23.3.22

     Les voy a decir algo que quizás los deje perplejos, quizás no...

Yo soy el representante de Dios en esta tierra...
Es evidente que, si lo sabemos, muchas veces lo olvidamos.
Cada uno de ustedes, cada uno, es el representante de Dios en esta tierra.
Debemos por tanto preguntarnos, todos y cada uno: ¿Cómo lo estoy representando?
Esta es una Representación de 24 horas x 7 días x 365 días al año, no tiene feriados ni vacaciones...
Esta Representación no es un Deber al que podamos renunciar, es una obligación ineludible, por cuantos como seres humanos nuestra naturaleza misma es a semejanza de Dios. Pretender renunciar a Representar a Dios en esta tierra, implica intentar negar nuestra Condición Esencial, Primordial y Constitutiva...Un intento que sólo puede llevar al mayor y único verdadero fracaso de nuestra existencia, y que se traduce en lo cotidiano como una existencia vaciada de significado y de sentido.
Si observamos al mundo desde esta perspectiva, no puede sorprendernos que éste se encuentre lleno de padecimientos y miserias, algunas de ellas tan absurdas y tremendas que desafían la imaginación. Tal es el precio de pretender negar nuestra Naturaleza y condición. Todos los males del mundo proceden de ese intento infructuoso y vano de intentar trastocar nuestra Naturaleza Divina y pretender vivir como un animal. La vida animal es buena y natural para los animales -nobles criaturas que viven de acuerdo con su condición- pero representa la mayor tragedia para el hombre.
Los periódicos, la televisión, el cine y los grandes medios de comunicación -con contadísimas excepciones- nos bombardean constantemente con una visión pervertida de lo que es el Hombre.
Esta contaminación permanente no es un hecho fortuito, hay que comprender que hay una Guerra, la guerra primigenia de la cual parten todas las guerras materiales y toda la miseria. Y esta Gran Guerra tiene un sólo escenario, un sólo campo de batalla: El Alma Humana. Es allí donde se está librando verdaderamente Armageddon.
Es tal la furia con la que vemos en todas partes esta intención de trastocar la Naturaleza Humana, que resulta difícil para cualquiera que esté verdaderamente Atento, no comprender que hay quienes desean nuestra Ruina: Enemigos Primordiales del Ser Humano y Enemigos por tanto del Plan Divino que se manifiesta en el Hombre.
Enemigos que plantan en la mente del ser humano las semillas del miedo, el odio y la discordia, de la soberbia y la impiedad, del separativismo y la confusión, del materialismo y la codicia. En una palabra, de todo aquello que por ser ajeno a Dios es ajeno asimismo a nuestra Naturaleza Real.
¿Qué hacer frente a este Panorama aparentemente desolador?
Despertarnos y acostarnos sabiendo que somos los Representantes de Dios, y que por ello participamos Aquí y Ahora -no en un mundo futuro- de la Gloria de Dios, del Poder de Dios, del Amor de Dios, de la Gracia de Dios.
Teniendo Eso siempre presente, no hay posibilidad de que nuestra vida fracase.
Mucha gente se pregunta y nos pregunta en la consulta muchas veces : Quiero saber cuál es mi misión?
Y hay una sola respuesta para todos y cada uno de nosotros: Dejar de pretender ser lo que nunca fuimos, lo que no somos y lo que nunca seremos. Y entonces: Encarnar el Amor de Dios, Encarnar el Poder de Dios, Encarnar la Bondad de Dios, Encarnar la Misericordia de Dios. En una palabra, vivir esta vida como el Reflejo Viviente de Dios, que es lo único que fuimos, lo único que somos y lo único que realmente seremos siempre.
Manuel Gerardo Monasterio

Alicia Olga N
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