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22.5.16

El consumo sin freno
Por Gilles Lipovetsky
La felicidad paradójica. En este adelanto del más reciente libro en español de Lipovetsky, el ensayista francés adentra en las razones del consumismo y cómo ha cambiado a la sociedad
(2 diciembre 2007).-
 Los grandes almacenes, en el siglo XIX, inventaron el "ir de compras" como nuevo entretenimiento y crearon en las clases burguesas la necesidad irresistible de consumir. Más tarde se concibió que el célebre five dollars day de Ford fuese la puerta por la que el obrero accediera a la categoría de consumidor moderno. En los años veinte, la publicidad estadounidense se dedicó a dar forma a un consumidor adaptado a las nuevas condiciones de la producción en serie. El sistema de créditos, en estos mismos años y luego en la posguerra, permitió desarrollar una nueva moral y una nueva psicología por lasque ya no era necesario economizar primero y comprar después. Nadie opinó en contra: el éxito fue total, ya que la "domesticación" para el consumo moderno fue más allá de todas las previsiones.En efecto, ya no hay normas ni mentalidades que se opongan frontalmente al despliegue de las necesidades monetizadas. Todas las inhibiciones, todas las defensas "retrógradas" se han eliminado; sólo quedan en la palestra la legitimidad consumista, las incitaciones al goce del instante, los himnos a la felicidad y a laconservación de uno mismo. El primer gran ciclo de racionalización y modernización del consumo ha terminado: ya no queda nada que abolir, todo el mundo está ya formado, educado, adaptado al consumo ilimitado. Comienza la era del hiperconsumismo cuando caen las antiguas resistencias culturales, cuando las culturas locales no representan ya ningún freno al gusto por las novedades. La fase III es esta civilización enque el referente hedonista se impone como evidencia, en que la publicidad, las distracciones, los cambios continuos de ambiente se "introducen en las costumbres": el neoconsumidor no se desplaza ya sobre un fondo de cultura antinómica.

La espiritualidad consumista

Ni siquiera la religión representa ya una fuerza de oposición al avance del consumo-mundo. A diferencia de lo que ocurría en el pasado, la Iglesia no pone ya por delante las ideas de pecado mortal, no exalta ya el sacrificio ni la renuncia. El rigorismo y la culpabilización se han atenuado mucho, lo mismo que los antiguos temas del sufrimiento y la mortificación. Mientras las ideas de placer y deseo se desvinculan del "pecado", la necesidad de cargar con la propia cruz ha desaparecido. No se trata ya tanto de inculcar la aceptación de las adversidades sino de responder a las decepciones de las mitologías seculares, que no han conseguido mantener sus promesas de aportar la dimensión espiritual necesaria para la plenitud de la persona. De ser una religión centrada en la salvación de ultratumba, el cristianismo ha pasado a ser una religión al servicio dela felicidad mundana que pone el acento en los valores de la solidaridad y el amor, en la armonía, la paz interior, la realización total de la persona. Por donde se ve que somos menos testigos de un "retorno" de lo religioso que de una reinterpretación global del cristianismo, que se ha adaptado a los ideales de felicidad,hedonismo, plenitud de los individuos, difundidos por el capitalismo de consumo: el universo hiperbólico del consumo no ha sido la tumba de la religión, sino el instrumento de su adaptación a la civilización moderna dela felicidad en la tierra.Cuando domina una concepción mundana y subjetiva de la salvación, aparece al mismo tiempo la comercialización de las actividades religiosas y pararreligiosas, ya que los individuos necesitan encontrar "e nel exterior" medios para consolidar los universos de sentido que la religión institucional no alcanzaba ya a construir.
En ninguna parte es tan manifiesto el fenómeno como en la "nebulosa místico-exotérica" y los medios que asumen la "New Age". En este feudo se multiplican las librerías especializadas y salas de exposición, toda una oferta comercial hecha de talleres con gurú, centros de desarrollo personal y espiritual,cursillos de zen y yoga, talleres sobre las "chakras", consultas con el "médico espiritual", cursos de astrología y numerología, etcétera. Mientras las obras de religión y las novelas espirituales se convierten en éxitos deventas, muchos editores invierten en este nuevo segmento del mercado en expansión. En la sociedad de hiperconsumo, incluso la espiritualidad se compra y se vende. Si es verdad que la reactivación posmoderna de lo religioso expresa cierto desencanto del materialismo de la vida cotidiana, también lo es que el fenómeno es cada vez menos ajeno a la lógica comercial. Es la espiritualidad convertida en mercado de masas,producto para comercializar, sector que organizar y promover. Lo que constituía un cortafuegos para el desenfreno de la mercancía se ha metamorfoseado en palanca de su propagación. La fase III es la que ve difuminarse el espacio que hay entre el Homo religiosus y el Homo consumericus.Al mismo tiempo, con el debilitamiento de la capacidad organizadora de las instituciones religiosas como telón de fondo, la tendencia general es a la individualización del creer y el obrar, a la afectivización y relativización de las creencias. 

Actualmente, incluso la espiritualidad funciona en régimen de autoservicio, en la expresiónde las emociones y los sentimientos, en las búsquedas originadas por la preocupación por el mayor bienestar personal, de acuerdo con la lógica experencial de la fase III. Lo que se encuentra cada vez más en el centro tanto de los creyentes propiamente dichos como de las nuevas "religiones sin Dios" es la búsqueda de la plenitud psicológica del sujeto. Lo que da valor a la religión no es ya su posición de verdad absoluta, sino la virtud que se le atribuye de propiciar el acceso a un estado ontológico superior, a una vida subjetiva mejor y más auténtica. Naturalmente -conviene subrayarlo-, creer no es consumir: por inscribirse en la continuidad de una tradición, por buscar lo "esencial", lo divino y el sentido de la vida, el espíritu de la fe no puede confundirse con el espíritu pragmático del consumismo. También es verdad que la reafirmación actual de lo religioso se caracteriza por tener los mismos rasgos que definen al turbo consumidor experiencial:participación provisional, incorporación comunitaria libre, comportamientos a la carta, primacía del mayor bienestar subjetivo y de la experiencia emocional. 
En este sentido, el Homo religiosus parece mucho más la continuación del Homo consumericus por otros conductos que su negación. Como es lógico, no se trata de la disolución de lo religioso en el consumo: simplemente asistimos a la ampliación de la fórmula del supermercado hasta los territorios del sentido, a la penetración de los principios del hiperconsumo en el interior mismo del alma religiosa.
*
Extracto de La felicidad paradójica. Ensayo sobre la sociedad de hiperconsumo, de Gilles Lipovetsky,editado por Anagrama


23.4.16

Creo en ti,
Bendito Hijo de la Misericordia Infinita
que nunca estuviste en el mundo,
porque el mundo es absolutamente 

ajeno a tu Divina Percepción

Que como nunca estuviste en el mundo,
jamás fuiste muerto en ninguna cruz,
ni estuviste jamás presente
en ninguno de los circos religiosos
que en su ignorancia reclaman tu representación
e invocan tu Santo Nombre

Creo en Ti,
que si pudieras ser consciente del mundo,
serías su principal enemigo.


Que si pudieras ser consciente del tiempo,
serías su principal enemigo.


Que si pudieras ser consciente
de la multiplicidad de las percepciones,
serías su principal enemigo.


Que si pudieras ser consciente
de la imbecilidad colectiva
enarbolada por las religiones organizadas,
serías su principal enemigo.


Que si pudieras ser consciente
de la familia nuclear matriarco-patriarcal
enfrentada con todas las demás familias
luchando todas unas contra otras
en pos del propio beneficio,
serías su principal enemigo.


Que si pudieras ser consciente
del capitalismo consumista
que ha convertido al hombre
en una mercancía en manos del hombre,
serías su principal enemigo.

Creo en Ti,
con toda la fuerza de mi corazón,
de mi alma y de mi vida,
en la certeza de que algún día mis ojos
verán solamente la Unidad en el Amor
que tus Divinos Ojos contemplan,
y dejarán por fin de llorar
con sufrimiento indecible,
ante la contemplación de tanto salvajismo,
de tanta depredación y  locura,
realizada alegremente por aquellos
que utilizan tu nombre,
mientras desgajan en pedazos el planeta
y se nutren de la sangre de su prójimo

Amén


Manuel Gerardo Monasterio

Publicado por primera vez en mi extinto Foro Planetario, 25/4/2005

8.6.14

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