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13.10.23

 Para definir la historia humana podemos aplicar literalmente la frase de Shakeaspeare en Macbeth:

"It is a tale told by an idiot, full of sound and fury, signifying nothing.”
Desde las alturas de la Razón en las que habita quien no haya vivido en vano, no hay nada más para decir.
Salvo, quizás, una pequeña posdata: de todos los horrorosos dioses y religiones que ha concebido la humanidad bajo la influencia de las fuerzas invisibles que son las que la controlan y dominan desde siempre, lo que yo he llamado La Triple Calamidad Monoteísta es decididamente la más siniestra y repugnante de todas.
"The Rest is Silence"
Manuel Monasterio

31.3.17

¿Alguna vez alguien escuchó recitar el Padre Nuestro en una Capilla de los Santos de los Ultimos Dias? Si así fuese, me gustaría saberlo, porque yo jamás lo escuché allí. Esta es la única Oración formal que nos dejó el Señor Jesucristo. ¿Por qué los mormones jamás la utilizan formalmente? Ayer un Obispo mormón se atrevió incluso a decirme: "Es solamente una guía para orar, no necesita decirse literal". ¿Qué tal?

Dicho sea de paso, todavía estoy esperando encontrar a algún cristiano que recite el padre Nuestro COMO CORRESPONDE, y que diga como dice el texto original:

"El pan Nuestro Supersubstancial dánoslo hoy" y que luego termine el padre Nuestro como Dios manda, no finalizando con "mas líbranos del mal (o en realidad, textualmente, "del Maligno") sino, luego de esa frase, "Porque Tuyo es el Reino, el Poder y la Gloria por todos los siglos".
Parece que a las religiones organizadas les resulta muy conveniente "quedarse"con el poder,el reino y la gloria del Señor Jesucristo para utilizarlos discrecionalmente de acuerdo con las necesidades corporativas que rigen en este mundo.

Afortunadamente, sabemos bien que el verdadero Reino del Señor Jesucristo no es "de este mundo"!

21.10.16

La palabra "espiritualidad" es un fetiche. No significa nada. Por eso sirve para tantas cosas. Sobre todo, y en particular, para que unos charlatanes de feria disfrazados de sabios monten su tenderete para lucrar con los incautos...y los fraudulentos que pretenden acceder a vaya a saber qué pretendida "iluminación" subidos sobre los hombros de algún "papá" sustituto que asuma todos los riesgos.

El lucro no es sólo de dinero, es también y fundamentalmente, de poder.

El negocio de la "espiritualidad" junto con el de las armas, los medicamentos y las drogas, es uno de los más lucrativos y poderosos de la actualidad. Los "ricos y famosos" pagan bien y son una excelente propaganda para atraer a la "humanidad de a pie". Y están ansiosos por aprender de estos "grandes maestros espirituales" cualquier técnica o "truco" que les permita "comerse toda la torta y seguir conservándola a un tiempo". Los "maestros les dirán que todo es un gran juego cósmico". La "Lila", "el juego de Dios". Por lo tanto, todo es una gran ilusión. Dentro de esa gran ilusión a ellos -los ricos, famosos y poderosos- les ha tocado jugar su parte de esa manera, precisamente. "Es vuestro karma", les dirán, os lo habéis ganado en otra vida. Y el karma de los infelices cuyo vientre se infla por la inanición y serán comidos en vida por los gusanos, es ese también, precisamente. Algo terrible habrán hecho en otras vidas. No es vuestro problema.

"Maestro" preguntará un ejecutivo canoso y de aspecto atlético pero mirada preocupada, ¿qué hay del sexo?". Y el gran Gurú mirará a la audiencia con un brillo pícaro en sus ojillos vidriosos, "todo es un juego". No te apegues, distiéndete y disfruta. Está todo bien"
Palabras que cualquier proxeneta de segunda categoría en algún burdel de mala muerte le hubiera dicho a un parroquiano entrado en copas que comienza a sentir remordimientos por tener a su esposa durmiendo en casa.
El ejecutivo, ya más distendido y hasta algo envalentonado por la tácita aprobación, continuará. "¿Hay alguna técnica, algún ejercicio respiratorio, lo que fuere, que me permita disfrutar mejor?"
En realidad el cincuentón exitoso está algo angustiado porque días atrás no pudo satisfacer adecuadamente a su fogosa amiguita treintañera que deseaba una sesión más prolongada que la que su agotado amante le podía ofrecer.

"Respira así y así, y fíjate en este mudra" continuará el sublime gurú, sin abandonar la miradita ligeramente astuta, mirando de reojillo al resto de la audiencia que aguarda anhelante el consejo para mejorar la perfomance sexual, sobre todo ahora que el Maestro ha dado su "bendición" para aquello que ellos consideraban actividades no muy "elevadas".
Como previniendo las dudas de algún visitante algo más avezado, terminará :"Todo es un juego...Sólo no apegarse es necesario"
No se entiende bien cómo, "sin apego", va a tener uno apetitos de tal naturaleza, cuando exactamente dependen de las imágenes que deben alimentarse para poder seguir teniendo interés en ello. "Sin apego", ningún animal -bipedestado o cuadrúpedo- tendrá apetito como para enredarse en una actividad que resulta tremendamente extenuante para el cuerpo y completamente improductiva en el orden elemental de la supervivencia, que es en definitiva, lo que esencialmente mueve a cualquier criatura en este mundo, desde el humilde pero expansivo microbio hasta el nada humilde pero asimismo expansivo homo pretendidamente sapiens.

Y eso es todo.
Como brillantemente decía no hace mucho, el gran cineasta y autor Indio Javed Akhtar, "Gautama (Buda) salió de un palacio para irse a la jungla a encontrar la verdad. Pero hoy en día vemos que, los gurúes de la era moderna, salen de la jungla para terminar en palacios. Se están moviendo en dirección opuesta. No podemos ponerlos en la misma línea."
Y hagamos la salvedad de que Javed Akhtar es un ateo y racionalista famoso. Es decir, hemos llegado al punto en que los agnósticos, los no-religiosos, son los que dan verdadera enseñanza Espiritual.

Sabes, Nuria, no tengo nada en absoluto contra el hecho de que haya quienes quieran - y puedan- ganar fortunas y vivir como reyes; ni contra la lujuria, la ambición y todo lo que se les ocurra. Todo corre por cuenta de quien lo siente y lo vive, o lo padece. Lo único que sí me molesta es que aparezcan unos fantoches de cartón o terracota pretendiendo embozar esos vulgares apetitos de forma tal que aparezcan como pretensiones que deben ser tenidas como tan naturales como el deseo de comer, dormir o evacuar el intestino. Y que lo hagan además con la pretensión de "espiritualidad" o de "guía interior". Y que encima cobren -y muy requetebién. por vender este producto adulterado, más bien podrido, que en esta época de "Kali Yuga", es decir de negrura y obnuvilación mental, pasa por "enseñanza espiritual".


Manuel Gerardo Monasterio en Entrevista con Nuria Climent Vilardebó, 15 de Enero de 2007

19.10.16

Argentina es un país que se destaca entre sus vecinos por poseer, como Conrad dijo a través de unos de sus personajes: “Un talento natural para el desastre”. Triste país sudamericano que no se reconcilia con su destino geográfico y genético y vive en un eterno desgajamiento psicológico, político y hasta metafísico, como el hombre de Byron, "ser marino que habita en la tierra deseando volar".

Los argentinos se caracterizan por una incapacidad casi constitucional para la profundidad. La mayoría de su intelectualidad cree que la profundidad pasa por la capacidad de expresar la cosas más sencillas de la manera más abstrusa y alambicada posible. No nos puede extrañar, por lo tanto, que Argentina sea uno de los últimos reductos planetarios del Psicoanálisis freudiano y de su derivación más oscura, el lacanismo. Podemos aplicar aquí lo que mi amigo Manuel Gerardo Monasterio escribiera al respecto de los psicoanalistas en su libro “Vigilia sin tregua”: “…de tan profundos pasan al otro lado de las cosas…Y siguen navegando por la cáscara”

Y este es el drama esencial de los argentinos, su incapacidad de profundizar, de ir verdaderamente al meollo de las cosas con verdadera intención de una acción funcional y realista. Viven en la ilusión de ser profundos, cuando en realidad son simplemente complicados y oscuros, y poseen una casi inextinguible vocación de masturbación política y social que los ha llevado a descender de mundos, ostensiblemente a través de las décadas, cuando, como todos sabemos, fueron uno de los “niños ricos” de la vapuleada América del Sur.

He tenido la fortuna de recorrer Argentina de Norte a Sur a lo largo de varios años de prolongadas visitas. He sido usufructuaria de la hospitalidad de algunos increíbles amigos en ese país, a quienes he visto sufrir en diversas ocasiones en escenarios difíciles de imaginar para una europea nacida en el último cuarto del Siglo XX. Aclaro, no me sorprenden estas penurias ocurriendo en algunos países africanos o asiáticos, pero me ha costado mucho entender cómo pueden ocurrir en un país “abundante y culto” como Argentina, lo que me obligó a intentar averiguar por qué las cosas son como son en “La Reina del Plata”.

Argentina padece de una creciente marea de sectores pobres, pero la pobreza de Argentina no es como la de Brasil, por ejemplo, o la de Guatemala. La pobreza de Argentina es una pobreza-pobre, sin matices, sin colores. Los brasileños y los guatelmatecos pobres padecen de una pobreza rica en su interior, plena de tradiciones, de insospechadas tonalidades culturales y hasta religiosas.

En Argentina, he andado miles de kilómetros pasando por centenares de pueblos, todos grises, descoloridos, impersonales.
Argentina pasa por ser, tradicionalmente, un país católico. Pero, ¡qué diferencia con la fe religiosa de las gentes simples de México o de Brasil! La fe que uno ve en los argentinos es tan “mediana”, tan “de superficies” como todo lo demás.

No van al fondo de nada, viven como en una inmensa mesa de café donde todo se discute hasta altas horas de la madrugada con la sola intención de que todo quede como está, de forma tal de poder volver mañana a conversar de las mismas cosas sin solución de continuidad. Y hasta quizás resulte una terrible y bella metáfora el hecho de que uno encuentre en Buenos Aires, Córdoba, Rosario o Mendoza, tantos y agradables cafés.

Uno de los temas que más ruido ha hecho en los medios argentinos, por poner un caso, es el de la Papelera Botnia, de capitales escandinavos. La ciudad de Gualeguaychú se levantó “en armas” durante meses, qué digo, años. La contaminación que produce la planta –y no es que la apoye de ninguna manera- es una simple broma en comparación con los horrores que ocurren masivamente en distintos lugares de Argentina. He tenido ocasión de ver importante documentación acumulada durante años por abnegados científicos argentinos a los que poco y nada se ha escuchado, donde se muestra la extensión increíble de aguas contaminadas con arsénico, que es lo que beben como agua “potable” decenas de miles de argentinos desde el norte de la provincia de Buenos Aires hasta quien sabe donde. Hay enfermos incurables como resultado de esta locura, y no se ha hecho nada sustancial al respecto.
Ríos contaminados en todas partes; cerdos comiendo en los basurales públicos –que luego serán faenados bajo inexistentes controles bromatológicos para ser consumidos por la inerme -¿o desidiosa?- población; autos y camiones que nadie controla, mientras lanzan toneladas de residuos tóxicos por no estar en condiciones técnicas de funcionar…Todo esto lo he visto, no me lo han contado.

Argentina es un país que se pliega feliz a todas las modas, mientras lleguen de lugares “aceptables”, esto es, lugares foráneos con algún aura de fama, categoría o elevado nivel económico. De allí que ahora los Argentinos festejen San Valentín o Halloween, como los vecinos ricos del norte. De vez en cuando aparece alguna manía extraña, como ha sido la -¿pasajera?-pasión de algunos sectores por todo lo irlandés o vinculado con Irlanda…Ya hubiera deseado uno que, en esta pasión por Irlanda –país muy querido para mi- los argentinos se hubieran contagiado un poco de lo histórico que une a ambos países, cual son los conflictos con Inglaterra…Pero los argentinos, básicamente, no están interesados en complicarse demasiado la vida. Con un poco de cerveza y de música, ya les alcanza y sobra.
La pasión por lo banal y superficial llega a tal extremo, que muchos argentinos verdaderamente prominentes deben emigrar, esto es, si no aspiran a fenecer,vegetar o suicidarse (como ha ocurrido con varios genios de ese país) Y una vez afuera, esos argentinos ilustres, no dejarán de sorprender a sus colegas con su inteligencia y capacidad.Pero, oh desgracia, siempre en el exilio!

Son los argentinos, en definitiva, quienes han acuñado la palabra que mejor los explica a ellos mismos y a sus extravagantes problemas: “Tilingo”.
“Tilingo” es una palabra fantástica, que abarca, según parece, la mayor parte de lo que los argentinos padecen. “Tilingo” es quien presume de ser fino, sin serlo. Pero es mucho más. Se trata también de alguien obsesionado por las pequeñeces y los detalles, por lo insustancial de las cosas. El “tilingo” gusta de adquirir fama o brillo de culto, de “connoisseur”, de “estar en la pomada” (como me han enseñado mis amigos argentinos que se dice en Argentina de aquellos que saben dónde y cómo ubicarse).
El “tilingo” es, en definitiva, un ente superficial que gusta de navegar por la corteza de la vida sin arriesgarse nunca a los sabores de la interioridad. Será por eso, tal vez, que rara vez nos tomamos a los argentinos y a sus problemas en serio, porque son ellos los que, a fuerza de superficiales y vanos, carecen de seriedad. Y esta falta de seriedad ha pasado a ser casi su tarjeta de presentación. Lo que, para alguien como yo, que a pesar de todo lo dicho, he tenido una bella relación con ese país, resulta una suerte de tragedia. Aunque, lógicamente, lo que para mí luce como tragedia, para los argentinos ha de ser, seguramente,no más que un simple sainete.

Nuria Climent Vilardebó, Barcelona, 18 de Enero de 2010

(Nuria Climent Vilardebó es uno de mis heterónimos)


22.5.16

El consumo sin freno
Por Gilles Lipovetsky
La felicidad paradójica. En este adelanto del más reciente libro en español de Lipovetsky, el ensayista francés adentra en las razones del consumismo y cómo ha cambiado a la sociedad
(2 diciembre 2007).-
 Los grandes almacenes, en el siglo XIX, inventaron el "ir de compras" como nuevo entretenimiento y crearon en las clases burguesas la necesidad irresistible de consumir. Más tarde se concibió que el célebre five dollars day de Ford fuese la puerta por la que el obrero accediera a la categoría de consumidor moderno. En los años veinte, la publicidad estadounidense se dedicó a dar forma a un consumidor adaptado a las nuevas condiciones de la producción en serie. El sistema de créditos, en estos mismos años y luego en la posguerra, permitió desarrollar una nueva moral y una nueva psicología por lasque ya no era necesario economizar primero y comprar después. Nadie opinó en contra: el éxito fue total, ya que la "domesticación" para el consumo moderno fue más allá de todas las previsiones.En efecto, ya no hay normas ni mentalidades que se opongan frontalmente al despliegue de las necesidades monetizadas. Todas las inhibiciones, todas las defensas "retrógradas" se han eliminado; sólo quedan en la palestra la legitimidad consumista, las incitaciones al goce del instante, los himnos a la felicidad y a laconservación de uno mismo. El primer gran ciclo de racionalización y modernización del consumo ha terminado: ya no queda nada que abolir, todo el mundo está ya formado, educado, adaptado al consumo ilimitado. Comienza la era del hiperconsumismo cuando caen las antiguas resistencias culturales, cuando las culturas locales no representan ya ningún freno al gusto por las novedades. La fase III es esta civilización enque el referente hedonista se impone como evidencia, en que la publicidad, las distracciones, los cambios continuos de ambiente se "introducen en las costumbres": el neoconsumidor no se desplaza ya sobre un fondo de cultura antinómica.

La espiritualidad consumista

Ni siquiera la religión representa ya una fuerza de oposición al avance del consumo-mundo. A diferencia de lo que ocurría en el pasado, la Iglesia no pone ya por delante las ideas de pecado mortal, no exalta ya el sacrificio ni la renuncia. El rigorismo y la culpabilización se han atenuado mucho, lo mismo que los antiguos temas del sufrimiento y la mortificación. Mientras las ideas de placer y deseo se desvinculan del "pecado", la necesidad de cargar con la propia cruz ha desaparecido. No se trata ya tanto de inculcar la aceptación de las adversidades sino de responder a las decepciones de las mitologías seculares, que no han conseguido mantener sus promesas de aportar la dimensión espiritual necesaria para la plenitud de la persona. De ser una religión centrada en la salvación de ultratumba, el cristianismo ha pasado a ser una religión al servicio dela felicidad mundana que pone el acento en los valores de la solidaridad y el amor, en la armonía, la paz interior, la realización total de la persona. Por donde se ve que somos menos testigos de un "retorno" de lo religioso que de una reinterpretación global del cristianismo, que se ha adaptado a los ideales de felicidad,hedonismo, plenitud de los individuos, difundidos por el capitalismo de consumo: el universo hiperbólico del consumo no ha sido la tumba de la religión, sino el instrumento de su adaptación a la civilización moderna dela felicidad en la tierra.Cuando domina una concepción mundana y subjetiva de la salvación, aparece al mismo tiempo la comercialización de las actividades religiosas y pararreligiosas, ya que los individuos necesitan encontrar "e nel exterior" medios para consolidar los universos de sentido que la religión institucional no alcanzaba ya a construir.
En ninguna parte es tan manifiesto el fenómeno como en la "nebulosa místico-exotérica" y los medios que asumen la "New Age". En este feudo se multiplican las librerías especializadas y salas de exposición, toda una oferta comercial hecha de talleres con gurú, centros de desarrollo personal y espiritual,cursillos de zen y yoga, talleres sobre las "chakras", consultas con el "médico espiritual", cursos de astrología y numerología, etcétera. Mientras las obras de religión y las novelas espirituales se convierten en éxitos deventas, muchos editores invierten en este nuevo segmento del mercado en expansión. En la sociedad de hiperconsumo, incluso la espiritualidad se compra y se vende. Si es verdad que la reactivación posmoderna de lo religioso expresa cierto desencanto del materialismo de la vida cotidiana, también lo es que el fenómeno es cada vez menos ajeno a la lógica comercial. Es la espiritualidad convertida en mercado de masas,producto para comercializar, sector que organizar y promover. Lo que constituía un cortafuegos para el desenfreno de la mercancía se ha metamorfoseado en palanca de su propagación. La fase III es la que ve difuminarse el espacio que hay entre el Homo religiosus y el Homo consumericus.Al mismo tiempo, con el debilitamiento de la capacidad organizadora de las instituciones religiosas como telón de fondo, la tendencia general es a la individualización del creer y el obrar, a la afectivización y relativización de las creencias. 

Actualmente, incluso la espiritualidad funciona en régimen de autoservicio, en la expresiónde las emociones y los sentimientos, en las búsquedas originadas por la preocupación por el mayor bienestar personal, de acuerdo con la lógica experencial de la fase III. Lo que se encuentra cada vez más en el centro tanto de los creyentes propiamente dichos como de las nuevas "religiones sin Dios" es la búsqueda de la plenitud psicológica del sujeto. Lo que da valor a la religión no es ya su posición de verdad absoluta, sino la virtud que se le atribuye de propiciar el acceso a un estado ontológico superior, a una vida subjetiva mejor y más auténtica. Naturalmente -conviene subrayarlo-, creer no es consumir: por inscribirse en la continuidad de una tradición, por buscar lo "esencial", lo divino y el sentido de la vida, el espíritu de la fe no puede confundirse con el espíritu pragmático del consumismo. También es verdad que la reafirmación actual de lo religioso se caracteriza por tener los mismos rasgos que definen al turbo consumidor experiencial:participación provisional, incorporación comunitaria libre, comportamientos a la carta, primacía del mayor bienestar subjetivo y de la experiencia emocional. 
En este sentido, el Homo religiosus parece mucho más la continuación del Homo consumericus por otros conductos que su negación. Como es lógico, no se trata de la disolución de lo religioso en el consumo: simplemente asistimos a la ampliación de la fórmula del supermercado hasta los territorios del sentido, a la penetración de los principios del hiperconsumo en el interior mismo del alma religiosa.
*
Extracto de La felicidad paradójica. Ensayo sobre la sociedad de hiperconsumo, de Gilles Lipovetsky,editado por Anagrama


17.2.14

Cuando te has agotado
en todas las búsquedas,
en todos les esfuerzos,
en todas las acsesis,
en todas las sadhanas...

Cuando estás deshecho
de todas las hechuras
y todos los programas
y todos los mandatos
que durante milenios
se han acumulado
con pretensiones de ley,
de camino, de religión o de sistema...

Cuando estás finalmente vencido,
ultérrimamente derrotado.
Cuando finalmente descubres,
primero con horror y luego con un júbilo
creciente que tus supuestos maestros desconocen,
que no hay nada, absolutamente nada
que puedas hacer para ESO.
Entonces y solo entonces
ESO se hace evidente
y sabes que siempre estuvo allí.
Que no te pertenece,
que no pertenece a ninguna escuela,
a ningún sendero,
a ningún camino,
a ningún maestro,
a ninguna filosofía
ni a ninguna religión.

Y  estás -por fin!-
jubilosamente Solo,
porque a nadie le interesa esa Verdad
que es totalmente gratis,
totalmente de todos,
totalmente accesible
siempre y para siempre,
que no se puede comprar
ni se puede vender,
que no se adquiere con  largas prácticas
ni en costosos seminarios,
que no requiere de alambicados rituales
ni de solemnes genuflexiones
ante ningún maestro venido o por venir...

ESO.
Que siendo Uno
no concibe ya ningún "otro".

Donde todo fluye
sin más opiniones ni comentarios.
Donde la necesidad queda desnuda,
reducida a su mínimo impulso natural.




 

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