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18.5.17


Esta nota se publicó en mi extinto foroplanetario.com.ar el 2007.


Todavía estamos esperando que el benevolente y magnánimo “occidente civilizado y cristiano” responda por los crímenes cometidos contra la persona de Wilhelm Reich por los organismos policiales de los Estados Unidos de América, gran adalid de la democracia representativa que se publicita en todas partes como “el mejor de los sistemas posibles de gobierno”.

El 3 de Noviembre de 1957, moría de un ataque cardíaco en la prisión del país en el que Reich se había asilado escapando de la Alemania Nazi. En una suerte de macabra inversión de los valores, mientras el gobierno de los Estados Unidos lo perseguía a él, por el horroroso “crimen” de investigar las raíces de la vida en su ámbito más esencial y profundo, simultáneamente contrataba a los científicos nazis que habían trabajado durante la guerra fabricando bombas de temible destructividad y desarrollando las “bellezas” de la guerra química. Y mientras Wherner von Braun florecía -luego de haber sido el cerebro de 
Peenemünde en el diseño de los letales Cohetes V2-  fabricando los sueños espaciales norteamericanos, Wilhelm Reich era encarcelado por develar el secreto de la vida y denunciar los horrores de la muerte concentrados en las experimentaciones atómicas y en la escalada productiva de las sustancias químicas, los pesticidas, las radiaciones y los deshechos tóxicos que están convirtiendo nuestro habitat planetario en una verdadera bomba de tiempo que está explotando –aquí y ahora- a través de letales etapas sucesivas cuyo mortífero horizonte ni siquiera llegamos a imaginar.

Pero en honor al hombre, para tantos desconocido, veamos, sintéticamente, cómo se desarrollaron los hechos.

En 1919, siendo aún estudiante de medicina, tiene su primer encuentro con Sigmund Freud. En enero de 1920 es nombrado miembro de la Sociedad Psicoanalítica de Viena. En 1922 termina su carrera como médico y comienza una intensa práctica fundada, esencialmente, en el trabajo de campo con la ciudadanía de a pie. Mientras sus colegas intentan captar a la población de clase alta y media alta, Reich trabaja con los obreros y obreras investigando la higiene sexual y organizando seminarios de esclarecimiento para poder alcanzar la meta de una sociedad “genitalmente” sana.

Comienzan sus primeras publicaciones.
Investiga sin pausa. Trabaja en pos de la higiene sexual de la población, profundamente perturbada por siglos de represión organizada.
Se compromete con la Internacional Socialista.
Sigue publicando.
Mientras tanto, entre las sombras, sus colegas psicoanalistas conspiran para destruirlo. Entre una multitud de ínfimas maldades que se arremolinan en enjambres, le envidian profundamente a su mujer, con la que mantienen un matrimonio evidentemente vital, apasionado y libre. La personalidad de Reich, por supuesto, no ayuda. En algún momento, asqueado por las faltas éticas de algunos de los más prominentes psicoanalistas de su tiempo, dice: “Con mis pacientes, sean mujeres o varones, jamás mantengo relaciones sexuales”. Es demasiado. ¿Qué les queda a sus colegas que manosean las partes pudendas de sus pacientes femeninas durante las sesiones con la excusa de la "abreacción y la catarsis"?

 ¿ Y de los que se acuestan con sus cuñadas?
Y en fin, de todos los onanistas mentales del movimiento psicoanalítico que eran, por cierto, abrumadora mayoría.

Abreviaremos la larga historia que los interesados podrán encontrar sin dificultad en las profusas biografías.
Lo enemistan con Freud. A Freud, para entonces, ya no le cuesta mucho enemistarse con cualquiera que no se pliegue a la ortodoxia patriarcal de la que ha terminado enamorándose.
 Las ideas de Reich son excesivas, no sólo para los psicoanalistas –que se ahogan (antes y ahora) en una cucharada de vida verdadera- sino también para sus camaradas comunistas.
 La revolución de Wilhelm Reich es en serio.
 Nadie está preparado para algo semejante.

En 1932 lo expulsan del partido comunista alemán.

En 1933, Freud le anula el contrato de edición de su "Charakter Analyse". Reich lo publica a sus expensas.
Años  después, a los estudiantes de psicología, los profesores nos prevenían sobre "El análisis del carácter", y nos decían hasta qué página había que leerlo, "porque de esa página en adelante, Reich se había vuelto  psicótico paranoico"...Qué casualidad, que a partir de ese momento es cuando Reich comienza a desarrollar sus más interesantes ideas.

Comienza su largo peregrinaje. 
Se traslada a Suecia.
 Al poco tiempo es expulsado de Suecia. 
Viaja a Dinamarca, donde vive con el pseudónimo de Peter Stein.
En 1934 el Secretario de la sección alemana de la Sociedad psicoanalítica le anuncia a través de una carta que “su nombre ha sido eliminado de los registros de la sociedad”.

Continua investigando y escribiendo.
 Enseguida se traslada a Noruega donde vivirá durante cinco años. 
Allí  sus descubrimientos más trascendentales, que deberían haber modificado radicalmente la visión que la humanidad tiene de la vida.
 Sin embargo, lo empujaron a su martirio final.

Descubre el “bion”.
Los psiquiatras y biólogos noruegos desencadenan una batalla campal contra él a partir de estos descubrimientos que, lógicamente, rechazan fervientemente. Y No utilizo “fervientemente” en vano.
Reich ha logrado lo inimaginable. Ha descubierto que la libido no sólo existe, sino que además, es una presencia real, viviente y mensurable en el laboratorio.
Esto es, por supuesto, absolutamente intolerable. Los psicoanalistas están desesperados. Pero, ¿es que a este hombre nadie le ha dicho que eso es un invento de Freud? Un constructo conceptual que sirve de materia prima para que los psicoanalistas podamos masturbarnos mentalmente en prolongadas –y costosas- sesiones sin solución de continuidad. ¿Y nuestras publicaciones? ¿Adónde irían a parar? Cientos de tomos donde se encuentran condensadas en densas ristras de criptogramas todas nuestras elaboradas poluciones! Litros de poluciones, nocturnas y diurnas, que más tarde habrán de transmutarse en las tetas benevolentes o asesinas de Melanie Klein o en el nudo borromeo del grande y maravillosos onanista francés y en su reverendísimo nombre del padre que son –Dios no admita lo contrario-artilugios completamente inútiles pero funcionales a los propósitos indispensables de la gran marea masturbatoria universal!

Reich es el enemigo número uno.
Lo que pretende representa un atentado mortal contra la caterva de loros desplumados que viven amurallados en los recintos herméticos de sus inexpugnables intelectos.
Hay un ingente negocio entre ellos…y la realidad.

En 1939, se dirige hacia Estados Unidos. La cuna de la libertad –la única libertad que conoce esta sociedad- donde será finalmente masacrado en nombre de la “peste emocional”. Como Servet y como Giordano Bruno. En pleno Siglo XX del Occidente liberado de las garras del fascismo de Mussolini y de Hitler…
El occidente de los aliados, de los buenos, de los buenos cristianos.

Más publicaciones. Más persecuciones. Quema de libros. 
El FBI asaltará su casa para robar sus documentos, destruir su laboratorio, romper sus equipos. Y ponerlo en prisión bajo la única escandalosa maniobra legal que les resulta accesible: “Ejercicio ilegal de la medicina”.
 Escándalo. El más absoluto y descarado escándalo.
Muere en la cárcel de un ataque cardíaco, como recordamos al comienzo.
¿Asesinado? En parte asesinado.
 Reich ha cooperado, por supuesto.
 Es tempestuoso, incontrolado, colérico, incansable, y además fuma como una chimenea. 
¿Un poco loco, quizás? También. Si gozara de la cordura aplastante de los cuerdos no sería el genio desbordante que ha sido. Un genio al que la ciencia actual todavía no alcanza a comprender. Tal es el adelanto de su pensamiento. Un pensamiento que surge de la salud mental y emocional sin bloqueos. Algo muy escaso en esta sociedad. La salud mental y emocional de un hombre libre.
 La biografía de Reich podría llevar como subtítulo: El drama inenarrable de un hombre sano viviendo entre enfermos.

Y a pesar de todo, tarde o temprano, tendrán que aceptar que los trabajos de Reich son esencialmente correctos: La existencia está sustentada desde y sobre una energía viviente y palpable. Llámesela Orgón, Prana, Mana u Od (o con cualquiera de los múltiples nombres con los que se la nombrado en los diversos sistemas). Sin esa energía en las que “respiramos, nos movemos y somos”, no hay vida.
Y Wilhelm Reich fue el primer hombre de la historia conocida que científicamente la descubrió y experimentó con ella dentro del marco de la metodología científica en la que se había formado, impecablemente. Sin influencias de la religión ni del ocultismo (que conoce este fenómeno desde hace siglos)
Mal que pese a quien le pese, sea el FBI, la Food and Drug Administration o la venerable Sociedad Psicoanalítica Internacional.
Requiescat in pace.
 Todos ellos.
 Nunca Wilhelm Reich.
 A quien le auguramos siglos de cañonazos de luz 
contra las tinieblas de este y de todos lo siglos por venir.
Salud!


Manuel Gerardo Monasterio
Jardines de Prometeo
6/12/2007 a las 18 horas

18.8.15


Broken man



Estudiar al hombre “normal” jamás ha aportado nada relevante. Es como intentar sacar información dialogando con una piedra. La prueba la tenemos en que todos los que han logrado sacarle alguna información al homínido “sospechoso”, lo han conseguido observando e investigando al llamado “espécimen patológico”: enfermos mentales, desviados, monstruos, esperpentos y ejemplares fallados.
En mis "Cuadernos de Antroposíntesis", hace muchos años, describí este proceso de investigación como “La alegoría del muñeco o juguete roto”.



Supongamos que tenemos un muñequito mecánico, un hermoso y sofisticado juguete que hace un montón de cositas irrelevantes pero entretenidas. Y no sabemos como diablos funciona. La curiosidad nos supera. ¿Y qué hacemos entonces? Lo abrimos, y un poco, lo rompemos, para lograr tal objetivo. Es lo que suelen hacer las criaturas inquietas con sus juguetes interesantes.



Y ya tenemos lo que llamo el muñeco roto.

Sigmund Freud, Carl Gustav Jung, Wilhelm Reich, Alfred Korzybski, Gregory Bateson, Ronald Laing, e incluso Foucault, tienen algo en común al respecto: sus hallazgos más fecundos fueron realizados observando a personas llamadas “patológicas. El espécimen de excepción para este tipo de investigaciones es, sin duda, el esquizofrénico. Lo que podríamos llamar un “juguete bien roto”, es decir, no un juguete “un poquito abierto” como el neurótico, sino un juguete cuyo mecanismo está todo a la vista. El individuo llamado “normal” es un artilugio compacto, una unidad sellada. Su mecanicidad se manifiesta imperturbable a todos los fines de una investigación fecunda en datos que sean relevantes para averiguar qué es exactamente lo que bulle debajo de toda esa aparente nanidad automatizada.

El individuo llamado “normal” no es una amenaza ni un peligro para el estado...ni para los dioses.

Pero un Hölderlin, un Lautremont, un Artaud, con los tendones y las arterias mentales a la vista, son algo completamente diferente. O incluso un asesino aberrante como Pierre Riviere, en cuya investigación se ufana mi calvo amigo Foucault, que fue algo más que un brillante expositor filosófico, y que, como he dicho más de una vez , rozó de manera inquietante diversos bordes del círculo donde los hombres nos encontramos, y no casualmente, atrapados.

El “loco”, el “anormal” el “monstruo”, está mostrando impúdicamente las desnudeces del abismo que se oculta en todos nosotros. Quizás nuestro abismo original y originario.

Pero el problema investigativo que se plantea, es que un individuo más o menos “normal” no puede sacar gran cosa de la observación de esas “impudicias” que quiebran salvajemente el flujo mecánico de la normalidad. Para lograr que el panorama a la vista no sea más que una piezas desparramadas aquí y allá, interesantes y llamativas quizás, pero vistas como incomprensibles o inútiles; para que el escenario adquiera un significado orgánico y conducente, el investigador a su vez tiene que “abrirse” un poco él mismo, es decir, romperse él mismo como juguete. Porque los elementos que le darán la capacidad de comprender lo que está pasando en el interior del “juguete roto” están disponibles para él, únicamente en la medida en que él también los observe desde la perspectiva de “juguete abierto o roto”. Los riesgos que esto implica son la explicación de que haya tan poca información. ¿Cuántos investigadores están dispuestos a emprender semejante proceso de - en cierta manera- auto-destrucción?

Alan Watts emprenderá esa tarea a través del LSD o la mescalina. Terence McKenna lo hará utilizando el “abrelatas” de la psilocibina, útil herramienta que encontrará escondida en la Stropharia, los honguitos a los que era tan afecto.

¿Producen las mescalina, el LSD, el DMT o la psilocibina alucinaciones realmente? ¿O acaso gatillan receptores peptídicos que sacan a luz información que se encuentra en realidad en el propio cerebro, en el propio sistema nervioso, en el propio cuerpo que esconde misterios tremendos y anonadantes?

En la glosolalia de la psicosis o en las visiones producidas por efecto de los psicotrópicos “enteógenos”, puede haber más fecundidad de datos explicativos que en las meras descripciones topológicas a las que inevitablemente se ve reducida la “ciencia normal”.

Y también en las aberraciones de los asesinos seriales, de los sadomasoquistas extremos, y por qué no, incluso asimismo en las experiencias tenidas como místicas de muchos de los “santos” que gozaban sufriendo porque SENTIAN que eso era lo que Dios quería –¿y necesitaba?-de ellos, podemos encontrar vislumbres inquietantes acerca de nuestro verdadero origen.

Compartimos el 97% del ADN con los gorilas. El otro 3% no llama la atención de los “científicos” como para comenzar a especular uniendo todos la ENORME cantidad de evidencia repartida a través de la historia, los textos religiosos, las alegorías, mitologías y experiencias cotidianas. Siguen hablando todavía del eslabón perdido, cuando lo que han perdido –en realidad no lo han tenido nunca- es el hilo de Ariadna que conduciría rápidamente a algunas realidades que, seguramente, acabarían rápidamente con la “normalidad” de la mayoría de la gente.

Finalmente, lo que comienza a salir a la luz, ya de manera inevitable, es que nosotros somos el Golem.



Der Golem, Escultura de
Eskorte fragile

y

Poster de la antigua película alemana
"Der Golem"





Manuel Gerardo Monasterio
Ciudad de Buenos Aires,
Jardines de Pometeo,
1 de Septiembre de 2007






 

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