6.7.10

Lo que subyace debajo de la pretensión de la minoría homosexual es la intención ilícita de perforar e infiltrar un Instituto que no le pertenece, que jamás le perteneció y que no debería pertenecerle.

El Instituto Jurídico que los homosexuales pretenden invadir, es el del Matrimonio.

Las citas extrapoladas del la homosexualidad clásica en el mundo Greco-Romano obvian el detalle fundamental: ni a los griegos ni a los romanos se les ocurrió perturbar la Institución Matrimonial.

¿Por qué debería permitirse la irrupción ilegítima de una minoría (¿4%?) en el Instituto jurídico del Matrimonio?

¿Es que se trata de reivindicar los sufrimientos sociales de los homosexuales a través de la historia?

Las pretensiones de “igualdad” son sencillamente absurdas. Afortunadamente absurdas. La sal y pimienta de la existencia son las diferencias. Inevitables. Irrevocables.

¿Están los homosexuales en esta lucha exigiendo el respeto de SU DERECHO?

Soy partidario de que los derechos de los homosexuales sean respetados de manera extensa y plena, pero construyendo el Instituto Jurídico que corresponda para la satisfacción eficiente de sus derechos. Y no permitiendo la irrupción violenta en un Instituto que milenariamente no les corresponde.

Pero ellos “quieren más”. “Van a por más”, como literalmente escribiera un comentarista homosexual en respuesta a una de mis notas en este blog.

Lo que ocurre es que “queda bien” apoyarlos en esta pretensión ilegítima.

Luce “progresista”.

Por otra parte: ¿Quiénes son los únicos que hacen “ruido” en contra a nivel mediático?

La avanzada “paleontológica” de las religiones organizadas. Con alguna excepción, como la de quien esto escribe, quien se encuentra tan lejos de las religiones organizadas como se podría estar, y sin embargo no se deja obnubilar por el discurso “progresista” que en realidad oculta –muy pobremente- la actitud violenta de hacerse del poder aprovechando la debilidad mental y moral de las mayorías populares aplastadas bajo el peso de las necesidades inmediatas y confundidas por el embate feroz de la propaganda.

Más allá de los sentimentalismos, de las explicaciones pseudo-científicas, del discurso de la gente del espectáculo que apoya porque ellos son “amorosos y modernos” (los que estamos en contra somos dinosaurios, retrógrados y fascistas), vuelvo a repetir, se trata sólo de PODER.

Del poder de una minoría que ha decidido que es tiempo de irrumpir en la médula de las leyes para modificar la visión del mundo a la medida de su propia mirada.

A esto, nuevamente, le decimos: No. ¿Por qué? ¿Quieren sus derechos? Tengan sus derechos, todo el apoyo para eso. Pero quédense ustedes con Su Mirada, cultívenla y protéjanla…Pero no pretendan imponérsela al 96% restante de la población.

 

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