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28.6.24

 El hombre que soy, 

los hombres que somos,

con anhelos de infinito

 pero siempre atravesados

por esta fugacidad inmarcesible.

Tenues presencias en caída permanente.


Tú y tan solo tú has logrado disolver

el terror a la eternidad 

que me acompaña desde los siete años.

Contigo y solo contigo,

querría vivir para siempre.



21.5.16

Para Alejandro Daniel Delucía


Desde el hecho (o acaso el no-hecho) de haber nacido, todo (pero absolutamente TODO) se reducirá a validar, a legitimar ese infundio primigenio.

Todos los esfuerzos, todos los gestas y todos los gestos, todas las teorías, todas las labores, todos los pensamientos y opiniones, todas las filosofías y religiones, intentarán justificar lo injustificable y dar significado a lo insignificable. Y estaremos irremediablemente condenados al único y verdadero padecimiento, que es vivir pretendiendo sostener lo insostenible.

Por eso, amigo, le digo de todo corazón: 
suéltelo, déjelo ir.
No se aferre más y cese de sufrir.
Ríndase y Entréguese.
Suéltelo, suéltelo todo.
No se trata de salir a la calle a repartir lo que tiene.
Es una actitud interior.

Abandónelo todo.
Delo por Perdido.
Para nunca y para siempre.

Luego, si le queda algo de tiempo, lea a John Zerzan, y quién sabe, a lo mejor usted también comienza a dudar como él de las ventajas de haber salido de la caverna.
Y si áun le queda un ratito del cual disponer, préndale una velita a Theodore Kaczynski (quizás un mártir incomprendido).

Me dirá usted: " Pero si todo esto es en realidad insignificante, nada tiene valor y todo vale"
Y le responderé: No vaya usted a creer. Porque si uno acepta y comprende la esencial fugacidad, la nimiedad tremenda de todo lo que existe, lo instantáneo se torna sagrado, y su propia existencia se convierte en un tributo permanente a la fugacidad de todo lo existente.
Adviene una amabilidad desconocida, que sólo puede surgir cuando se ha abandonado toda esperanza...y toda expectativa.

Pruébelo, pero eso sí, no pretenda que le asegure nada, y no se exceda. Porque según la Tradición el hombre que pierde todo vestigio del yo no puede durar más de veintiún días...

Suyo, en Perfecta Paz Profunda,
M

9/8/2009

29.4.16




"No me gusta la gente ni los animales, y Dios ya me está cansando"
Pierre, el agnostico


“Me preguntas por qué soy agnóstico, y por qué no incluyo a Dios en mis expectativas?

Y no lo incluyo por dos motivos que te comentaré a continuación:


Todo lo que he amado y todo lo que amo, si ya no ha desaparecido va en camino de hacerlo de manera inexorable.

¿Puede Dios evitar este fenómeno aparentemente natural?

Si Dios no puede concederme que lo que amo –empezando por mi mismo-no desaparezca
¿Para qué necesito incluir a Dios en mi vida?
Este es el primer motivo, vamos ahora al segundo.



Si todo lo que amo, comenzando por mí mismo, no estuviese desaparecido o en vias de desaparecer, finalmente el hastío, un hastío más intolerable aún que la sensación de pérdida inminente, lo invadiría todo de una manera insoportable. 
De tal manera que, si todo lo que amo viviese eternamente –empezando por este "yo" que tantas veces me resulta aborrecible- buscaría en algún hipotético momento 
la manera  de matarlo o hacerlo desaparecer.

¿Podría Dios hacer, primero, que lo que amo esté conmigo para siempre y, segundo, que no me hastiase yo nunca de lo que amo en una eventual –e inconcebible para mí- eternidad?


Esas dos cosas serían para lo único que necesitaría incluir a Dios en mi vida, 
pues para todo lo demás, me las arreglo solo.

Si Dios no puede hacer eso, entonces Dios está tan jodido como yo, y me resta tan solo darle un abrazo, recibirlo como a un hermano e invitarlo a tomar una copa conmigo!"



De la novela de Manuel Gerardo Monasterio, "El Sìndrome de Estocolmo"(1998) cuando Pierre le confiesa a Julio César Rojas las razones de su agnosticismo

31.1.14

Como la estela.

Como una sombra
bajo la luz vertical
del mediodía.

Tan fugaz
que en realidad
casi nada ha ocurrido.

Un incidente
tan pequeño
que hasta una mota de polvo
resulta más relevante.

Y eso es todo.

Evanescente
como la ínfima
lágrima solitaria
en medio de una lluvia torrencial

14.4.13

"Nada revela
en el canto de la cigarra
que pronto morirá."

Basho

24.9.12




"No me gusta la gente ni los animales, y Dios ya me está cansando"
Pierre, el agnostico


“Me preguntas por qué soy agnóstico, y por qué no incluyo a Dios en mis expectativas?

Y no lo incluyo por dos motivos que te comentaré a continuación:


Todo lo que he amado y todo lo que amo, si ya no ha desaparecido va en camino de hacerlo de manera inexorable.

¿Puede Dios evitar este fenómeno aparentemente natural?

Si Dios no puede concederme que lo que amo –empezando por mi mismo-no desaparezca
¿Para qué necesito incluir a Dios en mi vida?
Este es el primer motivo, vamos ahora al segundo.



Si todo lo que amo, comenzando por mí mismo, no estuviese desaparecido o en vias de desaparecer, finalmente el hastío, un hastío más intolerable aún que la sensación de pérdida inminente, lo invadiría todo de una manera insoportable. 
De tal manera que, si todo lo que amo viviese eternamente –empezando por este "yo" que tantas veces me resulta aborrecible- buscaría en algún hipotético momento 
la manera de de matarlo o hacerlo desaparecer.

¿Podría Dios hacer, primero, que lo que amo esté conmigo para siempre y, segundo, que no me hastiase yo nunca de lo que amo en una eventual –e inconcebible para mí- eternidad?


Esas dos cosas serían para lo único que necesitaría incluir a Dios en mi vida, 
pues para todo lo demás, me las arreglo solo.

Si Dios no puede hacer eso, entonces Dios está tan jodido como yo, y me resta tan solo darle un abrazo, recibirlo como a un hermano e invitarlo a tomar una copa conmigo!"



De la novela de Manuel Gerardo Monasterio, "El Sìndrome de Estocolmo", cuando Pierre, le confiesa a Julio César Rojas las razones de su agnosticismo
 

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