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17.5.16


Harto de todo, de todos y todas




Dedicado a John Zerzan


Harto de haberlo visto casi todo y sobre todo y por encima de todo, y en especial dentro de todo, harto del progreso de los miserables, de los falsarios, de los insensibles, de los impiadosos, de los ignorantes, de los demasiado astutos, de los ladrones altamente exitosos, de los que se llevan todo por delante a fuerza de la voluntad de  aplastar todo lo que se les pone por delante.

Harto de correrme para dejar pasar a los otros, por cortesía, por piedad, por respeto, por esta putísima percepción profunda de las cosas y de la vida que me hace estar siempre atento a todo y a todos, a todos y a todas.

Harto de ver cómo se reproducen en mi país los degenerados seriales, los demócratas de mierda que se llenan la boca de democracias que te recagan la vida porque son tan mentirosas como todo lo demás que aparece en este mundo de mierda y de mierdas.

Harto de los ejércitos, de las milicias armadas y de las confederaciones generales de trabajadores.

Harto de mi país , harto de su gente que se lo banca todo y especialmente a los delincuentes que manejan el poder, los reputísimos oficialistas y la reputísima  oposición.
Harto de todos y de todas.

Harto de vivir hora tras hora día tras día años tras año con los puñeterísimos heraldos negros que mi amado Vallejo logro vomitar de una sola vez y que yo tengo que regurgitar cada puñetero día de esta puñetera existencia de percepciones tan profundas como insoportables.

Harto del orgullo gay y del odio de los homofóbicos.

Harto de las feministas y de los machistas.

Harto de los golpeadores de mujeres y de las mujeres que se dejan golpear.

Harto de vivir Procesado en el Castillo y de ser un Gregorio Samsa terminal que no acaba de ser finalmente aplastado.
Harto de ser Franz Kafka.

Harto de no poder terminar este partido de 7 a 0, conociendo el resultado y obligado a jugar en campo contrario con leyes contrarias y arbitrarias, sempiternas, con las que no tengo nada que ver y de las que no puedo escapar, obligado a jugar hasta el final sin solución de continuidad.

Harto de los científicos de mierda que cooperan con el sistema que destruye el planeta, del sistema que lo envenena todo, y que envenena también a todos y a todas.

Harto de la vivisección al supuesto servicio de la ciencia. 
Harto de la ciencia con sus pretensiones de verdad absoluta que ha venido a ocupar el lugar de todas las religiones organizadas, de las que estoy particularmente harto.

Harto de todos los dioses que programan, que castigan, que regulan, que mutilan. Harto de todos los dioses falsos que  usurpan el  lugar del único Dios verdadero del Amor.

Harto de los policías y los jueces, y de todos los gobernantes. Harto de todos los estados. Harto de los funcionarios y de los empleados públicos. Harto de los supuestos docentes que enseñan lo que no han aprendido y pretenden incorporar esa ignorancia a las pobres criaturas inermes en manos del estado, de los maestros y de sus padres. 
Harto de los padres que programan con toda la basura de este sistema de mierda a las pobres criaturas.

Harto del dinero, de los bancos, de las bancas, de las bolsas de comercio, de las uniones industriales y de los empresarios honorables que sostienen el sistema junto con todos los idiotas funcionales por debajo de la gran pirámide de mierda de este mundo mentiroso y miserable..

 Harto de los que mandan y de los que obedecen.

Harto de los autómatas con forma humana que se arrogan el poder de mandar sobre el resto de las criaturas del planeta sin otro derecho que el poder de su brutalidad mecanizada.

Harto de los diputados, los intendentes, los concejales. En particular de los diputados y diputadas con su cohorte de asesores: todos ladrones despreciables al servicio de sus propios intereses.

Harto de las democracias y de las dictaduras. De los que mandan a votar y de los que votan.

Harto del sacrosanto sufragio universal que sostiene la universal estupidez.

Harto de los “Servicios”, de las agencias de inteligencia sin Inteligencia ni consciencia.

 Harto de los asesinos de ballenas, delfines y sirenas.

 Harto de los pedófilos y los pornógrafos mediatizados.

Harto de las farmacéuticas, de las  agroquímicas, de las mineras, de las industrias alimenticias y de las petroleras.

Harto de los depredadores universales trabajando en concomitancia con todos los que manejan el poder establecido en este mundo vergonzoso y miserable.

Harto, harto.

Harto.

Harto de todo.

Harto de todos y de todas.

Manuel Gerardo Monasterio
Jardines d Prometeo
2012

25.10.12




El 8 de septiembre de  2006 publiqué en mi extonto Foro Planetario el siguiente Editorial, que relataba el atropello de Luis D'elía. La atmósfera mental de intolerancia y violencia continúa vigente en quienes se han apropiado del poder en nuestro país, por lo que el arrtículo resulta aún pertinente.

M.G.M, Octubre 25 2012 


Douglas Tompkins en el reino del revés


Mientras las teorías conspiracionistas de apropiación de los territorios nacionales por parte de supuestas corporaciones internacionales, enturbian el discurso colectivo y alimentan el imaginario paranoico de las mayorías -la gleba que pasó de la esclavitud bajo el señor feudal a la descerebralización final bajo el yugo feliz del consumismo tecnocrático-, los sátrapas de turno continúan haciendo negocios millonarios, entregando tierras al mejor postor, sin el más mínimo control ni regulación fidedigna de protección ecológica. Y mientras tanto utilizan como cortina de humo la figura de alguno que, seguramente, no “cooperó” con ellos lo suficiente.

Argentina es un paraíso extraño. Despampanante delirio surrealista donde los hombres pensantes son perseguidos y los microcéfalos entronizados.

El magnate estadounidense Douglas Tompinks ha sido sistemáticamente demonizado porque cometió el atropello de pretender que miles de hectáreas de maravillosas tierras vírgenes bajo las que bullen cientos de miles de litros de agua potable, podían ser preservadas como reserva planetaria.

Bajo la sombra de los millones de argentinos que no saben, están ausentes o no contestan, un antropoide desaforado –espécimen arquetípico de la raza de neandertales, tardíos pero numerosos, que aún medran y mandan en los umbrales del Siglo XXI- irrumpe en las tierras de Tompkins en una suerte de “recuperación” comunitaria…


Podemos estar tranquilos. Los campos argentinos no quedarán nunca bajo el poder y la mirada de “ecologistas extremos” que sin duda ocultan “diabólicos” planes, el super-funcionario Luis D’Elía se encargará de evitarlo. No hay duda de que D’Elía pondrá nuevamente esas tierras –y muchas otras- en manos de aquellos verdaderamente “capacitados” para preservarlas a la altura de las necesidades ecológicas y planetarias que este dramático tiempo globalizado nos exige…



Las leyes y los poderes que se aplican por estas latitudes, son extrañas. Así como un progenitor que no cuida adecuadamente a sus hijos, podría ser legalmente despojado de sus derechos sobre ellos, los que no tratan adecuadamente la tierra y sus recursos, deberían perder sus derechos sobre ellas, los que podrían pasar a quienes están capacitados para hacerlo. Se prioriza aqui el derecho de la criatura inerme frente a la falta de responsabilidad de su guardador natural, como debería priorizarse -y aún con mayor rigor y celo- a la tierra que nos sustenta y nos cobija y sin cuyos recursos desapareceríamos junto con el resto de las especies de este maravilloso planeta, que pareciera haber tenido la desgracia de albergar al mono equivocado.

Douglas Tompkins cometió el pecado de comprar esas tierras con el objetivo de convertirlas en una reserva. Si estuviera construyendo fábricas contaminantes y generando más negocios, seguramente no hubiera sufrido el atropello al que se ha visto expuesto en estas tierras tan extrañas.

Douglas Tompinks debe, sin duda, tener "oscuras" intenciones...Los que viven motivados únicamente por la codicia y el afán de beneficio personal ilimitado no pueden creer que exista un millonario que sea tan "idiota" como para desear hacer algo por el planeta antes de abandonarlo.

¿Y cómo van a terminar, finalmente, esas tierras? ¿Quién las va a comprar o a explotar más adelante? ¿De qué mejor manera van a ”servir” al patrimonio nacional o a las necesidades de las mayorías?

¿Quién está mejor capacitado para preservar esos recursos, que deben beneficiar, no sólo a las generaciones presentes y futuras sino al ecosistema, Douglas Tompkins o Luis D’Elía?

Que cada uno saque sus propias conclusiones. Hasta que el destino que venimos forjando cada día -a horcajadas de la indiferencia. la locura, la ignorancia y el espanto- finalmente nos alcance.


Manuel Gerardo Monasterio

31.8.12


Publicado por primera vez en Foro Planetario el 12 / 12 / 2005 (se vuelve a publicar por cuanto permanece tristemente vigente)


Hace muchos años Julien Benda escribio una obra titulada “La traición de los intelectuales”. Difícilmente podría tener más vigencia ese título, hoy, en América latina, donde la clase intelectual se encuentra en buena parte entregada al ocio y a la ejemplar trivialidad, viviendo a sueldo de los estados –corruptos casi por definición-, disfrutando de cuanta prebenda les caiga en mano y evitando de todas las maneras posibles cualquier gesto, o palabra, o movimiento que pudiera ser confundido de alguna manera con un reflejo de actividad mental al servicio de algo más que no sea la satisfacción de su vanidad personal o su seguridad económica, conseguido todo ello a expensas del soslayamiento constante de los temas verdaderamente esenciales de los aplastados pueblos que malviven por estas latitudes. La gran mayoría de quienes no encajan en esta vulgar nómina de proxenetas de la explotación y la mentira, se encuentran ya sea bajo tierra, o casi a medio enterrar, bajo el polvo apabullante de la indiferencia y el silencio. Voces clamantes en el desierto de las almas que yacen a su vez bajo el ambiguo yugo del consumismo voraz que el capitalismo avanzando ha impuesto sobre el planeta con fuerza de ley. Bajo lemas ridículos lanzados como tablas mosaicas sobre las devastadas mentalidades contemporáneas, marcha la sociedad posmoderna, vaciada de interioridad, bailando al son de la musiquilla ESENCIALMENTE enclenque, pero hipnótica, de los Fukuyama, los Sorman, los deconstructivistas, pseudo-foucaultianos –Foucault era algo más que eso- nihilistas a la violeta – que harían palidecer a Bakunin- y cuanto descerebrado anda suelto...Con el gracioso agravante de que la mayoría de los descerebrados han sido soltados, como una manada de vacas -o una recua de cerdos- en medio de los congresos, los senados y los ministerios públicos. Más que la nave de los locos, es esta la nave de los imbéciles que, desgraciadamente, no va a la deriva, sino que lleva rumbo puesto a la disolución del último vestigio de pensamiento racional y coherente, ya que no sólo “Dios ha muerto”, sino que se ha descubierto que el hombre también ha fallecido, y ahora sólo quedan los fantasmas, danzando  en medio de las ruinas neurológicas de unas sociedades que parecen haberse confabulado para aniquilar, progresivamente, todo resto de actividad organizada de la corteza cerebral. El cerebro reptiliano manda, con destellos de una región límbica modificada por el bombardeo de ansiolíticos y antidepresivos repartidos como caramelos por una clase médica también entregada – hace ya mucho tiempo- a las exigencias de los laboratorios y las corporaciones transnacionales. Benzodiazepinas e inhibidores de la recaptación de serotonina ocupan hoy el lugar de la introspección, la contemplación, la meditación y la autoobservación, en  medio de la pereza colectiva, del sueño eterno de un homo sapiens que no sapiens, sino que “dormis”...Y el homo-dormis domina la tierra, mientras esta se incendia bajo el fuego de los deshechos químicos, la polución generalizada y la cultura del despilfarro elevada al rango de dogma religioso.
La agonía del hombre medianamente despierto en medio de este pabellón de ciegos, sordos y mudos es un suplicio de Tántalo que desafía, por momentos, la mas frondosa imaginación.
La creciente marea de suicidas –niños,hombres y mujeres- es resultado consubstancial de este sistema abominable que con mano de hierro aprieta las consciencias, que ya no encuentran otra salida para comunicarse que hacerlo de esa manera horrorosa y teminal.
Y se autoinmolan, en medio del ruidoso silencio que puebla la masacrada mentalidad de los restos fósiles de una humanidad... que aún respira. Y todavía nos es dado escuchar a los que proclaman el 2012, como año del fin, y quien sabe, de un nuevo Principio. Quizás esperan una catástrofe más “llamativa” que este Cataclismo de la consciencia que ya se ha abatido sobre la humanidad desde mucho antes.

Manuel Gerardo Monasterio, 12/12/2005
 

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