3.5.09
estoy en la nada envidiable situación
de ser como un queso grüyere
que se ha quedado sólo
con los agüjeros.
Todos los conocimientos y vanidades,
que por cierto fueron amplios
y ruidosos en su época de gloria,
se han retirado.
He quedado a solas,
como un leproso abandonado
en un desierto sin conceptos ni significados.
Ultimamente la gente me evita
como si percibiese
el peligro del contagio.
Mas en realidad
no podrían sospechar
la índole de la catástrofe
que me ha tocado.
Soy una herramienta inservible
que conserva tan sólo su forma.
Como el dibujo de una herramienta
tan bien realizado
que da impresión de real
y parece ser utilizable.
Pero, ¿Cómo?
En cuanto quisiera alguien tomarla
vería que sólo es un espejismo.
Las ideas, sin embargo,
continúan pasando,
pero ya no hay nadie en casa
con voluntad de tomarlas
para algo más que no sea
jugar un rato con ellas
para aburrirse enseguida
y dejar que sigan su extraño
camino sin comienzo ni destino.
Soy esa nada donde tienen lugar
absolutamente todas las cosas
de este mundo y de los otros.
El agujero negro donde todo bulle
un instante y desaparece.
Y esta extraña paz.
La más risueña paz
que aparece allí
donde en realidad
ya no hay nadie.
Manuel,2007
19.4.09
del hijo no nacido
que tu piadoso vientre
se negó a entregarme.
Su plácida voz agradecida
se entremezcla con tu dolor,
y a veces también con mi dolor,
cuando me adormezco
y niego la bendición
que me ha tocado.
Las simples cosas
de los hombres simples
me han sido negadas.
Por eso, quizás,
mi dolor es tan alambicado
que vivo enredándome con él,
y tropezando.
Solamente yo escucho la voz
del maravilloso nonato
cuya inaudible bendición
se derrama a través de todo lo creado.
Sólo yo escucho la voz de tu hijo, mujer,
esposa mía, hermana, compañera de la luz
y de la sombra iluminada.
Quizás su canto, solamente su canto,
su canto luminoso que tan sólo yo
puedo escuchar en un mundo
que no puede escuchar esa voz
porque no puede dejar de desear
lo que habrá de condenarlo,
quizás decía, solamente su canto
me salve y me redima cuando la noche
termine de bajar sobre mi alma y la reclame.
Tal vez ese acto, ese no-acto
definitivo pero nunca deseado
sea lo único que brille en mi vida,
como una luz solitaria que sólo
yo pude contemplar, entre lágrimas.
Infinita Luz
que hirió nuestras almas
y nos salvó de matar.
12.4.09
Su vida fue el servicio sin ánimo de provecho o recompensa.
No esperaba la vida futura ni temía la disolución final.
Su muerte fue también una entrega autoconsciente,
su último canto de homenaje a la belleza infinita.
Publicado por primera vez en mi novela "Y Juramos con gloria morir"
30.3.09
por un secreto viento
ha caído el amanecer
del que soy crepúsculo,
en esta feria de sortilegios,
esperpentos y vanidades.
Me arroja como una flor sobre la cara
la realidad sin numen del ser,
que es impermanencia.
Breve resplandor
por la rendija diminuta.
Sonido del pájaro
que canta una sola vez
en las tinieblas de una noche
Inundada de luces secretas.
Como siempre.
Y nunca más.
Una vergonzosa paz me envuelve.
La certeza de nuestra brevedad.
Fugacidad fraterna con aquella mariposa
a la que no presté suficiente atención.
Bondad es lo único que percibo
después del huracán.
Y una extraña paz
que jamás intentaré
volver a interpretar.
18.3.09
I. The human race is in imminent danger of self-destructing and dragging our mother earth down with it.
II. There will be no miraculous salvation due to so-called Mayan 2012 prophecies; or Jesus' or the Mahdi's return; much less from the irresponsible governments, corporations, media, and academics who go us into this mess in the first place.
III. The theory of probable realities states that each individual person decides the fate of the entire universe. If you truly choose to save the world, you will wind up in a probable reality in which the world is saved.
IV. The only chance for survival - not to mention prosperity - is for each individual to reject society's mutual suicide pact and make saving the earth and future generations their NUMBER 1 PRIORITY (as opposed to something they may get around to someday). This is the magician's equivalent of the Bodhisattva's oath.
V. Rejecting social conditioning means eradicating all trace of self-pity. Only by clear, sober, objective thinking - as opposed to the endless loop of yada-yada nonsense emanating from society - can each individual save him/herself and the earth.
VI. This type of thinking is based upon what each person's heart tells them. It is different for everybody; and everybody has to find their own answers for themselves by examining their own habitual thoughts, moods, and concerns minutely. To do this magicians use various techniques, including:a) techniques of self-analysis such as Active Imagination and Recapitulation.b) techniques of transformation such as resorting to tree spirits and the earth.c) techniques of hopefulness such as Creative Visualization.
VII. Detaching from society's conditioning of self-pity necessarily implies taking complete responsibility for oneself rather than wallowing in helplessness or daydreaming. To do this magicians:a) channel their own spirit guides themselves for information and advice;b) go to nature spirits for validation rather than seek the approval of other people or society;c) become as self-sufficient and frugal as possible, including growing at least some of their own food and reducing their needs to the bare minimum.
VIII. The goal of magic is to make everyday life more dreamlike; to be able to feel comfortable in situations beyond one's control. Feeling relaxed and in good shape even in the midst of a maelstrom is called "enlightenment". Enlightenment doesn't mean light as opposed to dark; but rather light as opposed to heavy.
14.3.09
Soy la fragancia última del íntimo jardín ametrallado. ¿Dónde estás? ¿Dónde estoy? Debajo de la verde marea de mierda que consume a la humanidad como una gangrena gaseosa. Y todo cabe en ese trozo condensado de maldad viciosa: los héroes y los sueños, los bríos de la sangre y el alma de la rosa. Todo reducido a una miseria de papeles pavorosa. Yo no tengo redención, la Vigilia me condena a verlo todo sin remedio. Voy a morir clamando, voy a morir cantando, voy a morir rugiendo, voy a morir quebrando el ensueño de los perros. Voy a morir blasfemando, voy a morir escupiendo sibilantes estrellas como doncellas tiernas recién incendiadas. Horrorosas-luminosas verdades que nadie puede negar y que no sirven para nada. Porque los dioses controlan nuestra sangre programada. Neurogenética espacial que tú, ingenuo hermano, morirás sin siquiera sospechar. dioses amorfos, dioses idiotas que jugáis con nosotros desde el paraíso absurdo como los sueños de vuestra imaginación babosa. Yo no soy más que un alimento fugaz, bocado intrascendente en la cena cósmica. Pero necesitáis de mí! De mi pasión inextinguible y de mi sufrimiento sin fin. Blasfemo por ti, ignorante hermano, que no comprendes el misterio del infausto Prometeo. El buitre caerá sobre mí sin fin, arrebatándome cada noche un pedazo de cerebro que habrá de renacer para darle nuevamente noche a noche de comer. Clamo por ti, que graciosamente me has crucificado y habrás de hacerlo cuántas veces tus dueños lo crean necesario. Yo no soy más que el alimento blasfemo que provoca indigestión a nuestros dioses. Tú nunca lo podrás comprender. Nadie quiere vislumbrar certezas tan dolorosas. Yo no tengo más remedio, he nacido condenado con los ojos siempre abiertos. Y el programa está sellado: tú a dormir el sueño de los perros, y yo, Oh temblor inmarcesible, sometido sin fin a velar tu infame sueño!
Manuel Monasterio (1990)
12.3.09
Acaba de dar tres años de cárcel al periodista Iraquí que arrojó sus zapatos contra George W.Bush.
Un patético gesto de desesperación y de impotencia, que de haber tenido éxito no hubiese podido provocar más que una muy leve contusión y algún rasguño.
Tres años por unos inermes zapatos arrojados a la cabeza del asesino serial de un millón doscientas mil personas.
Un millón doscientas mil personas que difícilmente encontrarán el justo espacio en la publicidad y en los medios de una cultura que hiede por todos los resquicios de su hipocresía y su descaro.
Un millón doscientas mil personas asesinadas con el apoyo virtual de todo el mundo. Ya que, de lo contrario, no podrían darle así nomás tres años de cárcel a un pobre infeliz que no hizo más que manifestar su fallido deseo de justicia.
Este es el estado mental de la humanidad: tres años de cárcel para el que arroja unos zapatos y la libertad y el disfrute de su fortuna para el mayor genocida de las últimas décadas.
Y todavía habrá algunos que consideran a mi discurso... "pesimista"...
Pero, ¿qué pueden esperar el resto de las especies de este bendito planeta, de un espécimen semejante?
¿Es esto el hombre?
¿Esto?
Tiene que haber algo más.
Y si no lo hubiera, hay que crearlo. Aunque uno deje en la senda de ese proceso hasta la última gota de linfa y de sangre.
Por eso estamos emmbarcados en esta gesta interior, a contramano de toda la locura establecida, and against all odds.
Manuel Gerardo Monasterio
Jardines de Prometeo
12 de Marzo de 2009 a las 9.09
26.2.09
15.1.09
Fragmento de la Novela "Y Juramos con Gloria Morir" de Manuel Gerardo Monasterio
Tough gamblers
(Verónica y yo)
Jugábamos a la ruleta rusa
y sabíamos que la matemática
nos había condenado.
Lo sabíamos.
Sabíamos que inevitablemente
alguna vez nos besaría una bala.
Y jugamos hasta el fin.
se acarician
regocijados.
Ellos sólo ven
el capullo en flor.
Andrés De Garnier,
Un tenue aroma a incienso envolvía la planta baja cuando entró a la casona. La quietud era como una entidad viviente, a medida que el anochecer comentaba a trepar derramándose suavemente por los cristales de color de los amplios ventanales. La sala estaba llena de iridiscencias que convocaban al alma a emprender un vuelo celeste.
Se dirigió a la cocina para prepararse un té. Percibió alguna presencia sin escuchar nada en particular. Observó el resplandor de la hornalla y se dejó llevar por la melodía del fuego alumbrando en la penumbra, jugando con el agua en la pequeña pava enlozada que había traído de algún viaje por Europa. Volvió a sentir que no estaba solo. No se inquietó. Se sirvió el té con cierta morosidad, disfrutando como en un antiguo ritual. Se sentó en e1 sillón principal y dejó que los reflejos lo llevaran a esa tierra misteriosa que los colores evocaban en él. En el silencio que se había concentrado en torno, escuchó un murmullo suave. Pequeñas voces, delicadas risas entrecortadas. Aguzó el oído. Persistió la brisa de susurros que venían de algún lugar en el piso superior. Se acercó, muy despacio, hasta la escalera. Los murmullos crecieron asumiendo, aún en el umbral de su intuición, una forma conocida. Lentamente intentó subir, pisando de tal manera que la madera no crujiera delatando su presencia. Notó que el corazón le había comenzado a latir más rápido. No era miedo. Y en ese instante descubrió que sabía lo que estaba ocurriendo. Había llegado demasiado lejos. La gota persistente y tenaz finalmente había logrado infiltrarse a través de la piel del deseo. ¿O acaso de la venganza? Demasiado había insistido en ello, con una pasión obsesiva que ocultaba en su porfía algo mas que un interés sociológico. Era la obsesión de traspasar todos los límites accesibles. Quebrar las estructuras de lo propuesto. Innovar fuera de todos los ámbitos de lo establecido. Disolver las cadenas, aún aquellas que podían estar actuando como línea protectora de demarcación.
Una combinación de humores contradictorios había comenzado a navegarlo inundando sus tejidos. Siglos de condicionamiento visceral se desmoronaban sobre su sangre invadiéndolo de sensaciones paradójicas. Era un dolor que producía un placer de espanto. Era un placer extremo que no se atrevía a analizar. Se dejó llevar. Su interior danzaba al ritmo de un aluvión hormonal desconocido. Los sentidos estaban en un estado de alerta agónico. Podía escuchar ahora mejor los murmullos. Eran suaves quejidos amorosos que lo resultaron pavorosamente bellos. El corazón le viajaba a una velocidad que lo obligó a detenerse para respirar profundo, para intentar calmar la orgía neuroquímica que se había desatado en él. El perfil del murmullo le era ahora completamente familiar. En parte lo sentía suyo. La furia iba perdiendo la batalla contra el deseo. Trató de no provocar ningún ruido que pudiera quebrar la mágica escena. Había llegado arriba con éxito. Se asustó ante la intensidad de su propia pasión. En la penumbra derramada los cuerpos brillaban levemente con un encanto delicioso. Los pechos de Verónica, pequeños y erguidos chispeaban como agitados por dulces explosiones interiores. Pudo identificar el perfil del muchacho y no le molestó. Su deseo había terminado con los vestigios de cualquier otro sentimiento que hubiere podido albergar. El deseo, el puro deseo lo colmó, catapultándolo a un mundo de luces y murmullos y frágiles presencian apenas insinuadas. Y otro sentimiento lo fue alcanzando. Una emanación de inconcebible blasfemia. Sus ojos se habían trocado en dos grietas abismales a través de las que asomaba Dios para deleitarse con la visión de Adán y Eva allá, en el fondo del pecado que El mismo había inventado, para solaz de su tedio infinito.
"
fecundos de su juventud, se eleva lleno de esperanza.
Su hombría adquiere alas, posee en su corazón algo
superior a la riqueza. Pero breve es la duración del de-
leite humano. Pronto se derrumba; alguna horrible de-
cisión lo quita de raíz. Flor de un día! Esto es el hombre,
una sombra en un sueño. Sin embargo, cuando el divino
esplendor lo visita, un resplandor brillante se cierne
sobre él. Y la vida es dulce.”
Se vuelve a encontrar siempre su carga...Hay que imaginar a Sísifo dichoso."
Entró por un largo pasillo de la calle Tucumán y llegó hasta el
La lucha eterna se pone en marcha cuantas veces ellos lo decidan. Los mundos caen y vuelven a surgir. La vida y la muerte se suceden una y otra vez, con el ritmo del vértigo que ellos imponen a su antojo.
El día se enfrenta a la noche en un combate sin fin. Y a pesar de todas las ilusiones, no siempre gana el bien. Se dice que sale con iniciativa, ventaja leve, por cierto, fácilmente equilibrable. Y una vez logrado el equilibrio, la noche tiene la oportunidad de agigantarse. De volcarse sobre el día con garra famélica para imponer la oscuridad sobre el terreno elegido.
Sesenta y cuatro estaciones en el vía crucis eterno. Sesenta y cuatro estaciones que se repiten en el oráculo legendario de los sesenta y cuatro hexagramas chinos. Los antiguos ocultaron sus misterios tras el juego. Los modernos, llenos de soberbia y de chatarra, sólo ven lo que aparece ante sus ojos. Sin embargo, la sagrada gematría dice que sesenta y cuatro significa Aletheia, Verdad en griego. Sesenta y cuatro casilleros tiene el cuadrado mágico de Mercurio. Y la madre del Buddha nació en una familia que poseía sesenta y cuatro cualidades o virtudes. Confucio vivió sesenta y cuatro generaciones después de Hoang-Ti, y San Lucas cuenta que Jesús viene sesenta cuatro generaciones después de Adán. Sesenta y cuatro son los Devas de la estirpe Abhavara de los hindúes. Ocho por ocho. Los griegos dijeron que todas las cosas son ocho. Las octavas rigen el universo. Ocho son las bondades primordiales del cristianismo. Ocho desgracias le ocurrirán al malvado y ocho recompensas tendrá el justo, decía Juan Heydon. Dionisos nació el octavo mes, y se decía que los niños de ocho meses deben morir, porque sólo era permitido vivir, habiendo nacido de ocho meses, a los semidioses. Los judíos están invadidos por el ocho. La circuncisión se realizaba al octavo día del nacimiento, en la Chanucah encendían ocho cirios que duraban ocho días. En los exorcismos, dice el Talmud que Leví utilizaba ocho cuchillos. Luego Samuel utilizó ocho vasos ante el Rey de Persia y Abají ante Rabbi Rava usó ocho huevos. Ocho fueron los profetas que descendieron de Rahab y profetizaron que el arpa que habría de tocarse frente al Mesías tendría ocho cuerdas. Y que siendo siete el numero de la creación, ocho es el de la regeneración. 0cho almas se salvaron en el Arca legendaria y Noé fue el octavo en salir. Su nombre en Hebreo significa ocho veces ocho, sesenta y cuatro otra vez. Ochocientos ochenta y ocho es el número de Jesucristo. Todas estas cosas, en verdad, las ignora la mayoría de los que manipulan el mágico tablero. Pero Andrés de Garnier sabía todo esto, y mucho más, tanto más acerca de ello que sólo enumerarlo representaría un bochorno insoportable.
La mayoría ignora que está moviendo el mundo al mover los inermes muñequitos de madera. Andrés sabía bien lo que hacía cuando por e-enésima vez se sentó frente a las piezas.
El ajedrez lo había alcanzado en aquella mítica edad en que suele hechizar para siempre. Tendría unos doce años cuando su madre le enseñó a mover las piezas. Guiado por voces sólo audibles para él, se adentró
en el Misterio, estudiando los libros que el mismo fue eligiendo, sin ninguna orientación exterior. Su favorito en aquellos tiempos era "The development of a chess genius", una colección de partidas de la primera época del magnífico Alekhine. A1 mismo tiempo se devoraba todo dato que pudiese encontrar acerca de la vida del monstruoso moscovita que se bebió el ajedrez, la vida y el whisky por galones dejando un tendal de muertos en camino hacia la gloria del tablero.
Andrés iba y venía del ajedrez. Era una pasión torturante que no podía abandonar. Era como una fiebre recurrente de la que uno se recupera un tiempo para volver a caer luego, una y otra vez. Encontraba en el juego demasiada verdad como para abandonarlo. Asimismo no le interesaba la competición establecida y lo aburría la imbecilidad de los profesionales a los que no interesaba la verdad, sino el aspecto más primitivo del juego. Solía explicar que en el ajedrez no es posible la mentira. Todo lo que se proponga como cierto debe ser probado de inmediato. No hay posibilidad de simulación ni de argumentos. Por eso le resultaba inevitable volver una y otra vez a nutrirse de esa elemental veracidad cada vez que la falsedad colectiva lo abrumaba.
El viejo adversario sonrió ante el inesperado encuentro. Andrés faltaba a la cita desde tiempo inmemorable. Ahora se ha quebrado ya la continuidad del tiempo profano. Andrés elige las piezas negras. Es lo mismo, ya que es Dios quien juega detrás del día y de la noche. Nuestro pobre intelecto no desea aceptarlo. Estamos programados para creer en los opuestos y nos vemos arrastrados a elegir. De lo contrario nuestro mundo se derrumba. Y nos aterroriza la posibilidad de que esta agonía finalice. Volvemos a elegir. Y volvemos a vivir para poder volver a morir.
El viejo ladino mira torcido como los alfiles, que en inglés se llaman “obispos”. Toma el peón frente a su rey y lo avanza dos casillas. El rey no dice nada. Esta callado e inmóvil. Cercado por la plebe. Es el símbolo del alma encerrada en el cuadrado sincopado de la sangre. Sin él no habría nada. Es el espíritu, la esencia de la vida. Y sufre la condena de verse sometido a fuerzas inferiores. Reducido en su movimiento a pasos cortos, de uno por vez. Obligado a guarecerse tras elementos miserables. Sin él nada es posible que sea. El juego existe porque existe él, y, sin embargo, no puede casi nada y depende por completo de sus siervos.
Andrés percibe la insidia del avieso enemigo. Es un jugador de ataque a rajatabla, muy inferior a é1 en el conocimiento de la sagrada teoría, pero sumamente peligroso en campo abierto. El viejo confía, no tanto en su lógica como en su avezada intuición, alimentada por años de devorarse, hora tras hora, la magia del tablero blanquinegro. Andrés lo quiere aplacar con movimientos concienzudamente estudiados. Hay que matar al repentista con el hierro de la metodología racional.
Andrés toma el caballero del rey y lo coloca en el tercer escalón frente al obispo. E1 prelado está tranquilo, mascullando quien sabe qué ocultas oraciones. Al viejo, mientras tanto, le tiembla su ojo miope. No está acostumbrado a maniobras laterales, prefiere el ataque frontal donde se agranda como un héroe con su juego de ataque. Avanza el hombrecito otra vez. Pobre soldado raso que no puede más que ir hacia delante, misteriosamente acotado por la jerarquía cósmica que se impone inexorable. Ya querría é1 que llegase su revolución francesa y su soñada democracia donde podría jugar a la igualdad. Mientras tanto debe seguir uncido al yugo de la ley establecida. Vamos, soldadito, hacia el punto cinco rey! El equino nervioso sabe que se ha de mover. Los obreritos se agrandan cuando apuntan un arma a la cabeza del poderoso, pero el caballo cuenta con una movilidad mayor y salta mientras el pobre lo contempla inmóvil, sin poder hacer nada.
La casilla cuatro dama está ahora ocupada por el ágil caballo saltarín. El centauro es una pieza verdaderamente mágica. Su movimiento recuerda las inscripciones de templos indios y tibetanos. Se mueve sobre esvásticas muchísimo más antiguas que las del delirio alemán. El viejo frunce la boca. No entiende nada. Se enfrenta sin duda a un acróbata cobarde que baila por el ring. Sus compañeros habituales, más valientes, lo enfrentan en el estilo que é1 mejor conoce. Sí, más valientes, de seguro. Pero también sucumben rápido ante su destreza superior en campo abierto. Es menester que obligue al joven a salir al llano. Allí lo va a golpear. Avanza sus peones. Ataca al ruin caballo que huye otra vez. El viejo siente que la energía del tablero es toda suya. Tiene espacio, está contento. Vuelve a atacar y la bestia se vuelve a mover. El viejo no sabe que en Oriente hay artes milenarios que estudian la estrategia de no estar. Andrés conoce la forma de jugar con la fuerza desbordada del adversario utilizándola en su propio beneficio. Es poético, por cierto, acompañar al otro en el movimiento de su muerte sin ejecutarlo uno directamente. Es una forma de suicidio, o de homicidio consensuado. El viejo continúa maniobrando con ciencia torpe y garra feroz. Andrés gana un peón. Por un momento la energía de la muerte se expande como una densa niebla sobre el campo. Pocos jugadores se han fijado en ese detalle. El único, tal vez, en sospecharlo, fue el melancólico príncipe danés que el mundo conoció como Aron Niemzowitch. Cuando alguien muere, el tablero se llena de una energía especial por un momento. Andrés también sabe que los dioses se alimentan de la vida y de la muerte de los hombres. Por un instante el viejo goza otra vez de su inicial iniciativa. Parecieran trocados los papeles. El joven, como un viejo, domina sus instintos y controla su pasión, mientras el viejo se desborda como un niño. Ha dejado agujeros por todo su terreno. En su afán por acabar rápidamente con el insolente enemigo, ha desprotegido sus filas de manera irreparable. Andrés, que aguardaba agazapado, sale con certeros y frontales movimientos al asalto final del pobre monarca condenado y lo ejecuta de forma sumaria. La piedad no tiene lugar en este juego, como Andrés tuvo que descubrir dolorosamente.
El viejo se limpia con un pañuelo raído las babas de su senectud y de su furia. Quiere y pide salvajemente la revancha. Andrés está aburrido. Sabe, además, que el jugador sagaz jamás tienta al destino. Ya es suficiente. Mejor que sangre el viejo por la herida de su orgullo roto. Mañana, algún guerrero anónimo vencerá al joven, vengando al viejo sanguinario que yace derrotado. Pero no será hoy. Andrés partirá como llegó, con gesto altivo y sereno.
Al salir lo azota la noche que se las ha arreglado como siempre para encaramarse sobre el día, que como el viejo ha caído vencido. Mañana volverá otra vez la luz. Pero por ahora las tinieblas mandan.
Andrés camina con un peso milenario. Ahora él es el Anciano de edad innumerable. Piensa en Sísifo otra vez. No disiente con Camus. Simplemente ve las cosas desde una perspectiva diferente. A Andrés no le interesan en absoluto la tristeza o la felicidad de Sísifo. El sólo quiere asesinarlo. Y liberarse para siempre.
[1] Término del ajedrez, que se aplica aquí en el sentido de “al que le toca jugar en ese momento, pierde indefectiblemente”
Estaba en medio de una jungla en el espacio estelar. Alzó la mirada y vio dos soles verticales sobre su alma.
El hombrecito estaba frente a é1, sentado contra un plátano gigantesco. Andrés se sobresaltó. El otro sonreía cuando le dijo,
-Estás metido en un lindo follón, no es así?-
-Qué te parece! -
- Yo sé muy bien de qué se trata. Mira, yo me quemé los cojones por esos hijos de puta. Mi alma era un volcán que reía en medio de las tinieblas de mi pueblo. Porque yo era libre. El único hombre libre entre todas aquellas cucarachas a las que amaba desesperadamente. Lo que yo no sabía entonces es que el hombre ha nacido muerto. Y yo era uno de aquellos abortos cósmicos que llegan de tanto en tanto, y estando vivo, estaba condenado a sufrir como un bendito. Salvo unos cuantos creyentes que durante un tiempo me acompañaron, estuve cercado por cerdos y ratas. Y América era una gangrena gaseosa que me estaba consumiendo. América era un chancro en mi alma. En mi alma como agua clara que se me estaba muriendo de América que se me había caído encima y no me dejaba respirar. Yo había soñado con un mundo diferente. Un mundo donde la brisa se llamara libertad y el agua decencia. Donde el pan fuese dignidad alimentando la esperanza del trabajo solidario de unos que vivieran como hermanos no sólo en el discurso y la palabra. Pero era inútil, porque todos estaban muertos, o casi todos. Y yo estaba cercado por ratas y por cerdos. Por hormigas coloradas que se habían encaramado a mi cuerpo y me habrían de alcanzar el corazón.-
Andrés escuchaba iluminado. La presencia entraba en su cerebro como una danza de luces que lo iba colmando con un júbilo agudo, esclarecedor y doloroso. El hombre continuó,
-Ahora ya lo veo todo claro desde aquí. Desde mi cielo personal construido con mis manos y mis cojones luminosos, entregados en pos del ideal que forjé para nadie. Para nadie. Porque, ¿sabes? Hay unos chicos allá, con muy buenas intenciones. Pero todo sigue siendo inútil, porque los que están vivos, verdaderamente vivos, son siempre demasiado pocos. Y el peso de los muertos acaba por tumbarte. Y el olor de la muerte se te va metiendo por la piel, y tu también comienzas a morir vertiginosamente. De otra muerte. De una muerte que se llama indiferencia y soledad. Es una historia que se repite sin fin. Es una calesita de pueblo con sus viejos caballos cansados y su musiquita quebrada que dan pena. Y no quisiera mirar. Pero no puedo dejar de mirar. A falta de un dios que mire con la mirada con que yo los miro sigo mirando. Y cada vez que miro me desbordan las lágrimas y el corazón se me derrama. ¿No has sentido alguna vez mis lágrimas, mis verdes lágrimas lloviendo sobre tu alma? Acabarás aquí conmigo, finalmente. Porque no hay nada que hacer. Nunca habrá nada que hacer. Pero vale la pena a pesar de todo seguir haciéndolo para siempre.-
El hombre era ahora una bola luminosa que lo enceguecía.
Se despertó agitado como un niño en víspera de fiesta. Salvo estar en su cama de la casona de Caballito, no había razón para creer que hubiese sido un sueño. Había estado con Augusto César Sandino.
3.1.09

Aqui, la inefable Joan Crawford con su partenaire en Humoresque, John Garfield.
La historia, los diálogos, la música, y las actuaciones, en particular la deslumbrante y arquetípica
construcción que Joan Crawford realiza con su personaje, Helen Wright, hacen empalidecer y empequeñecen lo que se puede ver hoy en el efectista mundo de Hollywood.
Es muy difícil entusiasmarse actualmente con algo luego de ver -y volver a ver una y otra vez- semejante maravilla.

"Helen Wright", a punto de "morir de amor" en "Humoresque".
Más allá de las palabras.
20.11.08
clavada en mis pupilas
como una mujer perdida
para siempre entre gritos,
llamaradas y lamentos.
Violada y muerta y renacida,
reencarnada en otras tantas vidas
que serán asesinadas.
Reputísima madre mía,
tierra ausente y enemiga
que tengo que sacarme
del corazón como una espina
para poder alejarme
para nunca y para siempre.
Amada-odiada y entregada,
pero perdida más que nada.
Como un hijo muerto
de repente en un pantano,
pero mil veces muerto
y cayendo siempre
sin que puedas agarrarlo.
Arrancarte de mi sangre
como a la mala hierba
que se llevará consigo
los pedazos de mi vida
con ella entretejidos.
Hembra triste
que me clava la mirada
y me condena a un amor
tan triste y vano
como su tierna mirada,
en la que tiemblan sin remedio
un millon de niños crucificados,
perpetuados como clavos
en mi trágica mirada
que sangra con ellos
para siempre,
para nunca
y para nada.
Escrito en Guayaquil, camino a Buenos Aires, el 19 de Noviembre de 2008
En Guayaquil, Ecuador, pequeño país del Alma enorme.
7.11.08
Escribo "America" porque los "americanos", creyéndose el ombligo del mundo, se llaman a sí mismos "americanos"...
Nosotros...bueno, nosotros "sólo" somos Latinoamericanos...No americanos "verdaderos" sino quizás una suerte de subclase. A pesar de que Colón llegó por primera vez a lo que hoy llamamos Las Antillas, y Américo Vespucio fue un italiano (un Latino, por supuesto) que murió en España.
Pero no debemos olvidar que para los Americanos, la historia comienza en 1786. Por lo menos la historia que merece ser contada.
El gobierno de "America" ha asesinado a 1.000.000 de Iraquíes (podrían llegar a ser 1.200.000) desde que comenzó la Cruzada de Bush en busca de las ahora ya míticas "armas de destrucción masiva".
America representa el así llamado "Primer Mundo", y Edgar Morin llama a nuestra especie "Homo-Sapiens-Demens". Siguiendo esta línea de pensamiento-que considero bastante interesante- "America" podría ser vista como la verdadera representante de la parte tanto "Sapiens" como "demens" del ser humano.
Por favor, permítanme estas divagaciones, ya que sólo soy un frágil Latinoamericano del "Tercer Mundo", y mi "Tercermundez" puede haber dañado mi criterio. Pero simplemente no logro comprender cómo un pueblo que permite que su gobierno entable una guerra contra un lejano país Islámico como Iraq -ahorcando de paso a un "Saddam HUSSEIN", termina eligiendo a un Barack HUSSEIN Obama.
Pero admito que la capacidad para comprender estas cosas puede sencillamente estar más alla de las posibilidades de un pobre ciudadano del Tercer Mundo como yo.
Este mismo País-Rey del Primer Mundo posee una "Inteligentzia" Hollywoodense representada por Steven Spielberg, Susan Sarandon y Brad Pitt, que está luchando por los derechos matrimoniales de los homosexuales.
Resulta que, siendo yo un Latinoamericano con orientación biologista -y aunque jamás haría algo en contra de alguien basándome en su orientación psicosexual-no puedo entender cómo un matrimonio entre homosexuales pueda considerarse como algo natural -al estilo de una relación varón-mujer- desde una perspectiva biológica.
Comprendo perfectamente que mi posición dista mucho de ser "políticamente correcta" de acuerdo con el estandard actual, pero defenderé mi derecho a pensar así, como el salvaje del Tercer Mundo que soy.
En plan de confesiones, tampoco puedo comprender cómo un Sistema que sólo ha traído desastres sin tregua a este todavía bello planeta azul,pueda ser llamado "Primer Mundo". Esto es algo que simplemente desafía de manera decisiva mi imaginación.
Lo único que se me ocurre es que, después de todo, quizás Edgar Morin esté equivocado, y lo que él llama "Homo Sapiens-Demens", sea en realidad simplemente "Homo Demens-Demens".
Algunas veces pienso que la especie humana ha sido puesta sobre este planeta por una fuerza alienígena para destruir el Eco-Sistema, y prepararlo de una manera más afín con su propia naturaleza para el día que terminen de instalarse aqui.
Hace un tiempo atrás fue criticado por catalogar a Estados Unidos como una "democracia poco científica". Pero siendo como soy un especimen del Tercer Mundo, puede que me falte la capacidad de comprender esta -y muchas otras cosas- confundiéndolas de tal manera que para mí resultan tan sólo una absoluta locura.

24.9.08

He encontrado -en el sitio "Mágicas Ruinas- esta joyita que se publicó por primera vez en la revista "Pelo".
Es una entrevista que le realizaron al gran músico Enrique "Mono" Villegas, que siendo un hombre de exquisita sensibilidad, con conocimiento cierto de lo que hacía, sufrió bastante en esta Argentina siempre tan difícil para todos aquellos que saben y sienten.
El "Mono" no tenía pelos en la lengua, como verán, y no le interesaba quedar bien con nadie.
Los amantes del Jazz la disfrutarán tanto como la he disfrutado yo.
Manuel
Una banana en la oreja
Contradictorio y controvertido, lúcido y aclamado, Enrique “Mono” Villegas es algo más que un gran pianista. Pasó la barrera del tiempo y el éxito, y quizás por eso tiene un calificativo para cada música, en cada momento. Su idioma es el jazz, que ahora ha tomado para el rock una significación muy diferente del antagonismo de los comienzos. A través de esta nota quedó reflejada la vitalidad de un músico y su música, la potencia casi profética de Villegas, más allá del misticismo y la adulación.
Enganchada en un espejo, la tarjeta de fin de año de Ara Tokatlian desde Nueva York es la demostración de que el discípulo no olvidó al maestro, ése que con 55 años de jazz y 64 de edad tiene toda una historia de músico y de hombre. Pero esa dualidad es una síntesis: en Enrique Villegas, su personalidad no tiene sentido sin su piano, ni su piano sin él. Él es una unidad donde se confunde Erroll Garner con Horacio Salgán, el futuro con el pasado, la palabra con el acorde, la bronca con la broma, la calle con su individualismo.
Aunque no presente hacia mediados de año, como está en sus planes, el estreno mundial de la segunda rapsodia para piano y orquesta de George Gershwin en el teatro Colón, acompañado por Charles Mingus y Gerry Mulligan, Enrique Villegas hoy ya es símbolo de música. Que censure el rock o haya visto la película Woodstock, o elogie a Crosby, Stills, Nash and Young y Richie Havens es tan anecdótico como lo es cualquiera de sus recuerdos.
¿Qué sucede con la música en la actualidad?
Desde que comenzó el “show-business” en Estados Unidos, se terminó la música, todo es negocio, y ya dije que no hay música popular sino letras populares. El ochenta y tanto por ciento de la humanidad tiene una banana en la oreja y no siente ningún placer escuchando música. A nosotros, los músicos, nos gusta la música pura, no el canto. Yo soy enemigo de los cantantes, salvo rarísimas excepciones, cuando se usa la voz humana como un instrumento más. La paradoja es que la voz humana es el más perfecto de los instrumentos, pero nadie la usa como instrumento sino para hacer pulsaciones e histerias. Es horripilante: desafinan como perros y son ídolos populares que ganan millones de pesos. Además, le ponen tal cantidad de sonido que van a volver locos a todos los muchachos, porque no se puede escuchar música tan fuerte. Hay una parte de la juventud a la que le gusta porque está totalmente desorientada, porque no cree en nada; parece que sienten un gran placer en juntarse, uno al lado del otro, ciento cincuenta mil tipos para escuchar, por ejemplo, a Elvis Presley que grita y hace movimientos sensuales. Todas son sustituciones porque no tienen ninguna identidad.
¿A qué atribuís que tanta gente se identifique con el rock?
No tanta gente, porque no hay ninguna persona de treinta años para arriba que se identifique con el rock. Los que están con el rock son todos muy pibes, y muy explotados. Desde que los norteamericanos descubrieron que el hijo le sacaba un dolar al padre para comprarse dos o tres discos -porque los rompe en seguida- surgió todo este asunto con Bill Haley y no sé quién más. Además es una cosa, desde el punto de vista musical, totalmente horripilante que un tipo haga un ta-ta-ta durante diez minutos, sin ninguna variante; lo mismo que la letra repita el mismo sonsonete y a los gritos. Eso, para un músico que tenga oído, resulta insoportable. Esto ya lo relató Aldous Huxley en el libro “Un mundo feliz”. En la música de vanguardia, nadie toca el instrumento como es; le pegan, lo rascan, lo rompen. Esta barba (en alusión al redactor que lo entrevistó) y los pelos largos que usan ustedes son por imitación; son todos monos y eso que a mí me dicen el “Mono”. ¿Qué discos pasan por la radio? ¿Qué argentino entiende inglés?.
¿El jazz no es también una influencia externa?
No es una influencia externa. El jazz es producto de la rebelión de los negros, nada más; si los árabes no le hubieran vendido negros a los norteamericanos el jazz no existiría. Todo blanco que lo quiere tocar bien tiene que imitar a un negro. Además, los que estudian su instrumento sólo aprenden ese instrumento; en cambio, los negros imitan la voz humana con sus instrumentos en los blues. Cuando se toca bien, se necesita imaginación y no copiar a los demás, por eso hay muy pocos músicos de jazz desde que apareció hace cincuenta y tanto años. No sé en el rock, porque fue un gran negocio el que le ocurrió a un tipo con los Beatles. El contrasentido de esta música moderna es que se basa en la más antigua, que es la india, y empiezan a tomar temas que no tienen nada que ver con la melodía occidental. Lo mismo que los de jazz, de ahora se van al cante jondo, como Chick Corea, porque parece que no creen en el jazz. Y ahora en nuestro folklore se imita a los Swingle Singers y se incluyen ritmos de bossa-nova. Quiere decir que nadie cree en si mismo, por eso buscan identificarse con otro. No hay más identidad que ser uno mismo.
¿El músico blanco está capacitado para tocar buen jazz?
Los muy pocos músicos blancos que son buenos imitan a los negros. El jazz tiene su expresión propia, aunque hay músicos, como Gulda, que tienen un jazz propio. Gulda, europeo, es un gran valor en jazz, pero sus disco nadie los escucha. Una vez dije a una revista, cuando vino a la Argentina Weather Report, que acá los hinchas de jazz son despreciativos totales, hablaban en contra de ese grupo porque no entendían. Para mí fue el mejor conjunto de “free” que he escuchado, y ahora dicen que tocan rock por la compulsión, por el dinero.
¿Qué opinión tenés del jazz-rock?
Lo que pasa por el jazz-rock es el dinero, que crece compulsado por los gangster del disco. Pero yo no escuché jazz-rock, escucho jazz o rock. Y el jazz influyó hasta sobre el tango. Y si lo de Cobián no es tango, mucho menos lo de Piazzolla, quien es un gran talento; lo demostró con su obra.
¿Por qué creés que el año pasado Piazzolla elogió el rock? Para tener más audiencia, como lo del jazz-rock, pero te quería aclarar que una cosa es el rock’n'roll y otra la música progresiva, donde todos son nombres comerciales que no existen en realidad. Hay una serie de muchachos que no saben agarrar el instrumento en sus manos, y se meten a hacer estas cosas. Esto es un gran comercio ahora, hay no sé cuántos conciertos de rock, y hasta se inauguró una sala con tipos desconocidos. Y hay un nuevo camelo acá: la música que representa a la ciudad de Buenos Aires. A la ciudad de Buenos Aires no hay ninguna música que la identifique; la representan la generala, el futbol y las carreras, el escolaso y el cafisio. La música es un arte abstracto que existe gracias a los pocos compositores que ha habido. Esa búsqueda de la música de Buenos Aires parece que es una vanidad o no sé qué, no entiendo. ¿Qué es lo que le pasó a Waldo de los Ríos? Y ahí viene la gran incógnita: ¿por qué se suicidó?. Creo que porque, como músico, estaba frustrado: él despreciaba la prostitución que había provocado. Ya lo dije una vez: cuando un artista se está mintiendo a sí mismo y a los demás, para ganar dinero -y el dinero trae la prostitución-, se acabó. Como no puede pegarle un tiro a toda la humanidad, se pega un tiro él; suicidarse es pegarle un tiro a toda la humanidad, y termina con la molestia, la lucha, el fracaso. ¿Qué es el éxito? Es cualquier cosa, y se termina en un segundo; se pone otro tipo de moda y el otro se puede morir de hambre. Y todo está manejado por tres o cuatro tipos que tienen todo: los discos y la promoción, que es el dinero que se gasta en ganar la simpatía de unos u otros. Todo es una combinación de la sociedad de consumo. Hay cosas curiosas: por ejemplo, Les Luthiers. Tienen éxito en cualquier parte donde van, y eso es humor. Es decir que lo que quiere la gente es reírse, para salirse de la tristeza total de la vida cotidiana. Pero esto se me ocurre a mí, no tiene ninguna validez.
¿El jazz es sólo para un reducido círculo de seguidores?
El jazz no ha sido, no es ni será nunca popular, pero es perenne y universal, y siempre se está modificando en todo el mundo, a través de la imitación de los negros, por supuesto. Y el jazz interesa en el mundo entero porque es la creación. Todo es conocimiento, conocer es amar, pero en la música hay hinchas y parece que si hay gente a la que le gusta el tango tiene que odiar el jazz y el folklore. Y hasta parece que hay personas interesadas en hacer esa guerra, cuando la música es una sola. La única diferencia es la música buena o la música mala, hay buen rock y hay mal rock. Lo interesante sería crear un idioma de música, porque la música argentina no existe. No existe porque es española o italiana o húngara o vasca o boliviana o peruana, y estas dos últimas sí existen porque surgieron de los indios. Pero como todos los indios se murieron, no quedó nada. Por eso decía, haciendo un chiste, que el único tipo que nos podía dar la música que había en esta tierra era Solís, pero apenas puso un pié acá le encajaron un flechazo y al día siguiente se lo almorzaron opíparamente. Y todo el tango y sus compositores eran italianos, aunque por eso se enojan mucho conmigo, pero es la verdad, y a nadie le gusta saber la verdad. Ya lo escribió Ionesco para el diario La Nación: la osadía de no pensar como los demás. La música clásica -que en realidad no es tan clásica- rompió las reglas que existían antes y creó otras nuevas. El primero que empezó fue Debussy, después los tres vieneses: Weber, Alban Berg y Schönberg. Y posteriormente vino la música aleatoria. Y lo que va a decir qué es lo bueno y qué lo malo va a ser el tiempo, la perennidad; dentro de seiscientos siglos, veremos. Por supuesto, se seguirá tocando Beethoven y Bach, porque son infinitos. Bernard Sahw decía: “Lo mejor de la música popular es que no es popular por mucho tiempo”. El camino en el jazz se dio con Jerry Roll Morton, Fats Waller, Duke Ellington, Thelonius Monk, Charlie Parker y John Coltrane; pero ahora no sé desde qué perspectiva tocar el jazz, porque desde el 70 al 78 no escuché más jazz. Y no escuché porque me vine de Estados Unidos para aquí, y es allá donde está el jazz.
¿Alguna vez escuchaste rock?
Lo último que escuché de rock fue en la película Woodstock, cuando estaba en Estados Unidos. Ahí escuché a un grupo formidable: Crosby, Stills, Nash and Young. Me pareció el de más talento de todos los que tocaron ahí. Los ritmos que hacían me parecían extraordinarios, originales. Otro que me gustó fue un negro que tocaba solo, Richie Havens, que era fenómeno. Formidable su voz y su manera de cantar, tenía mucho de blues.
¿El blues es el nexo entre el rock y el jazz?
Claro, el blues es la base de todo. Sin blues no hay jazz. Y Count Basie siempre ha tocado blues, salvo cuando hizo algunos comerciales, que hasta toca en forma de blues. El blues es el fundamento de todo, como es la vidala en nuestra música. Hay muy pocos cantantes de vidala porque es lo más difícil de todo; es mucho más fácil la que hizo Ariel Ramírez sobre Alfonsina Storni (Alfonsina y el mar).
¿Qué rescatás de la música popular argentina?
Los dos grandes maestros son Atahualpa Yupanqui y Adolfo Abalos, el santiagueño Coco Díaz, el salteño Cuchi Leguizamón. Y ahora hay un pianista que toca muy bien que es Manolo Juárez. Y también está Polo Gimenez, que le dan poca importancia, pero todos ellos son compositores. En el caso de Giménez, primero recopilaba y después comenzó a meter sus propias melodías, siguiendo los moldes melódicos y armónicos, que son inexorables. Si una zamba no tiene tales o cuales modulaciones no es una zamba. Lo que pasa es que una mentira repetida millones de veces se convierte en media verdad, pero nunca en verdad completa, cuando sale la verdad, sonó la mentira.
¿Siempre pensaste que en los conciertos de rock hay demasiado volumen?
El otro día entré en el Coliseo, no sé quien estaba, y tuve que salir porque el sonido me tiró para afuera, no podía escuchar. No voy a los conciertos de rock porque le ponen demasiado volumen, al que le gusta la música eso no lo puede soportar. A los pibes, que no saben nada de música, eso les parece lindo, por eso los pianistas tocan perfectamente mal porque el público no entiende nada de piano; entonces cualquier tipo que toque es un gran pianista. Y ni el piano saben tocar, tienen un gran éxito, son buenos mozos, las viejas los adoran.
¿Sabías que últimamente se ha despertado un gran interés por el jazz entre los músicos de rock?
Estoy convencido de que cuando los músicos de rock entren en el jazz no van a ir más al rock, porque el jazz es un pasito más adelante. Lo mismo que cuando se sale de Chaicovsky se va a Debussy. La música siempre va hacia adelante, porque siempre ha habido tipos que rompieron todo, por ejemplo Mozart. No se puede explicar el fenómeno, porque desde los tres a los treinta y tres años escribió, y todo lo que hizo son obras maestras. Es inexplicable, solamente se comprende pensando en que Dios existe. Para probar lo contrario está Ginamaría Hidalgo.
¿Dónde se encuentra la diferencia entre el jazz y el rock?
La diferencia entre estos dos estilos se encuentra en la forma de tocar la batería, porque las frases son casi las mismas. Los riffs de ahora son los que hacían antes, hace muchos años, cuando se acompañaban solistas. Acá no, se hace la melodía principal de un riff, por eso un bajo tiene mucha importancia. Además, el “obstinato”, el repetir las cosas para que a fuerza de oírla la aprendan. Los músicos tampoco dominan sus instrumentos, salvo muy rara excepciones. Lo mismo ocurre con el dixieland, en el jazz, ninguno de sus músicos toca bien el instrumento, si tocan bien es porque tocan jazz moderno. Pero siempre se ha dado un enfrentamiento entre los músicos de distintos estilos: el de la típica contra el folklore, el de folklore con el de jazz, eso parece que está hecho así. Para mí, no, yo toco todo, menos rock. Porque además no está el piano en el rock, están todos los teclados eléctricos, el calefón, que los odio. El piano es el rey de los instrumentos, porque es una batería, una orquesta, porque se imita el agua, el fuego, todo, pero para el que sabe tocarlo. Yo tenía siete años cuando aprendí a tocar piano, y a los nueve empecé a tocar jazz, en el año ‘22.
¿Para vos la música es un lenguaje universal?
He terminado con la mentira de que la música es un lenguaje universal. La música es un idioma como lo es el inglés, el francés o el castellano. El que habla y conoce el lenguaje de la música la entiende; el que no, se asombra pero no siente ningún placer. Para nosotros, los músicos, escuchar música instrumental es un placer físico inexplicable, que entra por uno solo de los sentidos: el oído. Y gritamos de gozo y placer, compartimos las cosas, mientras que los tipos que están serios, duros, están listos; están exentos del exquisito placer de escuchar música, del que está exento la mayor parte de la humanidad. Eso me pone triste, porque escuchar música es gratis. La gente se aburre de la música, por eso, por eso necesita del ballet, la ópera, la palabra. Los pianistas y los solistas con orquesta tienen más éxito que la música de cuarteto y septiminos; la música de cámara no existe, es muy árida para el común de la gente. Ahora se cree que si a alguien no le gusta la música es ser inculto, y no tiene nada que ver. No es cuestión de cultura sino de oído, la falta de sensibilidad es porque no se ejerce ese sentido. Mi duda ha sido siempre si la gente entiende mi música; como el hombre miente…
Creen que comer caviar con champagne da status, aunque no les gusta. Cuando toco, sienten algo realmente, o estoy de ídolo, soy el “Mono”. No sé si porque me quieren tanto, aplauden. ¿Pero entienden algo?
23.9.08
en el planeta tierra
de ascendencia occidental y cristiana
en un país llamado Argentina.
Haber nacido humano
en el planeta tierra
de ascendencia occidental y cristiana.
Haber nacido humano,
en el planeta tierra.
Haber nacido humano.
Haber nacido.
¿Haber nacido?
La sombra del cachorro
de la perra castrada
ladrando al mediodía
al reflejo de una luna
imposible en el espejo.
That is the question.
24.8.08
Quien no Viva su Muerte, Morirá su Vida"
Menuel Gerardo Monasterio en "Vigilia sin Tregua", Ed.Dead Weight-Losada, 1978
Decía Ortega y Gasset que “las creencias son lo que verdaderamente constituye el estado del hombre”. Y es prácticamente imposible no darle la razón.
Es por ello que no guardo esperanza alguna vinculada con lo "humano" y todo lo relacionado con ello.
En esa entidad preprogramada para creer y ser dominada por sus creencias, todos los caminos conducen a algún “nuevo” lugar del mismo laberinto memético*.
Esto es lo que llamé hace muchos años, en un corto ensayo, “Mousetrap”.
El hombre, aunque preferiría decir "el Golem", está diseñado para autorepetirse sin solución de continuidad.
Antes de que alguien venga con pseudo-soluciones instantáneas o pre-cocinadas al estilo nueva-érico yanki, debemos agregar que no se trata sólo de un problema de Software, sino que es asimismo un problema de Hardware. Esto es, el hardware mismo viene con las estructuras de Software integradas como en una placa onboard.
Esto obviamente significa que no basta con modificar el programa, hay que modificar también el “procesador” y el “motherboard”.
Por eso, quizás, anticipándome como buen perverso precoz, comencé a leer a Crowley a los 13 años.
Y no utilizo aquí la palabra “perverso” más que un sentido estrictamente etimológico, sin connotación moral alguna. Es decir “por otro camino” o “por un camino alter-nativo”. Porque es esencial comprender que la “salida” del laberinto humano, es por definición “contra natura”. Algo que el viejo Gurdjieff puntualizó más de una vez.
De allí mi interés por Foucault, es decir, por razones completamente difrentes a la de la mayoría –o totalidad?-de los investigadores filosóficos interesados en su obra.
A mí me interesa en Foucault lo que hay en él del ultérrimo Nietzsche o de Crowley.
Tiene que ser “contra naturam”, porque la “naturam” humana es la de un esclavo neurogenéticamente programado.
La ventaja que tenemos con respecto a los dioses es que sólo compartimos con ellos el 3%, en el otro 97% somos como un simple y robusto gorila. Pero ese 3%, que nos ha convertido en una aberración monstruosa, es lo que nos catapulta más allá del mundo instintivamente inmóvil de los mamíferos superiores.
Siguiendo este razonamiento inmediatamente desembocamos en eso que nos hace en cierta forma temibles y aborrecibles para los dioses, que nos envidian profundamente:
tenemos una proyección potencial superior a la de ellos.
Lo que explica en un contexto finalmente comprensible la extraña frase de nuestro amado Mevlana Jalaludin Rumi, cuando dijo:
“Somos más elevados que los cielos, más nobles que los ángeles”
o en una cita más conocida:
“Morí a la mineralidad y me convertí en vegetal;
a lo vegetativo asimismo morí y me convertí en animal.
Morí a la animalidad y me convertí en hombre.
Por lo tanto, ¿por qué temer la desaparición a través de la muerte?
La próxima vez que muera, traeré alas y plumas como los ángeles;
después de eso, volando más alto que los ángeles,
aquello que tú no puedes imaginar,
eso habré de ser.”
¿Hace faltar aclarar que en este contexto antiguo “ángeles” y “dioses” son lo mismo?
Lamento no creer demasiado en la versión ingenua de los jovencitos regordetes y sonrosados con etéreo plumaje y siempre solícitos para ayudar a los mortales en desgracia.
En cuanto a mí se refiere, conozco demasiado como para observarlos con simpatía. En realidad, representan exactamente lo contrario para el hombre, es decir, malas noticias.
Por eso, la próxima vez que creas ver a un ángel, no vaciles y mátalo.
Ojos para quien pueda -y quiera- ver.
* “La memética es el acercamiento científico a los modelos evolutivos de transferencia de información basados en el concepto de meme.
Un meme es, según las modernas teorías sobre la transmisión de la cultura a las nuevas generaciones, la unidad mínima de transmisión de la herencia cultural. El neologismo fue acuñado por Richard Dawkins, debido a su semejanza fonética con el término gen (introducido en 1909 por Wilhelm Johannsen para designar las unidades mínimas de transmisión de herencia biológica) y, por otra parte, para señalar la similitud de su raíz con memoria y mímesis.”
Wikipedia
Antiguo proverbio de Medio Oriente
Si esta máxima Persa se aplicase en toda su extensión, le sobrevendría al mundillo de la "Nueva Era" una masiva mortandad.
Sólo una vez estuve en un prostíbulo, al que me llevaron cuando tenía 15 años. No sé bien para qué, porque para ese entonces ya no necesitaba esa "iniciación".
No me resultó edificante, ni en absoluto entretenido. Y conste que a pesar de ello guardo por esas dulces o tristes mujeres los más tiernos sentimientos en mi corazón.
Pero si me dieran a elegir entre un viaje a los burdeles y otro a los santuarios de los supuestos maestros espirituales de este siglo, no dudaría un instante en elegir a las putas, con la certeza de encontrar, bajo el disfraz de los pinturrajos y la forzada lujuria, corazones más puros que en aquellos infames y abominables lugares donde abunda aquella otra exudación horrible, que tal vez fuese el único pecado no perdonado por el Galileo: la hipocresía.
De cualquier manera, los supuestos gurúes y maestros del circo espiritual consumista, no engañan a nadie. Los que llegan mayormente lo hacen asimismo movidos por un deseo fraudulento, el de que alguien haga el Trabajo por ellos y se lo entregue ya predigerido y listo para consumir.
¿Quien es más pillo o más idiota, el que pretende conferenciar acerca de lo impronunciable o el que paga y se prosterna con la intención de escuchar nombrar lo innombrable?
No puede causar sorpresa, el que una empresa tan peregrina, tan sustancialmente absurda, termine casi siempre en un gran rechinar de dientes.
Pero como nacen más pillos e idiotas que cualquier otra cosa, el negocio de los empresarios "espirituales" está bien asegurado.
Sic transit gloria mundi