14.10.14


Esta nota fue escrita hace más de tres años.
No quise publicarla entonces  porque no deseaba remover aguas que siempre resultan equívocas y peligrosas.
Hoy ya casi sexagenario, y viendo como el "Reino de la Cantidad" se impone en en todas partes, en medio del desconcierto general, con los Sudras en el poder en casi todo el mundo, con el capitalismo avanzado salvaje creciendo "gordo y reluciente", con todo invertido-puesto patas arriba- como corresponde a la Kali Yuga que prima y manda, no voy a privarme más de publicar lo que pienso.

Priebke ya ha muerto. No se permitió que recibiera ritos religiosos y a sus familiares se les impidió despedirlo adecuadamente. El gobierno argentino -abominable como siempre-impidió que sus restos volvieran al país cumpliendo la voluntad de Priebke.

Como siempre, en pos de la ecuanimidad, y más allá de las eventuales consecuencias, publico finalmente esta nota porque es la única -en español o en cualquier otro idioma- que explica los acontecimientos desde una perspectiva diferente.

Dr.Manuel Gerardo Monasterio






"Desde luego que no fingiré estar asombrado ante el hecho de que el extraordinario caso de M. Valdemar haya excitado tanto la discusión. Habría sido un milagro que así no fuese, especialmente debido a sus circunstancias. A causa del deseo de todos los interesados de ocultar el asunto del público, al menos por ahora, o hasta que tuviéramos nuevas oportunidades de investigación —a través de nuestros esfuerzos al efecto—, una relación incompleta o exagerada se ha abierto camino entre la gente y se ha convertido en la fuente de muchas interpretaciones falsas y desagradables y, naturalmente, de un gran escepticismo. Ahora se ha hecho necesario que yo dé cuenta de los hechos, tal como yo mismo los entiendo. Helos sucintamente aquí…"
"La verdad sobre el caso del Sr. Valdemar” Edgar Allan Poe

Erich Priebke, de 97 años, antiguo Haumpsturmführer de las Waffen SS, cumple cadena perpetua en Italia desde 1996 por la llamada “Masacre de las Fosas Ardeatinas”.

Antecedentes
El 23 de marzo de 1944, una columna policial que marchaba por la Via Rasella de Roma, fue atacada por un grupo de partisanos de los llamados Gruppi di Azione Patriottica. La unidad policial estaba compuesta por italianos germano-parlantes reclutados en la provincia norteña de Bolzano-Bolzen. La mayoría eran veteranos del frente ruso.
Los 16 partisanos atacaron a la columna con un dispositivo explosivo de 12 kilos de TNT ocultos en un tacho de basura. La explosión causó la muerte inmediata de 28 policías y de al menos 2 civiles. Las muertes, días más tarde, sumaron 33 en total. Los 16 partisanos escaparon mezclándose entre la gente.
El Comandante de la Policía de Seguridad en Roma, el SS Obertsturmführer Herbert Kappler se presentó rápidamente en la escena del crimen. Por la noche fue convocado en el Cuartel General de las Fuerzas Armadas Alemanas de Roma por su Comandante el Mayor General de la Luftwaffe Kurt Mälzer, quien decidió que la acción debía ser castigada con represalias. Mälzer le paso la posta al Coronel General Eberhard von Mackensen, Comandante del Decimocuarto Ejército que incluía la jurisdicción de Roma, quien aprobó la medida, y la elevó al Comandante en Jefe de las Fuerzas del Sur, General Mariscal de Campo Albert Kesselring. Por la noche la situación fue expuesta a Adolf Hitler en persona quien decidió que la represalia era adecuada y debía cumplirse en las 24 horas siguientes.
La ejecución de la decisión corrió por cuenta del Mariscal Kesselring, quien interpretó que se podía llevar a cabo ejecutando a prisioneros italianos que ya estuvieran presos y condenados a muerte. Kappler le aseguró que había suficientes como para alcanzar el número previsto. Sin embargo, Kappler enseguida se percató de que no contaba con 280 italianos en espera para la pena de muerte. Lo que “tenía” era 4 condenados a muerte, 17 cumpliendo sentencias prolongadas y 167 “merecedores de la pena de muerte” más 3 o 4 que habían sido detenidos en los alrededores de la Via Rasella a poco del atentado. Su superior inmediato, el Brigadier General de la SS y Mayor General de la Policía Dr. Wilhelm Harster, sugirió alcanzar el número previsto agregando a 57 judíos presos en las cárceles de Kappler. Para el mediodía del 24 de marzo Kappler tenía una lista de 271 condenados. Para ese momento los muertos del atentado ya ascendían a 32 (finalmente llegaron a 42) Para llegar a la cifra prevista, el Jefe de la Policía de Roma, Pietro Caruso, ofreció algunos italianos de sus cárceles. Debido al límite de tiempo impuesto por Hitler. Mälzer y Kappler acordaron que los presos debían ser ejecutados desde atrás y a corta distancia en lugar de la escuadra de fusilamiento convencional.
Me he tomado el trabajo de citar a todos los altos jefes involucrados, y por lo tanto responsables, desde el Führer hacia abajo, para hacer resaltar el hecho fundamental de toda la cuestión. En el contexto de todas estas autoridades, el oficial Erich Priebke (un mero capitán) cumplía en la práctica funciones similares a las de un mero soldado en la escuadra de fusilamiento…

Erich Priebke: en el lugar equivocado en el momento equivocado

Finalmente, 335 presos fueron llevados a las llamadas Cuevas o Fosas Ardeatinas, unos túneles que cumplían la función de poder ejecutar la orden pasando mayormente desapercibidos para la población general de Roma.
Como había varios oficiales bisoños que jamás habían matado a nadie, Kappler ordenó llevar coñac para calmarles los nervios. El grupo fue puesto a cargo de los oficiales de la SS Erich Priebke y Karl Hass. Según surgió del juicio, algunos oficiales alemanes se horrorizaron y debieron ser presionados para ejecutar la orden.
Está claro que los principales responsables fueron los jefes de Priebke y Hass, y en particular, y de manera directa, el Teniente Coronel Herbert Kappler. De hecho, Kappler fue juzgado por un tribunal italiano en 1947 y sentenciado a cadena perpetua en la prisión militar de Gaeta. En 1975, a los 68 años, Kappler fue diagnosticado de cáncer terminal y enviado a un hospital-prisión de Roma en 1976. Las apelaciones, tanto del Gobierno de Alemania Federal como de su esposa (la segunda, ya que estando preso se divorció y volvió casarse con una enfermera con la que mantenía correspondencia) fueron denegadas por las autoridades italianas.
¿Por qué Alemania Federal podía tener interés en este personaje?
Una buena pregunta sin respuesta adecuada. Más aún, viendo lo que sigue. En una visita a la prisión, en agosto de 1977, su esposa,- la enfermera Anneliese Kappler- lo sacó en una enorme valija (SIC) aprovechando que Kappler pesaba para entonces unos 40 kilos y contando, aparentemente, con la ayuda de algunos carabineros. Anneliese llevó a Kappler a Alemania Federal, y una vez enterado el gobierno italiano de la situación y exigiendo al gobierno alemán la extradición del prisionero, los alemanes se negaron no sólo a extraditarlo, sino a continuar cualquier causa contra él en razón de su “mala salud”. Kappler murió en su casa de Soltau el 9 de febrero de 1978, a los 70 años.
Pietro Caruso, el jefe de la policía de Roma al que se consideró-justamente- principal responsable de la “Masacre de las fosas Ardeatinas” junto a Herbert Kappler, ya había sido fusilado por ese y otros cargos en septiembre de 1944.
Todos los otros involucrados-altos jefes- habían ido muriendo. Para la época del juicio de Priebke sólo quedaba su camarada Hass.
¿Y qué se había hecho, entretanto, de Karl Hass?
Primero, es fundamental distinguir entre Erich Priebke y Karl Hass, lo que nos irá clarificando, de una manera dramática por qué la situación de Erich Priebke representa una injusticia ignominiosa agravada por el abandono de su persona y de su caso por parte de la mayoría del “mundo civilizado”.

¿Quién era Karl Hass?
· Bajo el mando de Herbert Kappler en Italia, Hass cooperó con la deportación de más de 1000 judíos al campo de Auschwitz
· También fue el oficial a cargo de poner bajo custodia militar a la Princesa Mafalda de Savoya –hija del rey Vittorio Manuel- lo que eventualmente concluyó con la muerte de esta. Hass la emboscó, haciéndola ir al cuartel general alemán en Roma con el engaño de que su marido le había dejado allí un mensaje. Inmediatamente la puso bajo arresto y la envió para su interrogatorio a Munich. De allí la pasaron a Berlín y luego al campo de concentración de Buchenwald, donde fue herida durante un bombardeo aliado al campo ( sí, los aliados también bombardearon, eventualmente, campos de concentración alemanes así como ciudades abiertas, igual, ni más ni menos, que sus enemigos) Murió luego de la amputación de su brazo infectado.
· Luego participó con Priebke –y otros oficiales- en el cumplimiento de la orden de ejecución realizada en las fosas Ardeatinas.

Pero ahora viene lo mejor, lo que la mayoría de la gente no conoce y lleva a autores como yo, a seguir investigando sobre este y otros temas vinculados con lo que consideramos una de las más negras conspiraciones de mentiras, desinformación y silencio de la historia del Siglo XX.
Al finalizar la guerra, el Haupsturmführer Hass fue capturado por los aliados, pero en lugar de ser juzgado por sus crímenes de guerra…fue empleado el Cuerpo de Contrainteligencia del Ejercito de los Estados Unidos de América para convertirse en espía de los estadounidenses en la Unión Soviética.

Por supuesto que, antes de contratarlo, el gobierno de Washington estaba bien al tanto de su participación en los fusilamientos de las Fosas Ardeatinas.
Durante el juicio a Priebke, se lo convoca para que testifique en contra de este a cambio de inmunidad. Viaja a Roma, pero durante la noche se arrepiente e intenta escapar por la ventana del hotel, cayendo y lastimándose de alguna gravedad. Obligado finalmente a testificar confiesa el fusilamiento de dos presos y termina junto con Priebke condenado a perpetua en 1998. Debido a su avanzada edad vivió bajo semi-arresto domiciliario muy cómodo en los Alpes Suizos hasta que murió el 21 de abril de 2004.
Y mientras tanto, ¿qué fue lo que pasó con el Sr. Priebke?
Al terminar la guerra, Priebke queda bajo custodia de las tropas británicas, que lo liberan sin cargos. Luego viaja para Argentina donde se instala primero un tiempo en Buenos Aires y luego ya definitivamente en la ciudad de Bariloche –Villa de raigambre germana si las hay-donde durante toda su vida hasta su arresto vivió como un ciudadano modelo y reconocido en el ambiente educativo y cultural de la ciudad, dirigió el Instituto Cultural Germano Argentino y el clásico colegio primario y secundario Instituto Primo Capraro. Según testimonios de los vecinos, durante su gestión, a diferencia de otros alemanes que tendían a que los alumnos fueran de antecedentes germanos, Priebke alentó la entrada de todo tipo de niños (de apellidos, Huenchimul, Ramos o González) Y contrario a lo que se comenta acerca de su “no arrepentimiento”, ha habido testimonios de que en privado –y sin ninguna necesidad- hizo comentarios en los que evocaba con tristeza aquellos acontecimientos. Obviamente, no son temas que ningún individuo vaya a comentar a viva voz.
En todos los medios se habla de la supuesta “entrevista a Priebke del periodista de ABC News Sam Donaldson y su equipo”. En realidad, jamás hubo tal “entrevista”. El periodista judío Sam Donaldson interpeló a Priebke en plena calle y este habló en principio muy claramente, sin intentar tapar nada. Se ha hablado de “descaro” y de “falta de arrepentimiento”. Pero, ¿Por qué debía temer algo Priebke? ¿Acaso Kappler-responsable directo- y Caruso –cómplice- no habían ya pagado por el crimen y estaban ambos muertos?
Priebke no se ocultó nunca, ni antes ni ahora. A diferencia de otros nazis, no intentó pasar desapercibido, por el contrario, mantuvo una intensa vida cultural y social. Pero no por descaro o por jactarse de ninguna impunidad, sino porque honestamente jamás pensó que aquel acto horroroso, pero propio de una situación de guerra de aquellas características, ya había quedado en el pasado.
Para que no queden dudas acerca de la “entrevista” del Sr.Donaldson, inserto aquí el vídeo de la misma:
Wikipedia expone este acontecimiento de la siguiente ridícula manera:
“Priebke fue ubicado después de un trabajo arduo y forzado a una entrevista en la calle por el periodista estadounidense Sam Donaldson de la cadena de noticias ABC.”
¿Ardua tarea la de encontrar a un hombre de cuyo paradero TODO el mundo sabía?
Priebke fue finalmente extraditado en 1995. Era el hombre en el lugar equivocado y en el momento equivocado. Primero, en el aciago acontecimiento de las Fosas Ardeatinas, con la guerra casi concluida, le toca estar al mando de Kappler cuando en unos pocos meses más, todo hubiese terminado y su vida habría seguido un curso normal. Pero también estuvo en el “momento equivocado” en 1994, cuando Donaldson lo “entrevista” después de “ardua búsqueda”. El gobierno del presidente argentino Carlos Menem, tenía varias deudas incumplidas con la comunidad judía y con la ciudadanía en general. Todavía estaba caliente el caso del atentado de 1992 a la embajada de Israel en Buenos Aires, y a poco de la entrevista de Donaldson, ocurre el atentado contra la Amia. Por lo que ya en 1995, el gobierno de Menem aprovechó el caso Priebke para descomprimir un poco la situación y distraer la atención hacia un tema siempre oportuno y de gran interés mundial: “Otro criminal nazi atrapado”…
Priebke es juzgado por una corte civil y condenado a 15 años. Sus abogados apelan, lo vuelve a juzgar una corte militar y lo sentencia…a cadena perpetua.
Nadie habla más del caso del Sr. Priebke. El “asesino nazi” ha quedado en el olvido.
¿Por qué este autor se ocupa de él en este momento?
¿Acaso porque Priebke le resulta simpático?
En absoluto. Mis simpatías estarían, en todo caso, con los oficiales alemanes anónimos que en las fosas Ardeatinas se horrorizaron y vacilaron en cumplir la orden.
Priebke no me resulta para nada simpático y mucho menos “interesante”. Mi interés y mi simpatía estarían más bien con héroes de guerra como Otto Skorzeny o Joachim Piper, soldados brillantes, creativos, valerosos y leales a sus camaradas y a sus ideales hasta el fin.
En cambio Erich Priebke no era más que un oscuro burócrata, colocado por el destino en una situación horrorosa que lo arrastró sin compasión.
¿Acaso este autor se ocupa del caso Priebke porque es un amante de las causas impopulares y perdidas?
Por aquí estamos más cerca. Por eso y porque estoy convencido de que, a pesar del horror de las Fosas Ardeatinas, con Priebke se ha cometido una injusticia.
Más allá de los artilugios del laberintico sistema judicial, lo que el hombre de a pie –para quien en definitiva tendrían que estar hechas las leyes- debe preguntarse es:
¿Qué podía haber hecho Erich Priebke en lugar de lo que hizo?
¿Podía negarse a cumplir una orden que –con esto ningún historiador disiente-venía del propio Adolf Hitler?
Sí, podía. Lo que hubiera significado –sin lugar a dudas- el que un cabo o un sargento lo eliminara a él mismo de un tiro en la nuca.
Por lo que debería haberse juzgado a Erich Priebke, entonces, es por la cobardía de no haberse entregado a su propia ejecución.
Por supuesto, en la tranquila distancia de los hechos y en la comodidad de nuestra situación, la respuesta de la mayoría de nosotros es: “Yo jamás lo hubiera hecho. Hubiera preferido la muerte”. Pero jamás podrá probarse la veracidad de lo que digamos.
Otra vuelta de tuerca
Lo ocurrido en las Fosas Ardeatinas es espantoso. Como muchos espantos ocurridos en todas las guerras, es lo suficientemente espantoso como para nublar el resto del escenario.
Quiero aprovechar esta ocasión para hacer algún comentario acerca del “resto del escenario”.
Los miembros del Gruppi di Azione Patriottica eran una banda de asesinos comunistas al servicio del Bolcheviquismo internacional. Asesinos que no dudaron en matar a civiles compatriotas, y que sabían que pondrían en peligro por las conocidas represalias al resto de la población de Roma. Escaparon como ratas y se desentendieron de la cuestión una vez concretado su vil atentado. Vil, por cuanto trabajaban en las sombras, por fuera de cualquier convención militar, no eran soldados regulares, sino mercenarios de un ideal bastardo y multinacional, ajeno por tanto a los intereses de la Nación italiana.
Alemania estaba casi en el final. Ningún ejército de ocupación a lo largo de toda la historia conocida, pudo permitir o ha permitido, este tipo de atentados. Los castigos han sido tradicionalmente ejemplares, la implantación del terror es la única forma de desalentar nuevos atentados de similar tenor. ¿Aprueba el autor de alguna manera semejantes prácticas? De ninguna manera.
Pero aquí se trata de analizar lo que ocurrió en el contexto real de los acontecimientos.
Alemania perdía la guerra, con cientos de miles de muertos en todos los frentes. Y dicho sea de paso, Hitler, para colmo de males, había tenido muy mala suerte con los socios que lo acompañaron. Por un lado los italianos, que no le trajeron más que problemas e inconvenientes en casi todo en lo que participaron. Y por otro, el Imperio Japonés, que haciendo caso omiso al pedido de Hitler de ayudarlo en su lucha contra el enemigo comunista de Moscú, decidió –contrariando pedidos expresos del Führer al respecto- atacar a los Estados Unidos. Cometiendo uno de los errores geopolíticos más grandes de la historia, ya que los Estados se encontraba en una muy difícil situación para justificar ante la población estadounidense su intervención en la guerra. El pueblo “americano” luego de la experiencia en la Primera Guerra Mundial, no quería ni siquiera escuchar hablar de una nueva intervención.
La estupidez incomprensible del gobierno japonés le dio al gobierno estadounidense la excusa justa: “Remember Pearl Harbor”…
Pero volviendo a nuestro tema central, la Enciclopedia Virtual Judaica, en su nota de las Fosas Ardeatinas, con gran descaro moral y bastante desvergüenza intelectual, dice:
“Por cuanto había 75 judíos entre las víctimas, esta masacre es el episodio singular más grande del Holocausto en Italia”
Ya lo he escrito en otra oportunidad, el “Holocausto” pertenece sólo a ellos. Los millones de muertos no judíos son otra cosa.
Esta ha sido la conducta sostenida siempre por el judaísmo internacional:
“Nuestros problemas, los problemas de los judíos, son los problemas de toda la humanidad. En cuanto a los problemas de la humanidad, esos son SUS problemas.”
Esta actitud segregacionista y mezquina, no logrará, sin embargo, que autores como yo, modifiquen su posición moral al respecto:
Considero que los muertos de la Amia siguen siendo “mis muertos”. Pero asimismo también considero que la injusticia del caso Priebke sigue siendo una injusticia que me toca, como hombre, personalmente.
Para que haya verdadera y genuina justicia, nos gustaría que la figura del Sr. Harry Truman fuese expuesta a la luz de los hechos. Porque Truman fue el ejecutor de un crimen innombrable, cual es arrojar bombas nucleares en ciudades abiertas, no sólo para acabar la guerra –como suele decirse siempre- sino también con el inconfesado propósito de tener la oportunidad de estudiar científicamente los efectos inmediatos, a mediano y a largo plazo de la radiación de una bomba atómica sobre los seres vivos.
¿No habría que haber llevado a juicio al Sr. Truman por este acto-posiblemente el más horroroso de la historia de la humanidad- y a todos los implicados en el mismo, incluidos a los pilotos que abrieron la compuerta sobre las ciudades de Hiroshima y Nagasaki?
A pesar de todos los bellos discursos acerca de los “derechos humanos y las libertades individuales”, de lo único que se trata aquí es de QUIEN detenta el poder.
El comunismo siempre ha tenido mejor prensa que el nazismo, a pesar de que cuenta con cien millones de crímenes en su oscuro dossier de atrocidades.



Si no fuera trágico resultaría gracioso, que un vulgar asesino como el Che Guevara, que sin ninguna necesidad, porque nada lo obligaba a ello, mataba de tiros en la nuca a los presos de La Cabaña, sea visto como un “romántico revolucionario”, mientras que un soldado de segunda línea como Priebke, obligado a lo mismo, sea tenido como un “genocida despreciable”


Pero así son las cosas. Priebke tiene hoy 97 años. Casi nadie lo recuerda ni habla más de él.

Este autor lo recuerda, no porque le resulte simpático, sino porque es, simplemente, un amante de las causas impopulares y perdidas y un defensor de la ecuanimidad de la justicia, aunque se tratase de defender los derechos de su peor enemigo.

 

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