta mujer esta muy enferma,
¿cómo? ¿que nosotros la estábamos tratando? ¿cuándo? Enfermera, tráigame el
expediente....Sí, efectivamente, tiene usted razón, pero qué barbaridad! ¿quién
ha sido el responsable de semejante disparate? ¿Yo? Sí, tiene usted razón, pero
mire, vea, se han confundido las historias y eso ya no es culpa mía. Mire,
señor, en definitiva esto está todo mal, se han equivocado en el diagnóstico y
por lo tanto en la medicación. No era eso lo que tenía que tomar, era esto otro.
¡ Pero no, señor, suelte usté ese frasco! Es inútil, ya es muy tarde, su mujer
es una enferma terminal. Cálmese, por favor. No es culpa mía, en realidad no es
culpa de nadie, o como si lo fuese, es imposible encontrar al responsable. ¿Qué
quiere usted que hagamos? La ciencia tiene límites, señor! No somos dioses,
jugamos, solamente. Pero, mire cuánto hemos avanzado! Bueno, señor, a no faltar!
Baje usted la voz! Le aconsejo que se asesore bien, estamos protegidos. Su
mujer, lo que se dice su mujer, no se la podemos restituir, pero no se preocupe,
el seguro se hará cargo, siempre que sobreviva usted a los trámites del
juicio....
De estas cosas, quizás, habría que hablar en serio, pero el
solo hecho de que hayamos llegado hasta este punto y con este grado de
mansedumbre, te confieso, deprime lo suficiente como para tomárselo muy en
broma.
¿Qué pueden esperar los que son considerados marginales en una
sociedad semejante, que crucifica cotidianamente a sus “ciudadanos honestos”? Un
pequeñísimo ejemplo lateral de cómo opera este sistema lo tenemos en los
homosexuales. Durante siglos sufrieron mofa, persecución, tortura y muerte en
todo ámbito dependiente de la benévola jurisdicción de la piadosa sociedad
cristiana (lejos quedó la tranquilidad en la que habitaban –sin siquiera
sospechar que eran “diferentes”- bajo los auspicios de la “retrasadísima e
infernal” sociedad pagana). Los efectos de todos esos siglos de brutal
condicionamiento y feroz “reeducación” los vemos finalmente en nuestra época:
acorralados, debilitados y vencidos terminaron por sucumbir convirtiéndose
finalmente… en un movimiento organizado. Ahora son casi una corporación. ¿Qué
otra cultura ha logrado milagro semejante? Las víctimas que ella produce acaban
convencidas, cuando más esclavizadas se encuentran, de haber triunfado. Tú,
divertido amante de tu propio sexo que antes te entretenías libremente con tu
amiguito, ahora cada vez que se encuentran estás, de alguna forma, cumpliendo
con una reivindicación sindical. La cultura establecida ha logrado que los
homosexuales -que antes eran un grupo que trataba de pasar desapercibido y no
estaba sistemáticamente clasificado- pasen a ser completamente investigables.
Eso sin contar todo el espontáneo placer del que han ido drenando a toda la
cuestión en camino, como todo lo demás que late bajo el sol, a su más mecanizada
burocratización.
Otrora la Iglesia sustentaba el poder de la información de
manera mucho más primitiva. Ahora los métodos han adquirido alambicadísima
sofisticación. Pronto terminarán de saberlo todo acerca de ti, y cuando lo sepan
todo lo usarán para lo mismo de siempre, DOMINARTE, sólo que ahora de forma más
omnímoda. El sistema que utilizan es similar a la especialidad de los ingleses,
quienes en contubernio con los japoneses ocuparon una pila de años para
implantar el vicio del opio en China. Lentamente, hasta que uno termina pidiendo
por favor a sus victimarios aquello que va continuar sustentando el vínculo de
su esclavitud. ¿Nos daremos cuenta alguna vez del inmensurable precio que
estamos pagando por nuestras heladeras, lavarropas, pasadiscos, microondas, y
toda la maraña de confortables chucherías a cambio de las cuales hemos entregado
el alma?
El esclavo romano, el siervo medieval, y mucho después, también el
ciudadano soviético, tenían consciencia de su oprimida condición. Esta
consciencia ha desaparecido en la sociedad capitalista avanzada, donde podemos
observar el grado de esclavitud en relación directamente proporcional al placer
y la satisfacción que la gente demuestra en relación con aquello que,
precisamente, mantiene su servidumbre. Lejos también están los tiempos en que el
esclavo negro sabía cual era su situación, su amo al menos debía cuidarlo en la
enfermedad y atender a su estado físico porque precisaba de él. En tiempos en
que la Iglesia tenía el monopolio de la servidumbre humana, la experimentación
espiritual estaba prohibida. Antiguamente la Iglesia exigía del hombre el
cuerpo, en pos de la salvación del alma. Hoy, para salvaguardar el cuerpo y
otorgarle paraísos artificiales, ya el hombre ni siquiera recuerda la existencia
del alma…
Hoy se puede experimentar, por supuesto, siguiendo las rutas
trazadas meticulosamente por los popes y gurúes científicos que a través de su
ingente red mediática –con el periodismo mundial incluido, a sabiendas o
ignorantemente- difunden cotidianamente los circuitos, diagramas y mapas de todo
“viaje” que hayamos realizado o que alguna vez vayamos a realizar. Antes se
dominaba por medio de la falta de información –el conocimiento estaba en manos
de una minoría- hoy se domina por exceso de ella, porque es evidente que la
mayoría no tiene ni el tiempo, ni la disposición ni en general la más remota
idea de qué hacer con toda esa información. Pero eso sí, como la información
está supuestamente a disposición de todos ahora podemos continuar, mansos y
felices…¡Alégrate! Afortunado habitante del Siglo XXI, la globalización
democrática avanza velozmente, pronto pasará por la puerta de tu casa... Los
tiempos de la tremenda opresión han terminado, ahora, finalmente, somos
libres!
Sivainvi (Manuel Gerardo Monasterio)