Mostrando entradas con la etiqueta cristianismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cristianismo. Mostrar todas las entradas

13.10.23

 Para definir la historia humana podemos aplicar literalmente la frase de Shakeaspeare en Macbeth:

"It is a tale told by an idiot, full of sound and fury, signifying nothing.”
Desde las alturas de la Razón en las que habita quien no haya vivido en vano, no hay nada más para decir.
Salvo, quizás, una pequeña posdata: de todos los horrorosos dioses y religiones que ha concebido la humanidad bajo la influencia de las fuerzas invisibles que son las que la controlan y dominan desde siempre, lo que yo he llamado La Triple Calamidad Monoteísta es decididamente la más siniestra y repugnante de todas.
"The Rest is Silence"
Manuel Monasterio

17.5.20




Mientras los genuinos Cristianos se aprestan a dar una vez más Testimonio de Cristo, y están dispuestos a entregar sus cuerpos, que son del mundo, en la Guerra Santa que ya ha ha comenzado, el Papa de Roma se inclina ante los dioses del mundo. El Papa pide vacunas para todos, el Papa abraza el Nuevo Orden Mundial regido por los que aborrecen a Cristo y niegan la Presencia Divina en el Hombre, y se ufanan diciendo que no hay alma, que la Consciencia está en el cerebro, que el hombre no es más que un acontecimiento casual de intercambios físico-químicos...Y cuando digo Testimonio, utilizo la palabra original que define a los Mártires, que son ni más ni menos que Testigos de Cristo, en la vida y en la muerte. No haremos como tú, Papa Inversus, no hay negociación posible para nuestras almas con los poderes de este mundo.
No diré más, el apóstata abominable (protector de pedófilos, que como él, son hijos de la oscuridad y mancillan la Inocencia) no merece ni una palabra más de quien esto escribe....Le cedo ahora la palabra a Antonin Artaud, que le escribió a otro Papa, de una manera que le cabe al Papa actual mejor que a cualquier otro Papa...


“Tú no eres el confesionario, ¡oh Papa!: nosotros lo somos.
Compréndenos y que los católicos nos comprendan.
En nombre de la Patria, en nombre de la Familia, impulsas a la venta de las almas y a la libre trituración de los cuerpos.
Entre nuestra alma y nosotros mismos, tenemos bastantes caminos que transitar, bastantes distancias que salvar para que vengan a interponerse tus tambaleantes sacerdotes y ese cúmulo de aventuradas doctrinas con que se nutren todos los castrados del liberalismo mundial. A tu dios católico y cristiano que -como los otros dioses- ha concebido todo el mal:
1. Te lo has metido en el bolsillo.
2. Nada tenemos que hacer con tus cánones, índex, pecados, confesionarios, clerigalla; pensamos en otra guerra, una guerra contra ti, Papa, perro.
Aquí el espíritu acepta confesarse ante el espíritu.
De la cabeza a los pies de tu mascarada romana, triunfa el odio a las verdades inmediatas del alma, a esas llamas que consumen el espíritu mismo. No hay Dios, Biblia o Evangelio, no hay palabras que puedan detener al espíritu.
No estamos en el mundo. ¡Oh, Papa confinado en el mundo!, ni la tierra ni Dios hablan de ti.
El mundo es el abismo del alma, Papa contrahecho, Papa ajeno al alma; déjanos nadar en nuestros cuerpos, deja nuestras almas en nuestras almas; nosotros no necesitamos tu cuchillo de claridades.”
Antonin Artaud, 1925


22.5.16

El consumo sin freno
Por Gilles Lipovetsky
La felicidad paradójica. En este adelanto del más reciente libro en español de Lipovetsky, el ensayista francés adentra en las razones del consumismo y cómo ha cambiado a la sociedad
(2 diciembre 2007).-
 Los grandes almacenes, en el siglo XIX, inventaron el "ir de compras" como nuevo entretenimiento y crearon en las clases burguesas la necesidad irresistible de consumir. Más tarde se concibió que el célebre five dollars day de Ford fuese la puerta por la que el obrero accediera a la categoría de consumidor moderno. En los años veinte, la publicidad estadounidense se dedicó a dar forma a un consumidor adaptado a las nuevas condiciones de la producción en serie. El sistema de créditos, en estos mismos años y luego en la posguerra, permitió desarrollar una nueva moral y una nueva psicología por lasque ya no era necesario economizar primero y comprar después. Nadie opinó en contra: el éxito fue total, ya que la "domesticación" para el consumo moderno fue más allá de todas las previsiones.En efecto, ya no hay normas ni mentalidades que se opongan frontalmente al despliegue de las necesidades monetizadas. Todas las inhibiciones, todas las defensas "retrógradas" se han eliminado; sólo quedan en la palestra la legitimidad consumista, las incitaciones al goce del instante, los himnos a la felicidad y a laconservación de uno mismo. El primer gran ciclo de racionalización y modernización del consumo ha terminado: ya no queda nada que abolir, todo el mundo está ya formado, educado, adaptado al consumo ilimitado. Comienza la era del hiperconsumismo cuando caen las antiguas resistencias culturales, cuando las culturas locales no representan ya ningún freno al gusto por las novedades. La fase III es esta civilización enque el referente hedonista se impone como evidencia, en que la publicidad, las distracciones, los cambios continuos de ambiente se "introducen en las costumbres": el neoconsumidor no se desplaza ya sobre un fondo de cultura antinómica.

La espiritualidad consumista

Ni siquiera la religión representa ya una fuerza de oposición al avance del consumo-mundo. A diferencia de lo que ocurría en el pasado, la Iglesia no pone ya por delante las ideas de pecado mortal, no exalta ya el sacrificio ni la renuncia. El rigorismo y la culpabilización se han atenuado mucho, lo mismo que los antiguos temas del sufrimiento y la mortificación. Mientras las ideas de placer y deseo se desvinculan del "pecado", la necesidad de cargar con la propia cruz ha desaparecido. No se trata ya tanto de inculcar la aceptación de las adversidades sino de responder a las decepciones de las mitologías seculares, que no han conseguido mantener sus promesas de aportar la dimensión espiritual necesaria para la plenitud de la persona. De ser una religión centrada en la salvación de ultratumba, el cristianismo ha pasado a ser una religión al servicio dela felicidad mundana que pone el acento en los valores de la solidaridad y el amor, en la armonía, la paz interior, la realización total de la persona. Por donde se ve que somos menos testigos de un "retorno" de lo religioso que de una reinterpretación global del cristianismo, que se ha adaptado a los ideales de felicidad,hedonismo, plenitud de los individuos, difundidos por el capitalismo de consumo: el universo hiperbólico del consumo no ha sido la tumba de la religión, sino el instrumento de su adaptación a la civilización moderna dela felicidad en la tierra.Cuando domina una concepción mundana y subjetiva de la salvación, aparece al mismo tiempo la comercialización de las actividades religiosas y pararreligiosas, ya que los individuos necesitan encontrar "e nel exterior" medios para consolidar los universos de sentido que la religión institucional no alcanzaba ya a construir.
En ninguna parte es tan manifiesto el fenómeno como en la "nebulosa místico-exotérica" y los medios que asumen la "New Age". En este feudo se multiplican las librerías especializadas y salas de exposición, toda una oferta comercial hecha de talleres con gurú, centros de desarrollo personal y espiritual,cursillos de zen y yoga, talleres sobre las "chakras", consultas con el "médico espiritual", cursos de astrología y numerología, etcétera. Mientras las obras de religión y las novelas espirituales se convierten en éxitos deventas, muchos editores invierten en este nuevo segmento del mercado en expansión. En la sociedad de hiperconsumo, incluso la espiritualidad se compra y se vende. Si es verdad que la reactivación posmoderna de lo religioso expresa cierto desencanto del materialismo de la vida cotidiana, también lo es que el fenómeno es cada vez menos ajeno a la lógica comercial. Es la espiritualidad convertida en mercado de masas,producto para comercializar, sector que organizar y promover. Lo que constituía un cortafuegos para el desenfreno de la mercancía se ha metamorfoseado en palanca de su propagación. La fase III es la que ve difuminarse el espacio que hay entre el Homo religiosus y el Homo consumericus.Al mismo tiempo, con el debilitamiento de la capacidad organizadora de las instituciones religiosas como telón de fondo, la tendencia general es a la individualización del creer y el obrar, a la afectivización y relativización de las creencias. 

Actualmente, incluso la espiritualidad funciona en régimen de autoservicio, en la expresiónde las emociones y los sentimientos, en las búsquedas originadas por la preocupación por el mayor bienestar personal, de acuerdo con la lógica experencial de la fase III. Lo que se encuentra cada vez más en el centro tanto de los creyentes propiamente dichos como de las nuevas "religiones sin Dios" es la búsqueda de la plenitud psicológica del sujeto. Lo que da valor a la religión no es ya su posición de verdad absoluta, sino la virtud que se le atribuye de propiciar el acceso a un estado ontológico superior, a una vida subjetiva mejor y más auténtica. Naturalmente -conviene subrayarlo-, creer no es consumir: por inscribirse en la continuidad de una tradición, por buscar lo "esencial", lo divino y el sentido de la vida, el espíritu de la fe no puede confundirse con el espíritu pragmático del consumismo. También es verdad que la reafirmación actual de lo religioso se caracteriza por tener los mismos rasgos que definen al turbo consumidor experiencial:participación provisional, incorporación comunitaria libre, comportamientos a la carta, primacía del mayor bienestar subjetivo y de la experiencia emocional. 
En este sentido, el Homo religiosus parece mucho más la continuación del Homo consumericus por otros conductos que su negación. Como es lógico, no se trata de la disolución de lo religioso en el consumo: simplemente asistimos a la ampliación de la fórmula del supermercado hasta los territorios del sentido, a la penetración de los principios del hiperconsumo en el interior mismo del alma religiosa.
*
Extracto de La felicidad paradójica. Ensayo sobre la sociedad de hiperconsumo, de Gilles Lipovetsky,editado por Anagrama


4.10.15



Publicado en Foro Planetario el 13 de Marzo de 2006






Sólo quienes sean capaces de encarnar la utopía serán aptos para el combate decisivo, el de recuperar cuanto de humanidad hayamos perdido.

Ernesto Sábato


“Es mejor ser violentos, si hay indolencia en nuestro corazón, que ponernos el manto de la no-violencia para cubrir nuestra impotencia”


Gandhi





Estoy escuchando a Malcom X, con su estentórea y poderosa voz resonando a pesar de haber sido brutalmente llamada a silencio hace ya muchos años. Pero la voz de Malcom X no puede ser silenciada mientras haya vida humana sobre este planeta. Es una voz que parte del centro mismo de la condición esencial del hombre. Una condición que no puede ser silenciada a pesar de todos los esfuerzos organizados en ese sentido a lo largo de los siglos.
Africa, cuna del hombre, ha sufrido y sufre penurias indecibles bajo la mirada “benevolente” de cuanta organización mundial existe desde las Naciones Unidas para abajo. Allí van todos a purgar su conciencia. Es un excelente campo de deportes para los necesitados de hacer penitencia. Mientras otros colegas de religión y de raza inventaron y diseminaron el Sida por todo el continente negro al tiempo que Africa misma es un enorme campo de experimentación para los laboratorios multinacionales.
Es difícil vivir y ser Hombre. Es difícil. Duele y averguenza.


“¿Qué diferencia representa para los muertos, los huérfanos y los indigentes, que la salvaje destrucción se realice en nombre del totalitarismo o del sagrado nombre de la libertad o la democracia?”


Gandhi




Mientras tanto Papá Bush habla del eje del bien y del mal. Y los líderes musulmanes quieren armarse con la bomba atómica...Y entonces, el hombre medio se encuentra ante la terrible disyuntiva de tener que estar en esta ocasión del lado de Papá Bush y su comparsa mundial de asociados. Ya es suficiente tragedia que algunos países tengan la bomba atómica, lo único que nos falta para la catástrofe final es que más países la adquieran....En particular naciones que viven bajo el signo de un fundamentalismo absoluto. Y estamos aplastados entre el fundamentalismo del dinero y el fundamentalismo de la religión dogmática. Y el odio. Un odio que, parafraseando a mi hermano José Alberto Alfonsi, aún no termina de encontrar su cauce (“El odio es un amor que aún no ha encontrado su cauce” J.A.Alfonsi)

No hace falta ser muy lúcido para darse cuenta de que, como tantas veces en la historia, no se trata de una guerra entre “buenos y malos”. Es difícil encontrar a los “buenos” en esta contienda. Poca bondad se observa en cualquiera de los bandos.

Antes este panorama desolador, la mayor parte de la gente, abatida, se dedica a pensar sólo en sí misma y en su familia, autocentrados y abstraidos de la totalidad, bajo la ilusión de que no hay nada que puedan hacer para modificar la situación global. Pero, ¿qué pasaría si la enorme mayoría de la gente “de a pie” se levantara una mañana con la monolítica aspiración de no seguir más adelante con esta sangrienta farsa? Si se dedicaran sólo a decir NO, todos a la vez...
Los que llevan la nave mundial hacia el desastre no tienen el poder que la gente les atribuye. Su poder no es en realidad más que el resultado de la inercia, de la ignorancia y la abulia colectiva.
El mayor de los males es mirar, pasivamente, como hacen el mal los que gobiernan


“La indolencia es un estado delicioso pero pertubador. Debemos hacer algo para ser felices”


Gandhi



Salir de la inercia exige una “Metanoia”, es decir, un cambio radical de mente. Que es en realidad la palabra que en el evangelio se traduce algunas veces erróneamente como “arrepentimiento”. No es arrepentirse, es no volver jamás a repetir lo mismo porque se ha producido un cambio radical en la conciencia. La verdadera revolución de la conciencia. Esa, y no otra, es la madre de todas las utopías. Que una vez alcanzada, nos abre las puertas a todas las otras, que a partir de allí dejan de ser utopías para convertirse en realidades posibles. Si la mayoría de la humanidad decidiese “parar el mundo” hasta lograr un cambio radical hacia un bien mayor, el mundo se transformaría a imagen y semejanza de ese pensamiento inamovible. Pero para eso hay que salir del narcisimo colectivo para el que se nos educa en la sociedad del consumo y del despilfarro. Hay que tomar conciencia de la Unidad, autorregular la codicia, y tomar conciencia que ningún bien genuino y duradero puede devenir de fundar el supuesto crecimiento de la propia existencia en el sufrimiento del prójimo, bajo cualquier forma que esto se emboce.
Y este mensaje es bastante más antiguo que la “nueva era”.
Es, precisamente, lo que enseñaba alguien al que citan y nombran la mayoría de los gobernantes de esa sociedad occidental que lidera el camino de la humanidad hacia su catástrofe final. Ese mensaje original, claro, inconfundible, fue convertido en esa suerte de trasvestismo letal que se fue dando a conocer como cristianismo organizado.
Aquel Hombre también dijo: “No se puede servir a Dios y a mamón”. Para los que no tienen claro lo que “mamón” significa, un sacerdote muy culto en las escrituras, que se llamó Leonardo Castellani, lo puso en lenguaje vernáculo para que de una vez por todas nadie vuelva a confundirse: “No se puede servir a Dios y al patacón inmundo” ("patacón" es la moneda, el billete)

Que cada cual siga haciendo con su prójimo lo que su conciencia le dicte, y que se haga cargo luego de las consecuencias de sus actos. Pero por favor, aunque más no sea por una vez, abandone la hipocresía de llamarse “cristiano” quien no se empeñe en poner en práctica en su vida cotidiana la palabra viviente de Jesucristo.


12.1.15

"Ego Sum Vox Clamantis in Deserto"

Tantas veces nos ha ocurrido que ya hemos perdido la cuenta.

Hace años que prevenimos sobre este mal.
La pseudodemocracia y los "derechos" humanos pésimamente interpretados han llevado a lo que comienza, y aún traerán muchos males mayores.

Un viejo adagio chino prevenía sobre no pretender hablarle de poesía a un espadachín que ha desenvainado.

Lo mismo podría decirse acerca de pretender razonar con un fanático religioso cuya doctrina misma invita a la matanza de quienes no comparten su fe.

Europa se ha corrompido, está senil y babosa.
Ha perdido el rumbo y el sentido....
Como una buena parte del mal llamado "Occidente Cristiano".

O quizás todo sea más retorcido, y quienes detentan el poder esperaban tener la excusa para masacrar a una buena porción de la humanidad con intenciones eugenésicas abyectas e hipócritamente sustentadas.

Cuántas veces quien esto escribe ponderó la honestidad de los jerarcas del Nacional Socialismo, quienes dijeron siempre de frente y sin ambages cuales eran sus intenciones!

Este Occidente abaratado y sórdido, dirigido por Sudras y Parias -descastados morales encumbrados por imperio de la ignorancia universal- pretende defender otros valores...Y no conoce más valor que el de la plutocracia y el hedonismo infame de la sociedad de consumo que se consume a la humanidad...En pos de "la libertad, la fraternidad y la igualdad"...

Tiempos difíciles para las minorías con un poco más de evolución cortical, que observan el siniestro panorama desde las catacumbas de la indiferencia universal.

27.9.12





Es evidente que uno va a contrapelo de estos tiempos: de sus éticas y sus estéticas.

“Gran película”, “una de las candidatas para enviar al Oscar”, son algunos de los comentarios que se leen de la película de Pablo Trapero, “Elefante Blanco”.

Si uno ha dedicado casi dos horas de su existencia a mirar una película, considero que tiene derecho de juzgarla como su criterio mejor lo disponga.

Quizás tenga la desgracia de conocer algo acerca de lo que esta película intenta describir…Los curas villeros, el Padre Mugica y su sombra, y la miseria absurda de algunos lugares del Siglo XXI que contradicen la idea sobrevalorada que la mayoria parece tener acerca de la civilización y de sus avances tecnológicos.

El señor Trapero ha pretendido describir algo que él –no tengo  duda al respecto- no comprende. Es más, no tiene la menor idea de eso que pretende describir.

No hay un solo momento de estatura, de profundidad, de comprensión de lo que representa el fenómeno Cristiano de “dar la vida por y para los pobres”.
 La única “intimidad” que Trapero nos muestra es la de una escena completamente inncesaria –pero tal vez indispensable para un director que no tiene nada ni fuera ni debajo de la manga-en la que un pobre diablo disfrazado de cura mantiene relaciones sexuales con una asistente social. Y eso es casi todo lo que Trapero tiene para decir de los sacerdotes “tercermundistas” –cualquier cosa que este apelativo pueda ya significar-.

 El cura en cuestión es un belga, relativamente joven aún, que parece estar tan a gusto y con tanta comodidad en su rol de sacerdote como un perro en un bote o un desventurado turco en la neblina.

En un extraño momento que supone ser de ternura entre los dos curas –ahora agregado el principal protagonista, Ricardo Darín- el curita más joven llora por algún ignoto pecado o abandono de su pasado, que desconocemos, y del que nunca nos enteraremos. Lo único que nos dice el libreto es que está perdido y que intenta paliar su vacío existencial sin rumbo intercambiando vanas secreciones con otra pobre desesperada que también, como él, vive remando al pedo en un mar de dulce de leche.

Sabemos muy bien lo que son las villas. Pero conocemos también la profundidad del Evangelio y el martirio de los fieles que están dispuestos a cumplir con el mandato de Jesucristo hasta el fin.

Pero esta película parte de una mirada izquierdosa y barata, remanida, demodé, muy de una Argentina con pretensiones intelectuales que no alcanzan ni para hacer una película que resulte profunda, interesante, y muchísimo menos remotamente entretenida o atractiva. 
Sí, ya sé que Trapero no nos quiere entretener, nos quiere mostrar lo que él considera que son las villas de los curas villeros. Tal vez nos quiera espantar, y lo logra sin duda, pero por razones diferentes a las que posiblemente haya pretendido.

Trapero no tiene idea de quien fue Mugica, eso es evidente. Por supuesto que tampoco conoce, ni lo que es un genuino sacerdote, ni lo que es el Evangelio llevado a la práctica hasta las últimas consecuencias. Porque las últimas consecuencias no son morir como un perro a manos de un policía pelotudo en una escena que, como el resto de la película de principio a fin, no tiene el más mínimo gollete.

Pido disculpas por mi lenguaje vulgar, pero esta película tiene todo lo que desborda del posmodernismo que nos toca vivir y que me resulta despreciable hasta los límites últimos de una tolerancia que ya no tengo para toda esta porquería que nos quieren seguir vendiendo como "progreso"…
Los llamados “artistas” de hoy en día siguen colgados de una suerte de dadaísmo nihilista del que no salen –o no pueden o no quieren salir- ni para atrás ni para adelante.

Qué le vio Ricardo Darín a esta propuesta?
Tal vez necesitaba plata? No tiene pinta.
A lo mejor piensa como Trapero…Quién sabe…

Argentina viaja a la deriva como esta película, con esa misma estética y esa misma ética. De la nada hacia la nada para nada.

Como oscuro consuelo podemos decir que el resto del mundo, cada día se parece más a Argentina. 
Todos se va emparejando hacia el fondo.

Finalmente, parece que Trapero conoce mucho mejor el mundo de su anterior película: “Carancho”.

En cuanto a “Elefante Blanco”, el director, para mí, se ha ganado otro nombre que podría agregar al suyo, algo que tendrá seguramente más sentido para los viejos como yo, que solíamos escuchar hace mucho, en el barrio, el cantito casi cotidiano de “trapero…botellero”…






12.8.12

Una vez, hace mucho tiempo, le preguntaron a alguien:

-¿Cree usted que haya verdaderos ateos?

Y la respuesta fue:

¿Y usted cree que haya verdaderos cristianos?

¿Creen ustedes que el mundo sería lo que es, si todos los que se autodenominan "cristianos",
lo fueran verdaderamente?
 

Copyright 2010 Tristario.

Theme by WordpressCenter.com.
Blogger Template by Beta Templates.