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26.5.22


En una noche inefable
de hechicería celeste
quiso el Señor moldear
a su torpe criatura,
y así creó a su trágico sapiens
más ludens y faber que sapiens.
Desde el tremor infinito
de su abismo inenarrable
contempla la triste impostura
que su tedio concibió en aquella
inefable noche oscura.
En cualquier instante lo volverá
como siempre al polvo
del que lo sacó su divina locura,
para recrearlo sin fin,
cada vez que el aburrimiento
de su eternidad aborrecible
lo invité a soñar, una y otra vez,
con su monstruosa criatura.

Manuel Gerardo Monasterio, 2019

21.5.16

Para Alejandro Daniel Delucía


Desde el hecho (o acaso el no-hecho) de haber nacido, todo (pero absolutamente TODO) se reducirá a validar, a legitimar ese infundio primigenio.

Todos los esfuerzos, todos los gestas y todos los gestos, todas las teorías, todas las labores, todos los pensamientos y opiniones, todas las filosofías y religiones, intentarán justificar lo injustificable y dar significado a lo insignificable. Y estaremos irremediablemente condenados al único y verdadero padecimiento, que es vivir pretendiendo sostener lo insostenible.

Por eso, amigo, le digo de todo corazón: 
suéltelo, déjelo ir.
No se aferre más y cese de sufrir.
Ríndase y Entréguese.
Suéltelo, suéltelo todo.
No se trata de salir a la calle a repartir lo que tiene.
Es una actitud interior.

Abandónelo todo.
Delo por Perdido.
Para nunca y para siempre.

Luego, si le queda algo de tiempo, lea a John Zerzan, y quién sabe, a lo mejor usted también comienza a dudar como él de las ventajas de haber salido de la caverna.
Y si áun le queda un ratito del cual disponer, préndale una velita a Theodore Kaczynski (quizás un mártir incomprendido).

Me dirá usted: " Pero si todo esto es en realidad insignificante, nada tiene valor y todo vale"
Y le responderé: No vaya usted a creer. Porque si uno acepta y comprende la esencial fugacidad, la nimiedad tremenda de todo lo que existe, lo instantáneo se torna sagrado, y su propia existencia se convierte en un tributo permanente a la fugacidad de todo lo existente.
Adviene una amabilidad desconocida, que sólo puede surgir cuando se ha abandonado toda esperanza...y toda expectativa.

Pruébelo, pero eso sí, no pretenda que le asegure nada, y no se exceda. Porque según la Tradición el hombre que pierde todo vestigio del yo no puede durar más de veintiún días...

Suyo, en Perfecta Paz Profunda,
M

9/8/2009

29.4.16




"No me gusta la gente ni los animales, y Dios ya me está cansando"
Pierre, el agnostico


“Me preguntas por qué soy agnóstico, y por qué no incluyo a Dios en mis expectativas?

Y no lo incluyo por dos motivos que te comentaré a continuación:


Todo lo que he amado y todo lo que amo, si ya no ha desaparecido va en camino de hacerlo de manera inexorable.

¿Puede Dios evitar este fenómeno aparentemente natural?

Si Dios no puede concederme que lo que amo –empezando por mi mismo-no desaparezca
¿Para qué necesito incluir a Dios en mi vida?
Este es el primer motivo, vamos ahora al segundo.



Si todo lo que amo, comenzando por mí mismo, no estuviese desaparecido o en vias de desaparecer, finalmente el hastío, un hastío más intolerable aún que la sensación de pérdida inminente, lo invadiría todo de una manera insoportable. 
De tal manera que, si todo lo que amo viviese eternamente –empezando por este "yo" que tantas veces me resulta aborrecible- buscaría en algún hipotético momento 
la manera  de matarlo o hacerlo desaparecer.

¿Podría Dios hacer, primero, que lo que amo esté conmigo para siempre y, segundo, que no me hastiase yo nunca de lo que amo en una eventual –e inconcebible para mí- eternidad?


Esas dos cosas serían para lo único que necesitaría incluir a Dios en mi vida, 
pues para todo lo demás, me las arreglo solo.

Si Dios no puede hacer eso, entonces Dios está tan jodido como yo, y me resta tan solo darle un abrazo, recibirlo como a un hermano e invitarlo a tomar una copa conmigo!"



De la novela de Manuel Gerardo Monasterio, "El Sìndrome de Estocolmo"(1998) cuando Pierre le confiesa a Julio César Rojas las razones de su agnosticismo

17.12.13


El alba ya no es más
que la  pálida pirueta
de un peñasco rodando
por el  infinito incomprensible.
La noche es sólo la sombra
del mismo peñasco impenetrable.
Y mis ojos se han llenado
de la bruma inexpugnable
que lo ha cubierto todo.

No te veo,
y yo también
he desaparecido.

No soy más
que una muralla
de gritos y Silencio,
en medio de una eternidad
de respuestas que no contesta
ni una sola de mis preguntas.

31.5.13

El observador es lo único que limita a la eternidad.
Ahora que te has ido estás aquí,
entre mi música, mis sueños y mis libros.
Como un amoroso fantasma
te paseas al compás de Keith Jarrett
que está tocando en Bremen, 1973.
Está conmigo como tú,
mucho más real,
mucho más vivo
que todo lo demás.

Así como tú,
que nunca más te irás.
Que vagarás conmigo
por el inefable resplandor
que llevó mi nombre
y lució mi sangre.

Mañana,
ni tú ni yo
ni Keith Jarrett,
como si nunca
hubiésemos sido.

Mas el dulce resplandor.
la onda perpetua y fugaz
del triste amor
habrá de continuar...
Y en algún remoto tiempo,
en algún recóndito lugar
volverá otra vez a ser.
Volverá para siempre.

Manuel Gerardo Monasterio, "Los Papeles de Alexis", 1986

11.5.13

"¿Quién podría negar que cuando estoy tomando te en mi sala estoy tragándome el universo entero junto con el te y que el mismo acto de llevar la taza a mis labios es la etenidad misma trascendiendo el tiempo y el espacio?

14.4.13

"Hay una cosa que es más fuerte que la muerte: es el amor,no la razón."
Thomas Mann


No sabré nunca cuánto
se llevó la férrea muerte,
pero sé lo que no nos pudo arrebatar.

Veintitres años de dichas,
plenitudes,elevaciones, tristezas
aspiraciones, sueños,hermandades,
arrullos,caricias,abismos compartidos,
maravillas,comprensiones,manos entrelazadas,
ojos mirando la misma estrella.

Veintitres años
que la muerte no puede tocar.
Veintitres años
que ya han entrado
en la eternidad.
"Nada revela
en el canto de la cigarra
que pronto morirá."

Basho

17.3.13


Carta a Dios

Me mueve a escribirte la infinita piedad que siento por Ti, Oh Inmarcesible, ya que sólo Alguien/Algo en situación de padecimiento inconcebible puede haber generado Esto que Tú has creado.

Yo, microbio menos que infinitesimal, me dirijo a Ti con una tristeza más cercana a tu dimensión que a mi humanidad, apenas imaginando tu tedio, tu hastío innumerable, en esta Eternidad que Eres y de la que no puedes escapar.


Yo, microbio menos que infinitesimal, he tenido visiones de terror inenarrable en las que he contactado con una pequeñísima porción de esa percepción de Eternidad, y aún sigo girando en el temor y el temblor que desafía la imaginación de cualquiera que no haya percibido Horror semejante.
A diferencia de la mayoría –benditos sean ellos en su bienaventurada Ignorancia-Yo Conozco el Horror Original, Primigenio y Ultérrimo, que Te define.
Y por eso me apiado de Ti, con una infinitud más cercana a tu inmensidad que a la mediocridad inmensurable de mi microscópica situación.

No hay nada comparable con Ese Horror.

Estérilmente escribirán sobre Ti los autodenominados “teólogos” que no llegan ni a rozar el Espanto Sideral al que pretenden asomarse.

Yo me he Asomado.
Y apenas tolero el Vértigo insoportable al que esa Visión me ha lanzado, sin solución ya de continuidad.

Padre-Madre, conociendo la Agonía Infinita
 en la que te Mueves y Eres,
Yo te Perdono.
Te Perdono ahora y para Siempre.
Amén.

29.11.12

Rosa
Belleza sin pausa
Espina Milagrosa
Fragancia que no cesa
que incluso se acrecienta
ante la mano que la arranca


Manuel Gerardo Monasterio, en Los Papeles de Alexis, 1983

24.9.12




"No me gusta la gente ni los animales, y Dios ya me está cansando"
Pierre, el agnostico


“Me preguntas por qué soy agnóstico, y por qué no incluyo a Dios en mis expectativas?

Y no lo incluyo por dos motivos que te comentaré a continuación:


Todo lo que he amado y todo lo que amo, si ya no ha desaparecido va en camino de hacerlo de manera inexorable.

¿Puede Dios evitar este fenómeno aparentemente natural?

Si Dios no puede concederme que lo que amo –empezando por mi mismo-no desaparezca
¿Para qué necesito incluir a Dios en mi vida?
Este es el primer motivo, vamos ahora al segundo.



Si todo lo que amo, comenzando por mí mismo, no estuviese desaparecido o en vias de desaparecer, finalmente el hastío, un hastío más intolerable aún que la sensación de pérdida inminente, lo invadiría todo de una manera insoportable. 
De tal manera que, si todo lo que amo viviese eternamente –empezando por este "yo" que tantas veces me resulta aborrecible- buscaría en algún hipotético momento 
la manera de de matarlo o hacerlo desaparecer.

¿Podría Dios hacer, primero, que lo que amo esté conmigo para siempre y, segundo, que no me hastiase yo nunca de lo que amo en una eventual –e inconcebible para mí- eternidad?


Esas dos cosas serían para lo único que necesitaría incluir a Dios en mi vida, 
pues para todo lo demás, me las arreglo solo.

Si Dios no puede hacer eso, entonces Dios está tan jodido como yo, y me resta tan solo darle un abrazo, recibirlo como a un hermano e invitarlo a tomar una copa conmigo!"



De la novela de Manuel Gerardo Monasterio, "El Sìndrome de Estocolmo", cuando Pierre, le confiesa a Julio César Rojas las razones de su agnosticismo
 

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