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28.2.24


 

La Señora Bullrich ha lanzado su última burrada, es decir, la última hasta ahora, sin duda que vendrán muchas más, como es inevitable dada su naturaleza asnal.

"En Chubut no vine nadie, viven nada más un millón de guanacos".

¿Tendrá idea de lo que es habitar la Patagonia?

El sacrificio cotidiano frente a la inclemencia del clima, la soledad, el desierto.

Quizás la Señora Bullrich vería con agrado que los aguerridos Chubutenses desaparecieran para que los chilenos pudieran ocupar todo el sur.

Si dijo eso de Chubut que no diría de Santa Cruz o Tierra del Fuego...

Es evidente que no solo Javier Milei necesita una evaluación psiquiátrica, a lo que podríamos agregar en el caso de la Bullrich, una evaluación neurocognitiva.

Hay algo que ya sabemos con seguridad: Bullrich es una amoral enamorada del poder. Como su jefe. 

La cantidad de falacias y medias verdades del discurso de Milei son tantas que podríamos escribir un libro, si le sumamos las implicancias y consecuencias, quizás hasta una enciclopedia.

Una de las más flagrantes es su empecinamiento en quitar los subsidios a la energía. Casi todos los países del mundo subsidian la energía, por la sencilla razón de que todavía es cara.

En el 2015 Argentina destinaba el 3.25% de sus ingresos totales a subsidiar el ingreso a la energía. Veamos algunas cifras de otros países: Estados Unidos 3.82%, Chile 3.32%, China 20.13%, Rusia 15.97%, India 12.34%, Polonia 9.13%, Arabia Saudita 13.23%,Servia 24.70%, Qatar 6.37%.

En rigor de verdad debemos decir que varios países están por debajo de Argentina, como Alemania, España, Japón, Italia, México, Uruguay y otros. Pero estas cifras, que surgen de un estudio del FMI del año 2015, demuestran que los subsidios energéticos de Argentina no sobresalen por encima de muchos países ni superan la media internacional.

Cuando Milei afirma que hubo una época en la que Argentina era el primer país del mundo (algo argumentable, pero dejémoslo pasar) lo dice evidentemente en términos macroeconómicos. 

En 1904 el  Dr. Bialet Massé presenta su "Informe sobre el estado de las clases obreras", trabajo encomendado por el presidente Julio Argentino Roca y el Ministro del interior Joaquín V. González. 

El informe del Dr. Bialet Massé se condensa en dos tomos y en unas 900 páginas, por lo que vamos a sintetizar lo esencial.

El peón de campo en esa época no distaba mucho del esclavo, sin ninguna seguridad laboral, con exiguos salarios que los mantenían en situación de permanente dependencia y maltrato por parte de los capataces.

En 1892, la Fábrica argentina de Alpargatas empleaba a 510 obreros, de los cuales 460 eran mujeres y niñas, con jornadas de 6 a 18 y media hora para comer. Según Bialet Massé, literalmente: "la más grande explotación de mujeres y niños". Y el informe continúa y continúa, mostrando la condición de bestia de carga de las costureras, las planchadoras, las mucamas...Vivian hacinados, en conventillos sin higiene ni servicios básicos. 

¿Es esta la Argentina que añora Javier Milei?

¿Es este el modelo al que nos quiere devolver?

Jamás en su discurso tuvo la decencia moral de indicar este desequilibrio. ¿Y por qué habría de hacerlo? Si para él los empresarios millonarios "son los héroes de la humanidad".

La condición espiritual de la humanidad en el Siglo XXI, nos preanuncia lo que pasaría si el Estado no oficiara de mediador y contralor en el medio capitalista: Viviríamos nuevamente como en la época feudal.

Las propuestas fundacionales  de Milei proceden de una mente adolescente embriagada por el poder del dinero.

El modelo de Milei ya existe, en Somalia.


Sin impuestos, sin gobierno, sin regulaciones. Sin control de armas. El Paraíso Libertario.

Le sugerimos a Javier Milei que la próxima vez se presente como Presidente para ese país, es el que mejor ejemplifica su proyecto.




20.10.23

 Argentina se asoma al precipicio que siempre estuvo tan cerca y que ahora, finalmente, parece abrazarla de manera irremediable.

Porque lo irremediable hoy aparece como Milei, y el mismo adjetivo que utilizo nos indica la fuerza del destino, si es que ocurriese. Milei sería lo que Argentina se merece, la síntesis de todas las locuras, despropósitos y absurdos en los que nos hemos estado entreteniendo durante dos siglos de mucha barbarie y un poco de civilización que se nos ha ido escurriendo por las grietas de la irracionalidad dirigencial que hemos tolerado con una mansedumbre que quizás oculta muchas oscuras e inconfesables complicidades.

Milei abarca todas las aristas más dramáticas de nuestro delirio: la desmesura, la indisposición para el diálogo, el descarado narcisismo y el histrionismo sin disfraces; la falta de matices, el energumenismo de negar casi constantemente la presencia del otro y de pretender ser el adalid y dueño de la Verdad con una soberbia tan chabacana que hiere cualquier vestigio de racionalidad del eventual interlocutor. A todo esto le agrega su visión unidimensional del hombre, reducido a un objeto más dentro de la economía de mercado y la superficialidad de sus recursos dialécticos apenas disfrazada a golpes de petulancia y citas eruditas de su especialidad que esgrime como armas de destrucción masiva contra su víctima de turno.

Milei es la desgracia,  que a la manera del aprendiz de brujo o del nigromante novel e imprudente, hemos invocado a fuerza de gritos, de insultos, de irrespetuosidad social y de inmadurez cívica.

Nadie más que nosotros ha abierto los portales del probable infierno que se avecina. Nuestra indolencia, nuestra complicidad con el error y con la mentira y nuestra desfachatada aceptación de la codicia sin límites de una dirigencia a la que le hemos entregado todo el poder, son las letanías y el secreto ritual que ha convocado a este esperpento salvaje, a este portento de excesos y desvaríos, a esta monstruosidad maravillosa que se ha ido imponiendo frente a la incredulidad y azoramiento de la mayoría de los supuestamente pensantes, entre los que me incluyo.

El discurso de Milei, y quizás hasta su equipo de gente tan dispar, pintoresca y hasta grotesca, me recuerdan al Cambalache Discepoliano, donde la Biblia (o la Cábala) conviven con el calefón en una mezcla singular e inefable. 

Si vemos los símbolos que ostenta Milei tras su figura podemos incluso asimilar su  extravagante personalidad al concepto de "Quimera", que era tradicionalmente aquel monstruo fabuloso con cabeza de león, cuerpo de cabra y cola de dragón.

Desearía estar equivocado, y en un tiempo tener que pedir disculpas y retractarme.

Aunque honestamente no veo para Argentina una salida que no lleve como estandarte el dictum Churchilliano de "Sangre, sudor y lágrimas". Sea con Milei o con cualquier otro.

Y sin embargo, tengo una fe inquebrantable en el futuro luminoso de este país, que alguna vez habrá de erigirse como refugio y faro del mundo, más tarde quizás que temprano, pero de manera proféticamente inevitable.



 

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