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22.6.24

 Me encuentro escribiendo esta nota con el funambulesco ruido de fondo procedente de la muchedumbre que aguarda a que Javier Milei comience a hablar en España.

No hay duda de que estamos presenciando los últimos estertores del criterio racional y el pensamiento crítico, no solo en Argentina, sino en todo el mundo.

El grito de "¡Viva la libertad, carajo!" acompaña el derrumbe catastrófico del humanismo a manos de las hordas de trogloditas que descienden, no ya de los árboles, sino de las redes sociales, los videojuegos y el desierto neuronal que ha quedado luego del avance demoledor del posmodernismo tecnológico que ha caído sobre los restos de una cultura que venía ya moribunda por efectos del mercantilismo de consumo que lo ha devorado todo.

Discursos rebosantes de palabras talismán utilizadas como amuletos hipnóticos y una completa ausencia de fundamentos y matices. ¿Libertad? ¿A qué libertad se refiere? ¿Libertad de maniobra? ¿Libertad de disponer de los cuerpos tal cual se le venga en gana, como si todo fuera un producto más en el mercado de la oferta y la demanda?

Javier Milei es el epítome de una época de decadencia terminal de los valores y de demolición de la actividad cortical.

Todo se rige por eslóganes, insultos, alaridos, provocaciones, confrontación, deslegitimación de los otros, autorreferencias, plagios y una superficialidad que daría risa si acaso no proviniera de un palurdo dictatorial que ostenta el devaluado título de presidente de la nación y que ejerce su función a la manera de un emperador romano.

Todas estas nimiedades horrorosas transcurren dentro del marco mayor de un mundo que se encamina hacia una confrontación global bajo el imperio de las pasiones más nefastas desatadas como un vendaval que amenaza con arrasar lo que dimos en llamar con cierta soberbia ingenuidad, "civilización occidental".

Ciertamente, desde la perspectiva de la Realidad, todo esto es una ilusión...¿Pero acaso no hubiéramos podido cooperar para tener una ilusión un poco más amable?

"Sic Transit Gloria Mundi." 





8.4.24

 Triste tierra nuestra. 

Finalmente, solo hemos podido gestar a un energúmeno monumental que se ufana de llevar adelante "el ajuste más grande de la humanidad".

Si no supiéramos que se trata del panorama real, no dudaríamos en afirmar que se trata de una siniestra obra de ficción.

La gente esta groggy. Aturdida por los desmanes sufridos durante años, sin reacción, y esperando la seguidilla de trompazos que terminen en el inevitable knock out.

Esa es la única forma de explicar que continuemos tolerando al energúmeno con su pandilla de pícaros y delirantes, y a una supuesta oposición siempre funcional a cualquier poder que le permita seguir con su latrocinio personal.

Nuestra inveterada dificultad para el diálogo social ha culminado en esta cumbre descomunal de narcisismo, intemperancia y brutalidad.

Desgraciadamente, esta no es más que la crónica de un desastre ya previsto: del degenerado del 2015, al tarado del 2019, no podíamos derivar más que en este loco rabioso que ha decidido llevarse todo por delante...Todo, menos los grandes poderes financieros a los que sin duda sirve fielmente.

Milei está arrojando al bebé junto con el agua sucia en el que se lo ha bañado.

No es el hombre gris, sino el ángel exterminador.

Mientras esta bestia salvaje medra a su antojo en la casa rosada, algo quizás más ominoso todavía aguarda en las sombras: los restos macabros del Kirchnerato se preparan para volver una vez que el energúmeno caiga bajo el mismo peso de sus atrocidades. 

Lo único que puede salvar a este Titanic, es una catástrofe mundial, que tal vez no sea algo tan descabellado de pensar. 

Tristísimo panorama si nuestra única salvación como nación reside en una horrorosa debacle universal. 



 

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