30.6.10

Paul Haggis, el brillante director de “Vidas Cruzadas”, escribió y dirigió esta vibrante película que muestra una faceta de Irak que a la prensa mundial parece no interesarle demasiado.
Tommy Lee Jones fue nominado para un Oscar que no ganó, por el crudo papel del padre de un soldado que ha desaparecido apenas vuelto de Irak.
Charlize Theron mostró una vez más que no sólo es uno de los rostros más bellos de la pantalla, sino que además es una de las actrices más completas que uno pueda tener el placer de observar en cualquier película en la que actúe.
Susan Sarandon acompaña en un pequeño papel y Jason Patrick completa un reparto que se extiende de manera absolutamente profesional.
Tremendo contraste de esta película –basada en un hecho real- con el de la repulsiva muestra tan galardonada, The Hurt Locker (Viviendo al Límite).
“En el valle de Elah” se describe un aspecto de “la tiendita del horror” que subyace bajo la locura de Estados Unidos en Irak. No es una faceta bella, por cierto. Será por ello que los estadounidenses le dieron la espalda y resultó un fracaso en términos de taquilla.
El final –la actitud de Tommy Lee Jones-es para alquilar balcones, y llega como un golpe inesperado pero altamente gratificante.
Lo que está ocurriendo en Irak quedará en la historia como uno de las crímenes más grandes que la humanidad haya perpetrado, con el beneplácito por aprobación o por omisión de la mayoría del planeta.
Quien esto escribe, NO PARTICIPA, ha denunciado y continuará denunciando uno de los genocidios menos cubiertos por la prensa y por la “media” internacional…Silencio apoyado por la mayoría de la humanidad que continúa durmiendo bajo los efectos de los vapores (con mucho olor a azufre para quienes no han perdido el olfato) del capitalismo avanzado.
Si no han visto esta película, ajústense al asiento y lleguen hasta el final.
26.6.10

La nueva telenovela que ha producido Telefé (producida por Llorente y Villaruel Contenidos) es una mediocre repetición de temas ya presentados hasta el cansancio por casi todos los que manejan el mercado (Polka y compañía, etc.)
Resulta difícil abstenerse de la tentación de comparar este producto mediocre con la magnífica producción Brasileña “India: una Historia de Amor”.
Dejemos de lado la impresionante inversión de la Telenovela del país vecino, y hablemos de la temática y del contenido.
En “Secretos de Amor” tenemos la ya clásica presentación de los personajes abominables y poco creíbles. Parece que la gente fuerte del medio está empecinada en ganar dinero repitiendo las repugnancias que ya les han sido fructuosas anteriormente, y por supuesto, como siempre en Argentina, invirtiendo lo menos posible.
La tira apunta claramente al segmento femenino de 45 años para arriba, explotando la rutina matrimonial y las fantasías del amante joven. Estos ingredientes no son obviamente suficientes para que los libretistas hayan podido salir de clichés insoportables y de unos personajes pésimamente delineados que no se sustentan mínimamente, ni aún teniendo en cuenta que el público argentino -¿en estado de inermidad emocional y psicológica?- parece ya capaz de tolerar cualquier cosa.
Una pena ver a “los Navarro” desperdiciados en esta mediocridad inconcebible. Tanto Juan Gil como Adrián son actores de porte y consistencia como para aprovecharlos en obras más acordes con su nivel. La vuelta de Arturo Puig, un actor de presencia segura, no aporta en el papel nada que rescate a la tira de su vulgaridad. Decir que Soledad Silveyra se repite, fatigosamente, sería casi un eufemismo. Sus suspiros y grititos aburren, aún más en el personaje tonto y carente de densidad humana que ya ha compuesto -¿o le han hecho componer?- en varias oportunidades. La típica mojigata que terminará, seguramente, entregándose a pasiones que a esta altura de la cultura ya ni siquiera pueden llamarse “prohibidas”. Y que conste que, por haber disfrutado muy joven de “Rolando Rivas” no tengo para la Silveyra más que cariño y buenos recuerdos. Pero no me parece que sea suficiente.
Por otra parte, a los productores fuertes del país le cuesta muchísimo presentar personajes con valores que resulten creíbles. No es difícil entender la clave de su éxito, son el espejo perfecto de una sociedad donde son noticia los políticos corruptos, los supuestamente honestos que terminan también corrompiéndose y las interminables retahílas de banales atrocidades e impudicias cotidianas relatadas por Rial y reflejadas en Tinelli.
Los personajes “buenos” resultan caricaturas increíbles o apenas triviales de una realidad que tiene, sin duda, mucha gente valiosa para mostrar, pero que los medios se empeñan en ocultar, o acaso son completamente indiferentes a manifestaciones de la consciencia que no logran siquiera comprender.
¡Qué contraste con “India: una Historia de Amor”! Donde sin ninguna complicación –porque la historia presenta a gente normal, no a superhombres- se despliegan los personajes con su caudal de humanidad bien delineada, frescamente expresada, representando un bello relato para el alma del televidente que, si desea ver la tira completa y sin cortes, debe hacerlo hoy día a través de la televisión chilena!
Para aquellos que somos fans de Adrián Navarro y de Juan Gil Navarro y deseábamos volver a verlos, no quedará otro remedio que tolerar la pobreza argumental de esta tira que, seguramente, tendrá todo el éxito que su horario le pueda ofrecer. Luego de lo cual, los productores seguirán convencidos -¿y por qué no habrían de estarlo?- de continuar con estos engendros no sólo burdos, sino tan poco originales.
Qué lento exprimes, Señor,
el líquido tenaz,
el fosco liquen de mi vida,
para regar quizá
los bosques de tu hastío,
Sí, tan sólo bosques,
umbríos bosques
puedes regar conmigo.
y mis húmedos tejidos
van cediendo lentamente
en tu mortero celestial.
Criatura soterrada.
Extinción total.
Alfarero mío,
qué lento y qué fugaz!
Del libro de Manuel Gerardo Monasterio "Extinción de la Palabra", 1979
18.6.10
17.6.10
Nada tiene más poder en el universo humano que los conceptos.
El infierno está construido con entrelazamientos de creencias, y cuanto más benévolas estas se nos presentan, más profundo es el potro de tormentos.
El mundo perecerá bajo el inmensurable peso de las crueldades verdaderas que yacen bajo la máscara de las pretendidas piedades y las artificiales misericordias.
12.6.10
La llamada "nueva era" llegó para terminar de acabar con lo poco que quedaba del Hombre. Desde hace veinte años vengo explicando cómo y por qué, ante la mirada azorada de los "creyentes" que, por el contrario, piensan que algo positivo puede salir de semejante desatino globalizado.
Los ingenuos piensan que es una manera de "abrir la conciencia", de "acercarse o abrirse a lo espiritual".Para mí la comparación es similar a pretender conocer el Amor a través de la fornicación. Podrá ser, pero tiene poco o nada que ver con el acto primario de marras. Y son, mayormente, ámbitos que bien pueden transitar paralelos ad infinitum.
En una palabra, que los delirios de la "nueva era" son a la genuina espiritualidad como la fornicación al amor.
Pero la "nueva era" mueve ya demasiado dinero y satisface demasiadas fantasías colectivas como para pensar que no haya venido para quedarse. El consumismo la ha asimilado maravillosamente, y es un movimiento perfecto para que la mayoría piense que "avanza" cuando en realidad continúa trotando en el mismo lugar.
Pero hay muchos que a lo largo de los siglos han caido-y seguirán cayendo- de cimas más elevadas. Son los que quieren tomar el cielo por asalto.
Los hay de todo tipo y color, de diversas formas y envergaduras.
Algunos se levantan a tempranas horas del amanecer para enredarse en prolongadas meditaciones. Son estrictamente vegetarianos y casi siempre abstemios. Están viajando o volviendo de la India, donde han ido a buscar esa cosa extraordinaria que no logran percibir en el lugar donde están, como si el paraíso fuese un lugar distinto al del infierno en que se encuentran.
Y mayormente viven su vida compartimentada, entre sus prácticas "espirituales" y su existencia cotidiana. Es decir, se elevan hacia luminosas montañas en el momento de la contemplación, para luego reptar en su vida de relaciones cotidiana.
Son humanos, demasiado humanos, a pesar de todos los esfuerzos en pos de algo más que nunca llega. Por el contrario, lo que suele llegar es algo menos. Mucho menos.
Se acartonan. Se vuelven rígidos, solemnes. Hablan en voz baja, como si estuvieran en permanente estado de unción con una realidad que los demás no alcanzan a percibir o como si acaso estuvieran escuchando voces inaudibles para la mayoría.
Ellos son los iniciados. Los elegidos.Y casi siempre tienen un Gurú. Es decir, alguien tan incompleto en sí mismo que necesita de discípulos que llenen los agujeros que lo atormentan en la precariedad de su intima conciencia.
Y todos juntos, todos ellos, maestros y discípulos, se elevan. Se elevan... Pero parafraseando al sublime Santo de Dakshineswar, decimos que se elevan como buitres, ya que, por muy alto que se eleven, su mirada y su consciencia están siempre puestas sobre las carroñas de la tierra.
Pero se esfuerzan. Se esfuerzan mucho y se contorsionan insólitamente porque creen, a pie juntillas, que la Gracia puede conquistarse a base de esfuerzos, de posturas, de gestos y sacrificios.
Tratan con Dios como si fuera un banquero, el dueño de una compra-venta o de un mercado de pulgas donde uno se acerca para regatear mercancías. "Te doy tanto y tú me das esto otro", "si te doy esto tú me tienes que dar aquello", "te entrego todo esto, pero tú a cambio..."
Para ellos Dios es Don Jacobo o Don Moisés, y la Vida una puta barata que habrá de entregarse por unas cuantas piruetas, algunas plegarias, un par de inspiraciones...y la alimentación adecuada.
Pero ni Dios está al servicio de sus pretensiones ni la Vida es la putita tonta a la que habrán de engatusar con unos cuantos gestos bien estudiados a lo largo de años de calculadas prácticas.
La Gracia llega cómo y cuando quiere, y cae o se manifiesta sobre el que a ella le da la gana. No hay nada que podamos hacer para ganarla, porque no está, precisamente, en el mercado de la oferta y la demanda.
No es algo que uno "gana" o que uno "alcanza". Tal vez exactamente lo contrario. Sobreviene cuando uno está completamente solo, absolutamente quebrado y sin muletas a mano. Desnudo hasta una médula inconcebible y sin nada en qué apoyarse. Cuando ya no se busca ni se aspira a nada. Pero nada, absolutamente nada, que no es tan sólo una frase o una forma intelectual de decir. Y entonces la Gracia, si a ella le place, hace Alguien de Nadie, pero sólo de Nadie, porque si se es alguien, no se es nada. Hay que ser Nada para ser Alguien, pero Nadie en particular, sino Todo y Nada al mismo tiempo, pero Nada. Que es la Pléroma donde se manifiesta todo lo posible.
Para lo que es indispensable haber desaparecido.
De manera absoluta y definitiva.
Viajan o vuelven de la India.
Practican toda la higiene que pueden.
Y meditan mucho, y muy temprano.
Pero como sepulcros blanqueados, por mucho que se esmeren mediante todos los artilugios posibles, no pueden ocultar el hedor que emana de sus intenciones humanas, demasiado humanas.
Y mientras elevan la plegaria haciendo arder el incensario, traicionan a la Rosa, aplastan a la Rosa que sin ninguna intencionalidad ni ánimo alguno de provecho se ha Abierto frente a ellos...Para ellos.
El drama de Judas es el drama representativo del hombre.
El drama que se repite en un escenario infinito.
Ojos para quien pueda Ver
y Oídos para quien pueda Oir.
11.6.10
Dedicado al FarabuteY he pasado largamente
la edad en que yo también
debería haber aprendido a mentir
como mienten todos.
Es inútil.
Ya no maduraré nunca.
Es demasiado grande el universo
para encontrar un lugar
para alguien tan pequeño.
Han pasado ya las doce.
Qué no daría por encontrar
un solo hombre vivo
entre tanta podredumbre!
8.6.10
Camino y camino el arduo guijarro terrestre, yendo y viniendo del uno al otro confín, buscando, como Diógenes, en mi caso con una lámpara en la frente, buscando y buscando lo que hace siglos no logro encontrar:
un hombre Libre
Luego, exhausto, vuelvo al inmarcesible espejo que siempre me aguarda en el mismo lugar, y me digo, como dijo el inefable Federico:
“¿Por qué lloras, no somos acaso felices…?”
7.6.10
Para José Alberto Alfonsi
Días pasados escribí un comentario para Farabute –compañero de celda- y firmé, como en otros tiempos: “Sísifo”…
He vivido muchos años enemistado, como el padre de Maldoror, contra la carroña primordial de la tierra y su igualmente absurdo creador. Y cuanto más enemistado me encuentro, más compasión le profeso. Por la simple razón de que lo que es, lo es de esa manera, porque-contrariamente a todas las veleidades de la democracia- no tiene libertad para Elegir.
La compasión es la manifestación absoluta de la condición humana, ninguna otra bestia o dios puede manifestarla.
Y contra todas las apariencias, es la negación, y no su bovino contrario, lo que genuinamente Afirma la inalienabilidad de la Unica Verdadera Libertad del Supremo Condenado. No es decir sí –todas nuestras células apoyan automáticamente esa moción- sino decir “NO”.
No que haya sido fácil, para un alma modelada por los herrajes tanto metafísicos cuanto carnales del cristianismo (religión de perros, como repitió Hegel), pararse sobre esa piedra Luciferina para proclamar la sublime Negación, que, digámoslo por primera vez en la historia, es lo que se oculta tras el Kumbak del Pranayama de los Indios (porque el respirar es la primigenia compulsión)
Es la Negación del asceta, que es el Suicida sin rastro alguno de desesperación.
Es como escribí en aquel poema de mis sangrantes veintidós años: “Aparta ya tu espantosa levadura, no quiero ya comer de Ti!”
Y durante los siguientes treinta años comí tan sólo el ácimo pan de mi venerable y sosegado hastío. Rodeado de presos, circundado de sombras, de lamentables perros que se arrastran con la cabeza gacha o terminan poniéndole la panza descubierta al Amo que los azota sin solución de continuidad. Hace mucho, sin embargo, que ya no le muestro los dientes, tan sólo mi mirada se eleva hacia Su Mirada y le contempla, con soberana tranquilidad. Y es El quien aparta la vista, como si estuviera avergonzado de las obras que, en la insaciable Compulsión de Su Inmarcesible Soledad, no puede dejar de realizar.
En la Suprema Inmovilidad de la Negación, el Hombre trasciende a los hombres y a los dioses.
Y esa Negación es a un tiempo absoluta Aceptación, que se abre a la puesta de sol sin necesidad alguna “de ningún ángel sentado sobre las nubes”. Sin afán de consuelos sobrenaturales, sin esperanza de supuestas dichas celestiales. Es como un imposible perro que continúa haciendo su gracia sin esperar la golosina, y cuando esta llega, con gesto altanero, la rechaza.
Y en ese Desierto inconcebible para la casi absoluta mayoría de los hombres, crece, sin embargo, una única Flor. Una Flor Verdadera. Genuina únicamente cuando surge en esa tierra yerma en que se ha extinguido la última gota de esperanza:
La Compasión.